EL MUNDO › EL EX PRESIDENTE BRASILEÑO ES UN ACTOR IMPRESCINDIBLE PARA RECONSTRUIR UN GOBIERNO TAMBALEANTE

Dilma apuesta a Lula y a las fuerzas populares

La salida del PMDB de la coalición gobernante fue un revés mortal para el Palacio del Planalto, que intenta rehacerse en la concentración de esta noche. Será una marcha por la democracia y contra el golpe en ciernes.

 Por Darío Pignotti

Desde Brasilia

Esperando a Lula. Miembros del Movimiento de los Sin Techo, la Central Unica de los Trabajadores y otras organizaciones populares acamparon en los alrededores del estadio mundialista Mané Garrincha, de Brasilia, para participar en la marcha por la “democracia y contra el golpe” prevista para la noche de hoy, en la que se espera –aún no fue confirmada– la presencia de Luiz Inácio Lula da Silva. A pesar del intento de proscribirlo con trucos jurídicos, el ex presidente comenzó a trabajar varios días a la semana en la capital brasileña cumpliendo funciones de ministro, mientras aguarda que el Supremo Tribunal Federal (que estaba sesionando al cierre de esta edición) se pronuncie sobre la medida cautelar de un juez (opositor) que suspendió su nombramiento como jefe de gabinete.

Lula es una actor imprescindible para reconstruir a un gobierno tambaleante y ponerse al frente de las movilizaciones. Ningún político iguala su capacidad de convocatoria. Fue a partir del acto multitudinario encabezado por el jefe del PT el 18 de marzo en la Avenida Paulista, de San Pablo, que comenzó a quedar en entredicho la hegemonía de las calles, que durante casi un año habían sido dominadas por mitines antidilmistas, de mayoría blanca enfundada en millares de camisetas amarillas del combinado nacional y en algunas remeras verdes, camufladas, como las usadas por los militares.

El Frente Brasil Popular, que nuclea a movimientos y partidos de izquierda, se propone movilizar hoy a decenas de miles de militantes y ciudadanos independientes en el Eje Monumental brasiliense y por esa arteria avanzar hasta el palacio del Congreso convertido en una de las fortalezas de la desestabilización, dirigida por el titular de Diputados Eduardo Cunha, quien continúa en libertad gracias a que su fuero privilegiado de legislador impide a los jueces de primera instancia ordenar su detención pese a que está prácticamente probado que es un pieza clave en la red de corrupción que estafó a Petrobras.

Cunha, un político de choque y creencias evangélicas, se desempaña como el brazo armado del casi florentino vicepresidente de la República Michel Temer, cerebro del golpe. Presidente del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), Temer aspira suceder a Dilma si finalmente se sustancia el juicio político aquí llamado “impeachment”. Cada día la oposición suma más diputados pero al parecer todavía no garantiza los 342, sobre un total de 513, que son necesarios para enjuiciar a la mandataria y quitarla del Planalto.

Desde el martes Temer asumió abiertamente estar al frente del plan sedicioso cuando coordinó la salida que el PMDB de la coalición que sustentaba al gobierno, tras lo cual se suponía iba a comenzar la migración de otros partidos como consecuencia del “efecto manada”. La salida del PMDB fue un revés mortal para el Palacio del Planalto, que busca rehacerse en la concentración de esta noche.

Uno de los coordinadores de la misma es Guilherme Boulos, líder del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo, que ayer pronunció un discurso ante Dilma. “Presidenta mañana vamos a estar en las calles, porque los que salimos contra el golpe somos el pueblo de la periferia, no vi en las manifestaciones democráticas a ningún banquero ni a los empresarios de la Fiesp (Federación de Industrias de San Pablo). Eso sí, vi a esos ridículos patos (inflables) puestos por la Fiesp en todas partes. Justo la Fiesp que quiere que los trabajadores paguen el pato de la crisis”.

La Fiesp participa casi en un plano de igualdad con los partidos conservadores del frente destituyente, y sus economistas habrían redactado el programa de gobierno de Michel Temer titulado “puentes para el futuro”, en el que se propone un plan de ajuste severo y reformas regresivas en varios sectores.

El joven psicólogo y dirigente social Boulos dijo ayer que “Brasil está ante una peligrosa ofensiva contra la democracia, la soberanía del voto popular están amenazada. Algunos dicen que impeachment no es golpe porque él está en la Constitución, pero impeachment sin acusación concreta y conducido por un delincuente que preside la Cámara (Eduardo Cunha) es golpe, claro que sí”.

“Ya comienzan el runrún de que quieren acabar con los programas sociales, y es por eso que vamos a resistir al golpe.”

La disputa entre gobierno y oposición se libra en varios territorios: las avenidas, el Congreso, la televisión y los tribunales. Es a todo o nada, y cada parte busca imponer su “tempo”. Dilma, Lula y las fuerzas populares necesitan tiempo para organizarse y demostrar a la sociedad que la democracia está bajo amenaza. Sus adversarios, bajo la conducción de los “pemedebistas” Michel Temer y Eduardo Cunha, secundados por el socialdemócrata Aécio Neves, tienen urgencia en terminar con la administración petista y mantener unida a su tropa. Fue por eso que el martes orquestaron la ruptura del PMDB en un encuentro relámpago del Directorio Nacional, que luego de 5 minutos de deliberaciones anunció el fin de la alianza con Rousseff. “Brasil, presente Temer Presidente” cantó la barra reunida en el Congreso anteayer en una reunión llamativamente armoniosa para un partido dividido en varias facciones casi irreconciliables.

Pero un día después de esa sorprendente unanimidad se supo que no todo el PMDB se cuadró ante el tándem Temer-Cunha. Como lo demuestra el hecho de que ninguno de los seis ministros “pemedebistas” renunciaron al gabinete y ayer expresaron a Rousseff su disposición de permanecer.

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Dilma Rousseff denuncia que la democracia está bajo amenaza; los seis ministros del PMDB no renuncian.
Imagen: AFP
 
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