EL MUNDO › JOSE VICENTE RANGEL, VICEPRESIDENTE DE VENEZUELA

“Nunca Estados Unidos estuvo tan solo”

Ex periodista y varias veces candidato, el actual número dos de Hugo Chávez detalló la visión del gobierno venezolano sobre los intentos de golpe, relató los entretelones de aquel día, analizó la huelga petrolera, explicó las diferencias entre el caso venezolano y el brasileño y dijo que la presión norteamericana es tan grande que hasta la condición de dictador de Saddam Hussein “pasó a un tercer o cuarto plano”.

 Por Miguel Bonasso

“Lo de Irak aclara las cosas: nunca había estado tan solo Estados Unidos, en una soledad con Inglaterra, que es una soledad que aterra. (Ríe por el verso.) Yo creo que haber logrado unir al Papa, a Chirac, a los chinos, a los alemanes, a los canadienses, en un bloque militante por la paz y en contra de la guerra es una de las grandes proezas históricas que habrá que reconocerle al señor Bush”, dijo a Página/12 José Vicente Rangel, actual vicepresidente de Venezuela.
Rangel habló en el curso de una extensa entrevista exclusiva. Relató detalles del golpe de abril pasado –donde la misión militar norteamericana jugó un papel decisivo– y de la conjura para asesinar al presidente Chávez, quien fue salvado por oficiales y soldados de baja graduación. El diálogo franco, revelador, por momentos didáctico, fue una suerte de continuación: el cronista había entrevistado a Rangel en su casa de Caracas, hace once años, cuando el entonces mayor Hugo Chávez Frías estaba preso por el alzamiento contra el presidente Carlos Andrés Pérez y el actual vicepresidente era uno de los comentaristas más influyentes de la televisión venezolana. Político, periodista, abogado, tres veces candidato a la presidencia de la República por el MAS (Movimiento al Socialismo) y otras coaliciones de izquierda, José Vicente Rangel (que ya fue canciller y ministro de defensa) es tal vez el mayor “intelectual orgánico” con que cuenta el líder venezolano para llevar adelante su “revolución bolivariana”.
–¿Se consolidó Chávez?
–(Rangel mantiene un silencio largo, expresivo. Luego sonríe con malicia.) Estas preguntas aparentemente pendejas (boludas) son las más difíciles de contestar. (Ríe.) Es evidente que en este momento la situación es mucho mas sólida. Pero la razón fundamental es la derrota de la oposición. No diría que la victoria es de Chávez sino que hay una derrota de la oposición. Creo que uno de los graves problemas de Chávez es que llegó al poder sobre un cementerio de partidos y de liderazgo políticos que él no destruyó, que se autodestruyeron, y entonces prácticamente no ha tenido interlocutor, que en una democracia es muy importante. La tragedia de Chávez es que no ha tenido interlocutores. Por eso, lo que algunos llaman el personalismo de Chávez, el autoritarismo de Chávez, no es tal, sino que no puede conversar con el vacío. Y este es un factor de perturbación interna y de confusión afuera. El caso de Chávez es muy distinto al de Lula en Brasil. Lula accede a la presidencia con un cuadro político más o menos estable, con una verdadera oposición, con sindicatos honestos. Y él, que procede del campo sindical, puede llegar a un acuerdo con el vicepresidente (José) Alencar, que es un empresario con mucho sentido social y un nacionalista.
–¿No hay en Venezuela una burguesía equivalente a la paulista, por decirlo así?
–No, no. Podemos avanzar algo más: tampoco tenemos empresariado. Tenemos empresarios parásitos que toda la vida han vivido del petróleo, de los contratos con el Estado, de la corrupción, pero no tenemos un empresariado creador, audaz, agresivo...
–Es como si estuviera hablando de Argentina...
–...Los pocos empresarios de Venezuela que tienen las características de un empresario en serio no están realmente contra Chávez. No están con Chávez, pero tampoco están contra Chávez. Se están acercando después de la derrota (de la última huelga), quieren establecer una relación nueva y nosotros estamos abiertos a dialogar con ellos.
–¿A qué sector pertenecen?
