EL MUNDO › SORPRESAS Y CONFIRMACIONES EN LAS ELECCIONES MUNICIPALES DEL DOMINGO PASADO

Empieza un cambio político en Brasil

La gran sorpresa se dio en San Pablo, donde la embestida final del PT y del mayor partido de oposición, el PSDB del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, logró eliminar al promocionado populismo de Celso Rusomanno.

 Por Eric Nepomuceno

Desde Río de Janeiro

Hubo de todo –de sorpresas a confirmaciones– en las elecciones municipales del pasado domingo en Brasil. Tal y como se esperaba, el PT perdió en Recife, capital de Pernambuco, provincia natal de Lula, y en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, provincia natal de Dilma Rousseff. Perdió también, y de manera estrepitosa, en Porto Alegre, capital de Río Grande do Sul y uno de los bastiones del partido, además de ser la ciudad donde Dilma desarrolló parte importante de su carrera política.

Esas derrotas, sin embargo, eran esperadas. La gran sorpresa se dio en San Pablo, donde la embestida final del PT y del mayor partido de oposición, el PSDB del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, logró eliminar al populismo rastrero y derechista de Celso Rusomanno, apoyado por las sectas evangélicas electrónicas. José Serra, dos veces derrotado en sus aspiraciones presidenciales, llegó primero, a muy poca diferencia –menos de dos puntos– de Fernando Haddad, candidato elegido por Lula y que hasta la misma hora final no había logrado despegar como se esperaba. Ya a partir de ayer el embate, que promete ser furioso, empezó. Todas las fichas de los dos partidos estarán puestas en la mesa. Tanto para Lula y su PT, como para Serra y los demás caciques del PSDB, esa disputa es esencial de cara al futuro.

De manera general, y pese a los traspiés importantes de Recife y Belo Horizonte, el resultado ha sido positivo para el PT. El partido logró aumentar considerablemente el volumen total de votos, en comparación con las municipales del 2008, se hizo con más de 600 municipios y está disputando la segunda vuelta (como cabeza de lista o como postulante a la vicealcaldía) en seis capitales. En esa primera vuelta ganó en una sola, Goiania, de escasa expresión política. En 2008, el PT había logrado ganar en seis capitales brasileñas. Difícilmente repetirá la dosis.

El PSDB logró ganar en una sola capital este año (la igualmente inexpresiva Maceió, en Alagoas), pero disputa la segunda vuelta en ocho. Y ya logró conquistar más municipios que el PT: 683, frente a 625 del partido de Lula. Si hace cuatro años el partido se hizo con cuatro capitales, podrá aumentar significativamente ese número.

De todas formas –y si, acorde con lo esperado, la polarización entre PT y PSDB se confirmó a lo largo del mapa–, hay otros aspectos que merecen atención, principalmente por los reflejos que podrán tener no solo en las presidenciales de 2014 sino también en la alianza de base del gobierno de Dilma Rousseff a lo largo de los dos próximos años.

El PMDB, que mucho más que un partido político es una variopinta federación de intereses regionales, sin otra ideología que la conveniencia, se mantuvo como mayor sigla brasileña. Obtuvo 1020 alcaldías, poco más de 18 por ciento del total. Esa red de municipios y la fuerza de esa capilaridad son la base de su presión junto al gobierno central. El partido ya ocupa la vicepresidencia de la República y tiene la firme intención de preservar ese espacio, siempre que en 2014 Dilma siga con la fuerza actual. Es un aliado de apetito desmesurado, pero hasta ahora –cuando está a punto de cumplir sus dos primeros años de mandato– Dilma Rousseff logró controlarlo.

La gran novedad del pleito del domingo pasado está centrada en dos partidos menores, el novato PSD, controlado por el actual alcalde de San Pablo, Gilberto Kassab, y el veterano PSB, cuyo presidente nacional es el mismo gobernador de Pernambuco, Eduardo Campos, que impuso una dura derrota a su aliado, el PT de Lula, en Recife. Creado hace menos de un año por Kassab, el PSD –un partido del cual su fundador, en un inesperado lance de sinceridad, dice “no es de derechas, ni de izquierda, ni del centro”– logró conquistar nada menos que 501 municipios, ocupando el cuarto lugar entre las seis principales agrupaciones brasileñas. Entre el surgimiento del PSD y su estreno electoral, el partido había logrado cooptar unos 270 alcaldes. Sale de las urnas con casi el doble.

Otro foco de atracción –y atención– es el veterano Partido Socialista Brasileño. El PSB, que integra la alianza de gobierno, ha sido la gran estrella precisamente en las dos capitales donde el PT ha sido arrollado, Recife y Belo Horizonte. En ambas capitales la ruptura de la alianza con el PT ha sido traumática. Pero tanto Eduardo Campos, capitán de esas victorias, como Lula, el derrotado, aseguran que se trata de un tema local, y que la alianza en el campo nacional sigue firme como siempre.

Sin embargo, hay un ruido zumbando fuerte en el aire. Para empezar, el PSB ha sido el partido que más creció, tanto en número de electores como de alcaldías conquistadas. Sus nuevos alcaldes comandarán el doble de electores que tenían los elegidos en 2008. En Belo Horizonte, el PSB rompió con el PT para aliarse justamente con el mayor partido de oposición, el PSDB. Campos tiene evidentes aspiraciones de altos vuelos. Con el peso del resultado obtenido, pasa a ser una alternativa –con base principalmente en el nordeste de Lula y en la Minas Gerais de Dilma– para las presidenciales de 2014. Si la situación permanece como está, y Dilma se confirma como franca favorita para la reelección, Eduardo Campos podrá aspirar a la vicepresidencia, ocupando el espacio que hoy está en manos del PMDB. Si hay algún cambio en el panorama, podrá él mismo presentarse como candidato presidencial. O, en un lance osado, aliarse con Aécio Neves, el ex gobernador de Minas, que por ahora aparece como el principal nombre de la oposición para disputar la sucesión de Dilma.

Es decir: sea como fuere, hay cambios sustanciales en el mapa político brasileño. Y, pese a los buenos resultados, no todos esos cambios son propiamente cómodos para Dilma, Lula y el PT.

Por tal razón, la feroz disputa por San Pablo, segunda mayor ciudad de América latina y tercer mayor presupuesto público de Brasil, se hace irremediablemente crucial. A partir de este miércoles, recomienza la campaña por televisión. José Serra y Fernando Haddad tendrán, cada uno, veinte minutos al día para presentar propuestas y, principalmente, tratar de destrozar la imagen del adversario. Detrás de cada candidatura hay mucho más que una alcaldía en juego: hay una apuesta en el futuro.

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Dilma rodeada por el vicegobernador, el gobernador y el alcalde reelecto de Río de Janeiro.
Imagen: AFP
 
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