EL MUNDO › PIÑERA ASUMIO HACE DOCE MESES EN CHILE, EN MEDIO DE LA TRAGEDIA DEL TERREMOTO Y EL TSUNAMI

Un año con demoras en la reconstrucción

El balance arroja desaciertos: la ayuda que no llega a los damnificados, la idea de indultar a nueve mil presos (incluyendo militares), el aumento del gas en Tierra del Fuego. Y, a su favor, el exitoso rescate de los 33 mineros.

 Por Christian Palma

Desde Santiago

Al hacer un balance del primer año de Sebastián Piñera en La Moneda, es inevitable comenzar recordando que minutos antes de que el ex dueño de Lan Chile se pusiera la banda presidencial, la tierra se movió bruscamente. Como anticipando –dijeron muchos– que tras dos décadas, el paso de un conglomerado de centroizquierda a uno de derecha no sería fácil, que la llegada de un empresario al poder no estaría exenta de críticas, que el particular estilo de hacer política del nuevo jefe de Estado sonrojaría hasta a sus propios adherentes. Y así no más ha sido.

Los analistas, en especial de la Concertación –hoy oposición– y algunos del propio conglomerado oficialista, coinciden en que las réplicas del terremoto del 27 de febrero de 2010 registradas en aquella histórica e insólita jornada (que lo diga Cristina Fernández, quien resistió estoica el fuerte temblor sentadita en el Congreso chileno) han acompañado al mandatario y no sólo en el plano telúrico sino en la propia gestión ofrecida como “de excelencia” en la campaña presidencial.

Hay que reconocer que el terremoto y el posterior tsunami modificaron la agenda programada por el gobierno y que estos doce meses se los llevó la emergencia. Sin embargo, las quejas por la demora en la reconstrucción van en aumento (sobre todo cuando en un sitio web del gobierno se mostraron fotos falsas de reparaciones no hechas), al igual que los reclamos por ayuda que simplemente no llega.

A eso se suman las sospechas –no probadas– de que el propio Piñera intervino en el fútbol y que a la postre sacó a Marcelo Bielsa (amigo de Michelle Bachelet) de la selección chilena, los coqueteos con las termoeléctricas que han puesto los pelos de punta no sólo a los ambientalistas, la idea de indultar a nueve mil presos (que aunque es sólo un proyecto, no se descarta que permita también la libertad a militares que violaron los derechos humanos), el error político-económico en Tierra del Fuego que pretendía aumentar los precios del gas en la zona, los reclamos de la oposición por la “letra chica” en diversas iniciativas gubernamentales de mucho impacto mediático como la reforma a la educación o el posnatal de seis meses, más diversos errores comunicacionales, lingüísticos e históricos que han dado forma a este modelo, que ya cumplió uno de sus cuatro años.

En este análisis, quizá lo único en que el grueso de la ciudadanía sí está de acuerdo es en el rescate de los 33 mineros de Atacama. Ahí quedó plasmada la esencia de Piñera: el riesgo. Se la jugó por una idea, tal como lo hacía al mando de sus empresas (según Forbes, la fortuna del mandatario alcanzó los 2400 millones de dólares) y logró su objetivo.

Pero eso no basta, como tampoco es suficiente el repunte económico que exhibe Chile, los proyectos para mejorar la educación, la salud o superar la pobreza, las buenas relaciones con los países vecinos, la creación de 400 mil empleos y los avances en seguridad ciudadana, como destacó ayer la ministra vocera del gobierno, Ena von Baer.

La secretaria de Estado afirmó además que, al cabo de un año, terminó la etapa de la emergencia (“hubo que reparar escuelas y edificar casas para 220 mil familias damnificadas, por ejemplo”) y se pasó de lleno a la reconstrucción. Todo real, por cierto; pero lejos, a juicio de muchos, de la excelencia prometida y la celeridad para reedificar las zonas afectadas, factores que se reflejan en las encuestas que muestran una baja sostenida en el apoyo al propio Piñera y al gobierno.

“Obviamente que a mí me genera frustración y me gustaría que el gobierno tuviera más apoyo”, dijo en esa línea el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, al comentar los resultados de los sondeos. A su juicio, las bajas obedecen a que las personas evalúan aspectos inmediatos y no tienen en cuenta que el gobierno dura cuatro años.

Desde la otra vereda, Jorge Arrate, ex candidato a la presidencia por el PC y la izquierda extraparlamentaria, sostuvo ayer en el semanario The Clinic que “la decidida acción para rescatar a los 33 mineros, la arbitraria pero positiva medida de impedir la degradación ambiental en Punta de Choros (reserva biológica) o el anuncio de un posnatal de seis meses, no son paliativos suficientes. No alcanzan siquiera para poner en duda que su ansiedad apunta como objetivo a un crecimiento económico capaz de controlar el malestar social mediante paliativos, mientras enriquece aún más a una minoría”.

Por ello, advierte que la ciudadanía no está tan adormecida como para no percibir que Piñera y “su buen gobierno son un simulacro donde la eficiencia es una palabra en vez de un logro”. Para el ex ministro de Bachelet Sergio Bitar, la administración Piñera partió mal desde la conformación del gabinete, pues mantuvo a distancia a la Renovación Nacional y a la Unión Democrática Independiente (UDI), los dos partidos de derecha que sustentan al gobierno y se seleccionó un equipo de gestión sin autonomía ni liderazgo, concentrando en él mismo las decisiones principales. El ex diputado PPD Jorge Insunza agrega que “el drama” de Piñera es que quiere ser querido. “Puede ser respetado y temido, pero no querido, y la sombra de Bachelet sigue siendo un contraste muy fuerte.”

Su gran oportunidad para revertir esa percepción, se afirma en El Mostrador, fue el rescate de los mineros, pero la perdió rápidamente. “La situación exigía acción, asertividad y una ética de la excelencia que Piñera logró transmitir. Pero no supo iniciar un nuevo relato de la identidad chilena.”

“Es riesgoso cuando un presidente se enamora de sus cifras de popularidad, construidas sobre la base de la sensibilidad de un caso como el rescate de los mineros, en vez de fundar ese apoyo en reformas o en la resolución de problemas estructurales del país, como lo logró Bachelet después de enfrentar con éxito la crisis económica mundial”, añaden.

“Falla además en la empatía y en generar confianza. Es, francamente, antipático y sus discursos no son malos, pero suenan falsos. En estos fallidos intentos de conectarse con los ciudadanos, de pasada, pierde la prestancia que esperamos de un jefe de Estado”, dicen desde la propia RN.

En este escenario, Marco Enríquez-Ominami, otro de los ex candidatos a la presidencia, concluye que Piñera triunfó gracias al derrumbe de la Concertación (que aún no se articula como oposición de verdad, al carecer de un proyecto claro, pero es por ahora harina de otro costal).

Coincide en casi todas las críticas anteriores y agrega una afirmación reveladora: “El segundo año de Piñera permitirá definir el verdadero carácter de la derecha en democracia y servirá de prueba de fuego de su capacidad de perpetuarse en el tiempo. Por ahora, el bipolio Concertación-Coalición por el Cambio ha sido más bien gris para el desarrollo de la democracia chilena”.

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