–No le voy a dar nombres porque...
–Sólo la definición del sector a que pertenecen...
–Hay fabricantes de cerveza, de alimentos, petroleras... Pero yo no podría hablar de consolidación hasta tanto no se conforme una comisión, confiable desde el punto de vista democrático, que no va a venir con la carta en la manga de la conspiración. Lo que puede decirse es que ya empiezan a escucharse algunas voces que quieren deslindarse del delirio golpista, de los militares aventureros del 11 de abril y de los que convocaron al paro, al sabotaje petrolero. Y esto esta produciendo una fisura en la llamada Coordinadora Democrática, entre quienes pretenden ejercer una auténtica oposición y quienes mantienen nexos con los militares (retirados) de Plaza Altamira que son el emblema de la conspiración.
–Sin duda, la recuperación de la libertad y el poder por parte de Chávez al cabo de tres días de cautiverio constituyen un hecho sin precedentes en los anales del golpismo latinoamericano. Usted era ministro de Defensa el 11 de abril, ¿cómo recuerda aquellas horas?
–Intensamente. Yo estuve desde la mañana en una reunión con los comandantes de todas las fuerzas. Teníamos información de inteligencia y seguridad de que estaba armada la conspiración. Vimos por la televisión que buscaban convertir la marcha en una confrontación, cuando (Pedro) Carmona, (Carlos) Ortega y (Carlos) Fernández (los dirigentes civiles del golpe), abandonaron la idea original de marchar desde el parque del Oeste a Choao y ordenaron a los manifestantes dirigirse hacia el palacio de Miraflores. Después sabríamos que habían apostado francotiradores que asesinaron a manifestantes chavistas que defendían el Palacio, lo que a su vez sirvió como coartada a los militares golpistas para levantarse contra el gobierno constitucional. En aquel momento llamé a los dueños de los canales de televisión y les pedí “por favor no sigan transmitiendo eso”. Me dijeron que no podían. Estaba todo perfectamente armado. A las 5 o 6 de la tarde, cuando ya habían ocurrido las muertes, nos fuimos en helicóptero a Miraflores. Llegué allí y estuve con el presidente todo el tiempo. Ya estaba la información de que habían tomado los puestos militares en el acceso al Fuerte Tiuna. Nos dimos cuenta de que estaba en marcha el golpe. Yo era partidario de quedarnos en el Palacio y resistir allí con la Guardia Presidencial o de irnos a Maracay, que es una plaza fuerte, donde está la Cuarta División, a cargo del general (de paracaidistas Raúl) Baduel. Pero no teníamos manera de hacerlo. Entonces vino el ultimátum: si no se rendía el Palacio iban a bombardear. Yo estaba convencido de no lo iban a hacer, yo tenía la convicción de que todo seguía siendo virtual, pero el presidente reflexionó y creo que la decisión que tomó fue acertada. (Dirigirse al fuerte Tiuna a negociar con los mandos que se habían levantado.) Chávez, contrariamente a lo que algunos creen, es un político con sentido práctico, lejano de los gestos grandilocuentes o la vocación de martirio. Se decidió entonces que el presidente fuera al Fuerte Tiuna, donde estaban los militares alzados. Sin pensar que lo llevaban detenido. Ahí perdimos la inocencia. Pienso, también, que la inocencia se pierde una sola vez en la vida.
–Ahora no irían. Digo, ahora no lo dejarían ir a Chávez.
–No. De eso si puede tener la plena seguridad. (Risas).
–¿Y usted qué hizo?
–Estuve con Chávez hasta que nos despedimos y entonces me fui a hacer mis contactos; estuve clandestino hasta el sábado 13 en que me dirigí a Miraflores.
–El presidente seguía detenido...
