EL MUNDO › ENTREVISTA AL CAPITAN FILIPPO MARINI, DE LA GUARDIA COSTERA ITALIANA

Salvar vidas en el Mediterráneo

El rescatista afirma que las tragedias que ve a diario son consecuencia de la falta total de medidas de seguridad en las barcas. “No saben nadar y no llevan salvavidas. Cuando el agua empieza a entrar, se mezcla con la nafta y por eso muchos se queman.”

 Por Elena Llorente

Desde Roma

Todos saben que existe. Pero no todos saben que, pese a los cerca de 1000 migrantes muertos en el Mediterráneo la semana pasada, gracias a la coordinación hecha por la Guardia Costera italiana entre las naves que circulan en el Mediterráneo, miles de otras vidas fueron salvadas en los últimos años. La Guardia Costera tiene en un área de control de 8.000km de costas italianas y 500.000km2 de mar. Los videos en los que aparecen esas operaciones de rescate, las lanchas inflables semi hundidas a cuyos bordes están agarrados con desesperación decenas de migrantes, son impresionantes y conmovedores. Como también los son otros videos en los que se ve a los migrantes ya arriba de la nave que los salvó, todos juntos en el suelo, cantando de alegría.

En 2014 fueron salvadas de esta manera unas 170.000 personas, entre ellas 42.000 por naves mercantiles coordinadas por la Guardia Costera y unos 40.000 por las naves de la Guardia Costera propiamente dicha. En 2015 fueron rescatados 150.000 de esta manera. En lo que va de 2016 han sido salvados 47.000 que viajaban en 328 barcazas semidestruidas, contó en una entrevista con Página/12 el jefe de la oficina de prensa de la Guardia Costera, capitán Filippo Marini.

En Italia la Guardia Costera es un cuerpo especializado de la Marina Militar y su tarea principal es “el uso civil del mar”. Depende de distintos ministerios para sus más varias actividades. Del Ministerio de Infraestructuras y Transportes en lo que se refiere a la “seguridad de la navegación y socorro en el mar” pero se ocupa también entre otras cosas de la protección del ecosistema marino, el control de la producción de pescado y los bienes arqueológicos que se encuentran en el fondo del mar. Es la encargada de coordinar todos los socorros a migrantes en el mar, en esos 500.000km2 de agua que no tienen que ver directamente con las aguas territoriales sino que es su área de responsabilidad según la Convención de Hamburgo de 1979.

Muchos se pregunta por qué, si esta es su área de competencia, las naves italianas rescatan gente a veces a 20 o 30 millas marítimas (37-55km aproximadamente) de las costa de Libia, de donde parten la mayoría de las barcazas. “En el caso de Libia debemos intervenir a menudo porque la Guardia Costera libia no está en condiciones o no tiene los medios para hacerlo”, explicó el capitán Marini. En cuanto a la metodología seguida para el salvataje, la Guardia Costera tiene aparatos que le permiten monitorear el tráfico de las naves en su área”. Una vez localizado el lanchón en dificultad, se avisa a las naves que están en la zona, mercantiles, militares o de organizaciones no gubernamentales, para que intervengan, añadió. Las naves de la Guardia Costera llevan un grupo de médicos del Cisom (Cuerpo Italiano de Socorro de la Orden de Malta) que ofrecen una primera asistencia a los migrantes. Aunque a veces hasta han nacidos niños en esas circunstancias.

¿Cómo se enteran de una nave en dificultad? Muchas veces las llamadas recibidas por la central operativa nacional de la Guardia Costera con sede en Roma “provienen de teléfonos satelitales -explicó Marini-. Cuando recibimos la llamada se trata de localizar la barcaza. Son llamadas difíciles de interpretar porque las personas no hablan bien el inglés, porque está el miedo de por medio, porque no conocen datos náuticos como para indicar las coordenadas geográficas donde se encuentran. Las dinámicas que están detrás de los socorros en el mar son muy complicadas”. A menudo un teléfono satelital está incluido en la barca, porque en el medio del mar no podrían comunicarse con un celular normal. Pero puede suceder que las llamadas lleguen de parientes que están en África o en Italia, que saben que sus familiares están en el mar pero no saben dónde. También otras naves o aviones pueden indicar a la Guardia Costera la presencia de barcos con migrantes.

El capitán explicó también que las barcas que parten de Libia son viejas. Las inflables tienen una sola cámara de aire en torno que no está dividida, por lo cual si por casualidad alguno de los viajeros la pincha sin querer con una llave por ejemplo, se desinfla rápidamente. Influye además el peso excesivo de las muchas personas que están encima. Las que son de madera, también son viejas y han estado tal vez algunos meses en tierra firme, por lo cual sus maderas se han separado. Al ponerlas en el mar, el agua se filtra. Los viajeros a veces encienden los motores para sacar el agua de adentro pero se acaba la nafta y los motores no funcionan más. Entonces empiezan a sacarla a mano. Pero no es suficiente. “Por esto el tiempo es una variable fundamental en estos casos. Cuanto antes se llega al lugar donde se encuentra la barcaza, más posibilidades existen de salvar gente. Cuanto más se alejan las barcas de las costas líbicas, más aumenta el riesgo de hundimiento”, agregó el capitán. “Gracias a la sinergia que existe entre mercantiles, naves de organizaciones no gubernamentales, Marina Militar, etc., podemos dar una respuesta a estas personas que piden ayuda. Los números dicen que esta máquina de los socorros está funcionando. Las tragedias que hemos visto son también la directa consecuencia de la falta total de medidas de seguridad en esas barcas. No saben nadar y no llevan salvavidas. Cuando el agua empieza a entrar, se mezcla con la nafta que pierde el motor y por esos muchos también se queman”, concluyó.

La Guardia Costera no sólo coordina los socorros sino que intenta identificar a los traficantes. Y arresta a muchos de ellos incluso a bordo, luego de haberlos identificado mediante fotos de las barcazas, hechas a medida que la nave de rescate se va acercando. Y también mediante preguntas a los salvados, que ellos contestan como un modo de agradecimiento por haber sido rescatados.

Los voluntarios del mar

Médicos sin Fronteras, la organización no gubernamental nacida en Francia en 1971 pero que hoy tiene dimensiones mundiales, posee dos naves (Bourbon Argos y Dignity I) y un equipo médico en una tercera nave (Aquarius) de otra organización no gubernamental, SOS Mediterranée. Se ubican generalmente en aguas internacionales del Mediterráneo, lo más cerca posible a las costas de Libia. Todas las naves responden a los llamados de la Guardia Costera italiana que coordina las operaciones de salvataje y llevan luego a los rescatados, a centros de recepción en distintas localidades de Italia, aparte de darles una primera asistencia médica y cuidados apenas suben al barco. A veces también reciben gente rescatada por otras embarcaciones.

Cuando se acabó la operación de la marina militar italiana en 2015 denominada Mare Nostrum, Médicos sin Fronteras decidió lanzarse al Mediterráneo con sus propias naves, contó a este diario la encargada de prensa de la organización en Roma, Francesa Mapelli. Así fue como en 2015 socorrieron a más de 23.000 personas en 120 intervenciones de asistencia. Desde abril de 2016 han auxiliado a casi 1800.

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En lo que va de 2016 han sido salvados 47.000 personas que viajaban en 328 barcazas semidestruidas.
Imagen: EFE
 
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