EL MUNDO › DOS MIRADAS SOBRE ECUADOR

Más Correa

Análisis de los factores que subyacen al contundente triunfo del mandatario y su fuerza política Alianza País.

Por Fander Falconí *

Triunfó el Buen Vivir

¿Cuáles fueron los factores del éxito electoral del presidente Rafael Correa y de la Revolución Ciudadana, el pasado domingo 17 de febrero, en el Ecuador? Se trata de una amalgama de elementos: resultados exitosos y concretos en la gestión del gobierno, un movimiento político organizado y con un programa (PAIS 2013-2017) muy bien estructurado y motivador –bajo el lema de gobernar para profundizar el cambio– que presentó propuestas comprensibles para toda la ciudadanía en la construcción del socialismo del Buen Vivir, una buena estrategia de campaña bajo un sólido liderazgo.

Triunfó la confianza en la inclusión y la equidad sociales. En el Ecuador obtuvo la victoria el Buen Vivir, que está expresado en un conjunto de facetas de la vida de sus ciudadanos: la alegría de la educación, la salud, la seguridad social, el hábitat, la movilidad y la vivienda dignos; la cultura, el tiempo libre, la comunicación social, la ciencia, la tecnología y los saberes ancestrales que nos unen. También ganaron los derechos de la naturaleza que están presentes en la Constitución y que nos ponen frente a la responsabilidad colectiva de respetarlos, de vigilar su cuidado, porque son la fuente de nuestra vida y de todos los que vendrán en el futuro.

Ha alcanzado una nueva victoria el modelo constitucional de derechos y justicia social. Ha triunfado la patria democrática, soberana, independiente, unitaria, intercultural, plurinacional y laica, organizada como república y con gobernanza descentralizada.

Ahora, hay un país maduro que ha cambiado, que no va a regresar atrás y que se fortalece aún más por la visión regional del Sur y los procesos que allí se dan.

La Revolución Ciudadana no es un membrete, es un proceso. Es un pensamiento, una concepción de sociedad nueva, de democracia verdadera, de independencia de los poderes internos y externos.

Es fundamental profundizar en cambiar las relaciones de poder. Durante el primer período de gobierno se han realizado importantes avances en el campo institucional, económico y social. La reducción de la pobreza y la desigualdad social, la extensión de los derechos en salud y educación, el aumento y la mejora de la calidad en el empleo son algunos de los indicadores que muestran la consecución de sus relevantes logros. No lo decimos nosotros, lo ha dicho también la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Con ello, hemos logrado romper el nudo central de las políticas implementadas durante el neoliberalismo y preparar el camino para materializar los derechos plasmados en la Constitución de Montecristi aprobada en consulta popular en el año 2008. Esto representa la ruptura con el pasado y la radicalización de la Revolución Ciudadana. Ahora caminamos hacia el anhelado socialismo del Buen Vivir.

El Ecuador no va a regresar atrás y se fortalece por la visión regional del Sur y los procesos que allí se dan.

* Secretario nacional de Planificación y Desarrollo.

Imagen: AFP.

Por Alfredo Serrano Mancilla * y Javier Jiménez López **

El correísmo, nueva identidad política

Correa vuelve a ganar las elecciones en Ecuador, pero esta vez lo hace por goleada. El presidente es reelecto por un histórico 56,68 por ciento en primera vuelta. Seis años después de haber ganado las elecciones a fines del 2006, Correa no muestra desgaste alguno en el apoyo electoral, sino todo lo contrario: suma a muchos más votantes para la Revolución Ciudadana. Este respaldo, además, goza de una vasta representación territorial: Correa gana en 23 de las 24 provincias existentes en el país. A esto cabe agregar que la abstención también alcanza un valor histórico, el 18,6 por ciento; el valor más alto desde el retorno de la democracia en 1979. Y por si fuera poco, Alianza País obtiene por primera vez una mayoría especial de dos tercios en la Asamblea. En esta elección Correa ha logrado constituir la hegemonía electoral necesaria para profundizar el proceso de cambio y seguir transformando estructuralmente en armonía con respuestas eficaces a las demandas coyunturales.

No hay ninguna duda, en Ecuador ha surgido una nueva identidad política, el correísmo, que modifica el campo de la praxis política en este país después de la larga y triste noche neoliberal. Este desplazamiento de eje político en Ecuador se inscribe en un cambio del orden geopolítico en la región a favor de las mayorías populares. El correísmo ha logrado asentar las bases para transitar de un Estado aparente hacia un Estado democrático e integral. Se ha transformado el Estado dotándole de músculo institucional. El discurso que comenzó como propuesta “forajida” (alter ego de los movimientos indignados de la periferia europea) se plasmó en una nueva Constitución que incorpora un título con el significativo rótulo de Soberanía Económica, y que finalmente ha fraguado en una política que se traduce en aquello que el pueblo demanda: redistribución del excedente económico para saldar significativamente el endeudamiento social heredado; “el capital al servicio del ser humano y no al revés”, como suele recalcar el reelecto presidente en sus discursos. El correísmo constituye otra forma de hacer política. Los objetivos son tan simples como difíciles de alcanzar: control (con mayor inversión pública) de los sectores estratégicos, nuevas reglas para que el pueblo ecuatoriano goce de sus excedentes, una inserción regional inteligente y soberana en el mundo, democratización de una educación superior de mayor calidad, un salto notable en materia de ciencia y tecnología y una política tributaria que recauda mucho y equitativamente. El correísmo ha logrado resignificar desde lo público el objetivo de la eficiencia disputando el sentido monopólico procedente de la economía privada. La gestión eficiente es concebida como un nuevo tiempo de la política. No hay revolución para el buen vivir si no se hacen bien las cosas desde la gestión pública. Este es un rasgo que sirve como ejemplo para todos los procesos de cambios en la región.

El correísmo ha venido para quedarse. El pueblo ecuatoriano ha decidido marchar mayoritariamente por la senda de su década ganada. La mayoría de la oposición partidaria sigue siendo fiel a los poderes económicos sin entender que hay un cambio de época en buena parte de América latina. El discurso neoliberal sólo tiene respaldo electoral muy ideologizado que representa a un porcentaje menor de la sociedad. El posneoliberalismo en Ecuador es un hecho: el correísmo ha alterado las relaciones de poder, en términos fácticos, pero también en el imaginario y en lo simbólico. Son muchos los desafíos pendientes y el correísmo cuenta con cuatro años más. Anoche ya sonaba Víctor Jara en los festejos de la victoria electoral; buenos acordes para seguir ilusionando el proyecto.

* Doctor en Economía. Coordinador América latina CEPS.
** Master en Derecho Tributario. Miembro CEPS.

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