EL MUNDO › MAÑANA ARRANCA LA CUMBRE DE PARIS; POTENCIAS Y ALIADOS QUIEREN ARMAR UNA COALICION DE 40 PAISES PARA FRENAR A LOS JIHADISTAS

Un plan global para combatir al Estado Islámico

En París se busca definir una estrategia para enfrentar la amenaza que hace pesar el Estado Islámico en Siria e Irak. Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad estarán presentes en esta cumbre copresidida por Irak y Francia.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

La administración norteamericana estableció un nuevo record para resolver un problema que ella misma creó: el de Irak. Tres presidentes norteamericanos consecutivos forjaron una coalición para intervenir en Irak. Georges Bush padre lo hizo en 1990 y 1991, cuando Saddam Hussein invadió Kuwait. El presidente, apoyado por decenas de países y con el respaldo legal de la ONU, forzó a Saddam Hussein a retirarse de Kuwait. George Bush hijo le siguió los pasos. En 2003, en contra de la mayoría de los miembros de la comunidad internacional y respaldado por un puñado de países, Bush hijo volvió a invadir Irak con la falsa excusa de que el entonces presidente iraquí Saddam Hussein detentaba armas de destrucción masiva. Ahora le toca el turno a Obama. Este lunes se lleva a cabo en París una conferencia internacional entre los países participantes en el seno de la nueva coalición que se prepara a bombardear Irak para detener el avance de los integristas del Estado Islámico.

La cumbre de París busca definir una estrategia global para enfrentar la amenaza que hace pesar el Estado Islámico en la región. Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad –Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China– estarán presentes en esta cumbre co-presidida por Irak y Francia. Unos 40 países de Occidente y de Medio Oriente deberían integrar oficialmente esta nueva coalición, cuyas reglas de intervención aún no son del todo claras. El presidente norteamericano, Barak Obama, ya aclaró que la intervención se extenderá también a Siria, país donde igualmente opera el grupo Estado Islámico. Lo que se decida en París se agregará a los operativos que varios países ya efectuaron en Irak. Desde el pasado 8 de agosto, Washington llevó a cabo 148 bombardeos en el Norte y el Oeste de Irak. Canadá desplegó decenas de soldados en el Norte de Irak, Francia ya suministró armas a los kurdos y 58 toneladas de ayuda humanitaria, mientras que Londres entregó ametralladoras y material militar a los mismos kurdos. Fuera de Occidente, la cuestión de la participación directa de los países árabes en la futura coalición es más compleja. Arabia Saudita y los Emiratos Arabes Unidos juegan a dos cartas. Riad adelantó que entregaría 500 millones de dólares al fondo de las Naciones Unidas para los refugiados y que, además, suministraría ayuda logística. Bahréin, donde se encuentra la quinta flota norteamericana, Kuwait o Qatar plantean su participación con un esquema similar, o sea, sobre todo logístico. Egipto aclaró que su inclusión estaba supeditada a un voto de las Naciones Unidas. Lo paradójico de esta situación radica en que dos países de la futura coalición, Arabia Saudita y Qatar, están bajo sospecha de haber financiado a los radicales sunnitas del Estado Islámico que ahora se aprestan a combatir y al que califican, como lo hizo el gran Mufi de Arabia Saudita, de “enemigo número uno del Islam”. De manera global, los países de la Liga Arabe también se comprometieron a luchar contra el Estado Islámico, aunque no de manera directa dentro de la coalición. Sólo lo harán en el campo de lo “político, la seguridad y la ideología”. Queda el caso de Irán, que es un actor imposible de evitar por su peso en Irak. Teherán no formará parte de esta asociación de países. Washington rechazó cualquier cooperación con Irán. Esta postura es sin embargo retórica por cuanto sin una asociación formal o informal y un intercambio táctico con Irán nada puede hacerse. Esta relación entre dos antagonistas que por ahora sólo negocian el tema de las capacidades nucleares iraníes ya conoció un momento de convergencia cuando Washington y Teherán coordinaron las operaciones que Estados Unidos lanzó a principios de agosto. Irán exige ahora que la nueva fase incluya al presidente sirio Bashar al Assad, otra pieza clave de este conflicto. El jefe del Estado sirio saca de hecho mucho provecho de la crisis ya que las milicias del Estado Islámico combaten más a la rebelión siria que a su régimen. Por otro lado, no sin razón, Irán denuncia abiertamente el cinismo de Arabia Saudita, un país que, según Teherán, “apoya y financia al Estado Islámico”. La inclusión de Turquía es igualmente compleja. Ankara recela participar abiertamente, y teme más bien que los ataques contra las zonas controladas por los sunnitas del EI compliquen su propia relación de fuerzas con el PKK, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán que podría heredar las armas ofrecidas por Occidente.

El Estado Islámico es un enemigo difícil de cernir y combatir. Su influencia parte de Irak, y se extiende hasta Siria y Arabia Saudita gracias a la presencia de tribus sunnitas nada hostiles al EI. Roman Caillet, un investigador especialista de la zona consultado por el vespertino Le Monde, resumió muy bien la complejidad y las incertidumbres que pesan sobre este operativo: “El éxito de la ofensiva contra el EI reposa sobre la capacidad de Estados Unidos para encontrar socios verosímiles, tanto en Siria como en Irak. Pero esas fuerzas van a exigir contrapartidas y no es seguro que Washington pueda ofrecerlas sin que Moscú y Teherán se opongan a ello”. Occidente se vuelve a meter en un salón de espejos casi calcando el mismo vocabulario del ex presidente Georges Bush, atiéndase, los buenos y los malos, el eje del bien y el eje del mal. Obama dijo que Estados Unidos no estaba en condiciones de “terminar con todos los rastros de maldad en el mundo”. Volvemos a escuchar la misma retórica, contra el mismo país. Asistimos al nacimiento de otra versión de una coalición de democracias liberales que plantean otra guerra con el aliento de los actores regionales que mueven hilos animados por intenciones dobles. Occidente sale otra vez en una cruzada contra el “terrorismo” y los malos del Islam en un país que Estados Unidos se encargó de decapitar para importar con bombas una fórmula democrática occidental inviable que llevó a Irak a un caos vertiginoso. Los horrores cometidos por el Estado Islámico autorizan y legitimizan ante la opinión pública internacional lo que pasará en las próximas semanas. Pero el fracaso occidental en esa zona del mundo es calamitoso. Ha tenido y tendrá un costo humano elevadísimo pagado únicamente por los inocentes atrapados en las redes de los turbios y sangrientos escenarios de la geopolítica secreta.

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Un soldado de la milicia kurda vigila desde su puesto de guardia en el sur de Irak, cerca de la ciudad de Makmur.
Imagen: AFP
 
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