EL MUNDO › NOVEDOSA FORMA DE PROTESTA CONTRA EL DISCURSO DISCRIMINATORIO

Veinticuatro horas sin inmigrantes en Francia

 Por Eduardo Febbro

Desde París

Las repetidas provocaciones que emanaron en los últimos meses del Ejecutivo francés, las expresiones de racismo expresadas al más alto nivel del Estado y varios deslices poco pertinentes de personalidades políticas desembocaron ayer en una inédita iniciativa lanzada por la asociación 24 Horas sin Nosotros. “Nosotros” son los inmigrados y, al igual que ya ocurrió en los Estados Unidos, se trató de organizar una jornada sin inmigrantes en Francia. Una suerte de paro simbólico y de manifestaciones destinadas a interpelar a la sociedad y a cambiar la cara del discurso que impera sobre la inmigración. La asociación 24 Horas sin Nosotros convocó a esta jornada con la meta de poner en valor el peso económico de los inmigrados en el seno de la sociedad y valorizar así su influencia. Los organizadores, que se autodefinen como “un movimiento ciudadano”, invitaron a los inmigrados, hijos de inmigrados y a los “ciudadanos conscientes del aporte de los inmigrados en Francia” a dejar de “trabajar o consumir” y a mostrar una cinta amarilla en signo de solidaridad.

24 Horas sin Nosotros explicó que la idea nació hace unos meses a raíz de una frase del actual ministro de Interior, Brice Hortefeux. Al cabo de una reunión política, un militante del partido gubernamental UMP de origen magrebí se acercó al ministro y éste, sin saber que una cámara lo estaba filmando, comentó: “Siempre hace falta uno. Cuando hay uno está bien. Los problemas vienen cuando hay muchos”. Este comentario poco feliz es apenas un botón de muestra de la caja de perlas que se escaparon de la boca de las personalidades políticas, socialistas incluidos. Casi ninguna corriente política se salva de figurar en el catálogo de la xenofobia verbal. El debate sobre la identidad nacional empujado por el ministro de Inmigración e Identidad Nacional, las discusiones parlamentarias acerca de una ley para prohibir el uso de la burka, la decisión de una cadena de restaurantes –Quick– de retirar de sus menús el chancho –proscrito en la cocina musulmana– y todo un paquete de incidentes ligados al “otro”, al extranjero, entreabrieron una puerta hacia un terreno verbal poco honroso. La izquierda socialista tampoco tiene la lengua limpia. Uno de sus integrantes históricos, Georges Frêcehe, llegó a decir del ex primer ministro socialista Laurent Fabius, de origen judío, que no tenía “una jeta católica”.

El clima de desvalorización del inmigrado, el discurso martillado que lo torna un intruso que pervierte los valores de la sociedad en la que vive, han sido los resortes de esta primera jornada “sin nosotros”. Nadia Lamarkbi, una de las iniciadoras de este paro especial, admitió que el grupo 24 Horas sin Nosotros se había inspirado de la iniciativa lanzada por los hispanos de Estados Unidos en 2006 contra la política inmigratoria. 24 Horas sin Nosotros es un colectivo que se plasmó a través de Internet, de los blogs y de Facebook. Sus miembros se definen como un movimiento “apolítico” que milita por “el reconocimiento de todos, con o sin papeles”. Rápidamente, la idea ganó otros países europeos y se extendió a Italia, Grecia y España mientras que en Alemania, Holanda y Suiza se están creando grupos similares.

Nadia Lamarkbi quiere que la gente entienda que “la inmigración no es un problema sino una chance”. Ese principio básico parece hoy mejor entendido por la sociedad que por el poder político, que usa y abusa de la temática del inmigrado como factor de conquista electoral. Thomas Huet, otro de los responsables de 24 Horas sin Nosotros, explicó que la primera meta de esta huelga simbólica consistía en “interpelar a la sociedad y restablecer un discurso positivo sobre la inmigración. Francia debe su construcción a los inmigrados, y eso es algo que muchos parecen olvidar”.

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