EL MUNDO › 250.000 MANIFESTANTES DESAFIARON A TONY BLAIR EN LONDRES

Rebelión en la granja del perro faldero

 Por Marcelo Justo

Cientos de miles de manifestantes desafiaron la ofensiva militar angloestadounidense en Irak y salieron a las calles de Londres y otras partes de Gran Bretaña a clamar “no a la guerra”. Mientras en Bagdad se medían las consecuencias de los bombardeos del viernes por la noche, en la capital inglesa las columnas de manifestantes confluían del norte y sur de la ciudad hasta llegar al epicentro de la protesta, el imponente Hyde Park. Como en la marcha del 15 de febrero, los cálculos variaban. Según la policía unas 100 mil personas, según los organizadores medio millón: observadores independientes colocaban la verdad a mitad de camino. Sobre algo nadie discutía: el inicio de la guerra no terminó con la vitalidad militante de los grupos que se oponen al conflicto.
La marcha fue convocada por la Stop the War Coalition, la Comisión Nacional para el Desarme y la Asociación Musulmana de Gran Bretaña. Entre carteles y batucadas, entre gritos y silbatos, bajo un sol de primavera inusual para la época, la furia y frustración de los manifestantes era palpable. La noticia de víctimas civiles como consecuencia de los bombardeos a Bagdad encendía los comentarios. “Es terrible, es espantoso, a gente que no tiene nada que ver. Es la fuerza del matón de barrio”, decía un tipo de blue jeans y camiseta negra. Cerca, dos mujeres canosas y un hombre de unos 60 años atacaban al gobierno del primer ministro Tony Blair y su falta de respeto por la democracia. “Estoy totalmente opuesta a la política del gobierno laborista que ha seguido como un perrito faldero a Bush. Me avergüenza ser británica”, dijo a este cronista una de las mujeres.
El hombre que la acompañaba era una historia aparte. John Albermath fue uno de los rehenes occidentales que Saddam Hussein tomó como escudo humano durante el preludio de la guerra del Golfo en 1991. En esa época trabajaba en un banco en Kuwait y fue llevado a la fuerza a Bagdad por el gobierno de Saddam Hussein. Hoy su oposición a la guerra es inequívoca. “Me entristece mucho por la gente iraquí hacia la que siento el más profundo afecto. Esta guerra no tiene nada que ver con la democracia o con la libertad. Tiene que ver con el petróleo y con intereses económicos”, dijo a Página/12. Las dos mujeres asentían. Una de ellas, de gafas y pelo enrulado, añadió con brutal sarcasmo que Blair debería mejor ocuparse de la democracia en su país. “ En tres años habrá una elección. Tony Blair cree que para ese entonces nos habremos olvidado. Se equivoca”, dijo.
En la manifestación, la hostilidad que cosechaba el primer ministro británico rivalizaba con la que se expresaba contra el presidente George Bush. Abundaban las caricaturas de ambos con pequeños mostachos hitlerianos o expresiones caninas. Algunos tenían juegos de palabras casi intraducibles como el que hacía referencia al famoso “axis of evil” (eje del Mal) de Bush, reciclado como “Blair and Bush Asses of evil” (Blair y Bush, culos del mal). Los ataques alcanzaban a Cherie Blair, la esposa del primer ministro, quien en un cartel aparecía en combinación, con una ametralladora en las manos y unas palabras de ambiguo contenido políticoerótico: “grip it” (agárralo). La mayoría de los carteles tenían consignas colectivas como “no to war” o “don’t attack Irak”. Pero había lugar para todo tipo de interpretaciones individuales de la guerra como la de un hombre de gafas y sombrero de copa de cartón, que portaba colgado un cartel con una cita del escritor ruso-estadounidense de ciencia ficciónIsaac Asimov: “Violence is the refuge of incompetence” (la violencia es el refugio de la incompetencia).
Entre los manifestantes sorprendía la cantidad de estudiantes secundarios que han tenido su bautismo de fuego militante con esta guerra. Los secundarios se encontraron entre los primeros que salieron a la calle el jueves al inicio de los bombardeos y han sido un hueso particularmente duro de roer para el gobierno de Blair porque dan una acabada idea de la amplitud que tiene la oposición a la guerra y representan tanto el futuro como el idealismo, símbolos respetados por el “Nuevo Laborismo”. No sorprendía tanto la fuerte presencia de la importante minoría musulmana, que constituye un 5 por ciento de la población británica y que ha quedado colocada en el centro del debate político desde los atentados del 11 de septiembre. Otro de los fracasos del gobierno ha sido la imposibilidad de convencer a esta comunidad que la invasión de Irak no es un ataque contra el Islam.
Un magro consuelo para el laborismo de Tony Blair es que la manifestación de ayer no alcanzó las dimensiones de la del 15 de febrero, que con más de un millón de personas se convirtió en la más importante de la historia británica. Los organizadores atribuyeron la diferencia a dos hechos. “Por un lado la manifestación fue organizada en cuatro días. Por el otro, mucha gente siente que dijo lo que tenía que decir el mes pasado”, señaló a Página/12 un portavoz de la Stop the War Coalition. Algunos analistas independientes añadían otro motivo: con la participación de tropas británicas, mucha gente opuesta al conflicto ha decidido cerrar filas junto al gobierno y rezar porque todo termine pronto. A las 5 de la tarde hora británica, cuando los manifestantes se desconcentraban en paz, una nueva andanada de misiles caía sobre la noche de Bagdad.

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