–Así es. Desde Miraflores hablé por teléfono con (el jefe del Ejército, general de división Efraín) Vázquez Velasco, que ya había contragolpeado a Carmona y pensaba instalar una junta concertada con EE.UU. El mismo me dijo que estaba en contacto con la misión militar (norteamericana). Ignoraba que ya no tenían tiempo para ninguna fórmula alternativa porque el pueblo (el “país real”) ya se había lanzado a la calle. Estaban totalmente desorientados, ignoraban que el pueblo y las fuerzas leales habían retomado Miraflores a las doce del mediodía. Ellos, en el Fuerte Tiuna, no lo sabían. Es más (sonríe) se enteraron cuando le dije por teléfono: “Yo estoy aquí”. “¿Usted está dónde?”, preguntó. “En Miraflores”. “No es posible.” “Si lo es, aquí estamos.” Se cortó la comunicación. Al rato me llamó e insistió en la fórmula de la junta militar. Le dije simplemente: “Si no se resuelve la situación del presidente Chávez, Caracas va a desaparecer”. “¿Qué hacemos?”, insistió él. “Cómo qué hacemos: ríndase, general.” “Y ¿por qué, por qué me voy a rendir?”. “Asómese por la ventana y verá por qué se debe rendir.”
–Pero a fin de año vino la segunda vuelta, con la huelga petrolera.
–Otra vez el autoengaño del país virtual. Ellos pensaban que tenían el respaldo popular debido a las manifestaciones, pero en realidad sólo estaban moviendo cien mil o doscientas mil personas del este de Caracas, fundamentalmente, donde vive apenas un millón de personas. Y Caracas tiene seis millones. Entonces convocaron a ese paro cívico entre comillas, que estaba vinculado al sabotaje petrolero. Sabotearon una refinería, sabotearon las máquinas, dejaron que se solidificara el petróleo en las tuberías y en los tanques, un desastre. Sin embargo, los sectores que contribuyen al 85 por ciento del Producto Bruto Interno no pararon. La banca no paró, el metro no paró, incluso no pararon muchos trabajadores petroleros. El paro se les pudrió en las manos porque estaba ligado a otra ficción virtual que era el pronunciamiento militar que les prometían los militares (retirados) de Plaza Altamira. En síntesis: se lanzaron a una piscina sin agua. Como puede observarse por las consecuencias. En PDVSA (Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima), donde había una nómina de 42 mil personas empleadas, hemos despedido a 16 mil que no son trabajadores sino que estaban en la abultada nómina ejecutiva y la industria funciona mejor que antes. La producción ya está en los 3 millones 100 mil barriles diarios. Totalmente recuperada y con un ahorro inmenso. En suma, podemos decir que renacionalizamos la industria petrolera.
–¿Cómo ve la situación de Venezuela en el contexto actual, donde hay aspectos positivos, como el triunfo de Lula, pero una amenaza tan grande para todos los países como la que se cierne con la invasión de Irak?
–Yo soy bastante optimista. Nosotros no pretendemos modelar con nuestra experiencia, ni proyectarla a otros países, pero alienta la manera en la que se están moviendo los pueblos de América latina, cada cual con sus características propias. Quizás el rasgo típico venezolano es la reivindicación del pensamiento histórico de Bolívar. Pero no pretendemos forzar ni a Lula ni al ecuatoriano (Lucio Gutiérrez) porque cada uno elabora su propio proceso. Sí creo que se está dando una solidaridad muy espontánea, no mecánica, ni automática, muy importante. Vengo de Brasil, donde me reuní con (el canciller Celso) Amorin y con Lula y quedé muy satisfecho porque vengo percibiendo que hay una solidaridad que no obedece a ningún catecismo, a ningún condicionamiento artificial.
–Falta la parte triste de la pregunta: la invasión a Irak.
–Lo de Irak aclara las cosas. Nunca había estado tan sólo Estados Unidos, en una soledad con Inglaterra, que es una soledad que aterra. (Risas) Yo creo que haber logrado unir al Papa, a Chirac, a los chinos, a los alemanes, a los canadienses, en un bloque militante por la paz y en contra de la guerra, es una de las grandes proezas históricas que hay que reconocerle al señor George W. Bush. Porque es un saldo de clarificación, de concientización, importante. Fíjese que la condición de que Saddam Hussein sea un dictador ha pasado a un tercer o cuarto plano. Lo que está claro para las grandes mayorías de todo el mundo es que no debe haber un país “diez puntos” que, colocándose en contra de la opinión públicainternacional y dándole una patada a las Naciones Unidas, pueda decidir la suerte de otra nación.

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