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“La Revolución será eterna”, dijo Raúl Castro a un año de su asunción

La Cuba del hermano menor de Fidel cumple hoy un año. El jefe de gobierno interino se ha mostrado más pragmático y conciliador en política exterior que el convaleciente comandante.

La Cuba de Raúl Castro cumple hoy un año. Hace exactamente doce meses que los cubanos se sorprendieron al enterarse de que el comandante de la Revolución dejaba por “unas semanas” el poder para someterse a una operación. Pero las semanas se convirtieron en meses y los meses en un año. Los festejos de la pequeña Habana en Miami y la incertidumbre y el miedo de la gran Habana duraron apenas algunas semanas. Con el pasar del tiempo todas las hipótesis sobre una “transición democrática”, un derrumbe del gobierno castrista o una revuelta popular opositora desaparecieron. La salida de Fidel Castro del centro de la escena política empezó a responder a una de las grandes incógnitas que sobrevolaban la isla: la Revolución Cubana podría no morir con Fidel. O en las propias palabras de Raúl ayer: “La Revolución será eterna”.

La isla no vivió grandes cambios desde la salida de Fidel. Sin embargo, Raúl, con mano delicada pero firme, comenzó a redireccionar el timón. Las mayores innovaciones se vieron en el campo de la política externa. Desde que asumió provisionalmente la presidencia del país, llamó tres veces al diálogo al gobierno de Estados Unidos. La última vez fue la semana pasada durante uno de los actos por el aniversario de la toma del cuartel de La Moncada, el 26 de julio de 1953. “La nueva administración que surja tendrá que decidir si mantiene la absurda, ilegal y fracasada política contra Cuba o acepta el ramo de olivo que extendimos”, repitió Castro. A pesar de que la Casa Blanca no se hizo eco de la propuesta, una delegación parlamentaria de demócratas y republicanos visitó la isla por primera vez desde que Fidel asumió el poder, el 1º de enero de 1959.

Raúl mostró esa misma actitud conciliadora –y pragmática– que fue la que motivó la reanudación del diálogo con México y España. Este último es el tercer socio comercial de la isla, detrás de China y Venezuela. En abril pasado, Raúl y el canciller español Miguel Angel Moratinos relanzaron las relaciones bilaterales y acordaron discutir la situación de derechos humanos en la isla. Este acuerdo podría ser un primer paso para normalizar las relaciones con la Unión Europea. Pero, a pesar de estos sutiles cambios, Raúl también se puso como prioridad seguir el rumbo trazado por su hermano mayor. En los últimos meses, el gobierno cubano consolidó su alianza con Venezuela, Bolivia y Nicaragua, a través de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), el proyecto regional impulsado desde Caracas. También multiplicó sus contactos con países de Asia, sobre todo con China, una de sus principales fuentes de crédito, Vietnam e Irán.

En el plano doméstico, el gobierno también exhibió algunos cambios, aunque no los que esperaban la oposición. “Este año ha sido un proceso lento de adaptación del liderazgo cubano al pragmatismo de Raúl”, aseguró Manuel Cuestas, un veterano opositor moderado. Tanto el hermano menor de Fidel como otros funcionarios de primer nivel han comenzado a reconocer públicamente los problemas de la isla y han prometido atacarlos. En su último discurso, Raúl prometió cambios estructurales para enfrentar la burocracia, la corrupción y la falta de productividad.

Fidel Castro acompañó esos cambios a su manera. Con el claro objetivo de no opacar el nuevo liderazgo de su hermano, el veterano dirigente se recluyó en los editoriales del diario oficial Granma, desde donde opinó, atacó y celebró las noticias internacionales. Sin embargo, sus artículos tranquilizaron a los cubanos y ayudaron a desacreditar los rumores sobre su muerte o complicaciones en su salud.

Los once millones de cubanos que habitan la isla se han acostumbrado tanto a la ausencia del veterano dirigente como al estilo reservado de su hermano. Muchos ya están convencidos de que lo que están viviendo es una transición hacia un gobierno más pragmático y reformista. Sin embargo, todavía ningún cubano quiere imaginarse una Cuba sin Fidel.

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Los cubanos ven a su veterano líder, Fidel, a través de fotografías desde hace doce meses.
 
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