CONTRATAPA

Basural

 Por Sonia Catela *

Con el lío de una huelga en la que no terminan de ponerse de acuerdo ¿irán divididos, unos adhiriendo, otros no? y su propio compañero de camión, Lito, que le sale con "ya dejate de amolar con ese paro" porque lo atormenta el ardor que lo tiene arrinconado desde hace diez minutos contra una heladera descuajeringada lidiando su propia guerra: desagotar la vejiga quemante. Mientras Cañito maniobra, alcanza a ver el bulto, vivo, no más de setenta centímetros: se mueve entre una bañadera abollada y los atados de gasas sanguinolentas que produce el sanatorio.

Gatea semidesnudo bajando una montaña de picadillo de azulejos, itinerario al azar, por lo que, al volante, se mantiene atento a que el crío no se le cruce delante del tractor y le meta un pie bajo la rueda para que él se lo pise. Con la mano libre se aprieta el barbijo y estaciona en un boquete abierto entre dos parvas de desechos que arden lentamente; descarga la basura que trae, ojo puesto en el pibe y sus zigzagueos; desiste de encender un cigarrillo por el hedor que se cuela por los intersticios, ajusta mejor la ventanilla asediada por bollos hirvientes de bichos, viendo qué pasa con Lito, que no termina de sufrir la descarga de su vejiga. Vuelve a controlar al mocoso que repta semidesnudo, no tendrá más de un año, dos quizá, cada vez aparecen de más chicos a rebuscárselas en el basural; con Lito entrando, cerrando la portezuela, arranca el tractor; "estoy liquidado, muchacho; es la próstata lo que me anda jodiendo y cuando la próstata jode, acabás achurado", farfulla y lo codea al acomodarse la bragueta, "Lito, pensá lo del paro; no podés votarnos en contra", "giles" reniega Lito, pero cuando traen la carga del atardecer se cruza al pibe que sigue ahí, juguetea con una perra de ésas que llegan por comida y terminan quedándose hasta que a alguien se le antoja tomar la iniciativa de envenenar los perros del basural antes o después de que se lo ordene el intendente; Cañito comenta mientras la pala mecánica sube y baja, "vienen cada vez más chicos. ¿mañana vas a la asamblea?", "hoy meé como veinte veces" teclea Lito contra la palanca de cambios, "¿pero vas o no?", "veinte veces; me quema una barbaridad y todo para soltar el pis a gotas"; Cañito manotea el volante : "ojo con el chico, Lito, no camina y no se lo alcanza a ver". "Que se cuide solo" reniega el viejo y maniobra con rabia porque no le deja de tironear la vejiga; martes, asamblea de recolectores en la que no se llega a un acuerdo y se pasa a cuarto intermedio, "pero Lito, cómo pudiste votar en contra del paro", "me hinchan las bolas, ¿no ves que es un manejo del gremio, de González?", "no agarrés ese discurso, Lito...", "andá y que te cojan". Miércoles, vuelta a la noria; Cañito ve al pibe, lejos, y como siempre, solo con la perra , pero como no se acerca al tractor, (deben asustarlo los motores), deja de prestarle atención, ¿cómo convencer a Lito? se vuelve testarudo y desconfiado igual a todos los viejos, "lo único que han hecho es sacarme cosas en la vida; ahora que me jodí, se acabó", aunque el jueves, haciendo número de los votos (hay una decena de indecisos que definirán la elección) y controlando la descarga por el espejito ve cómo el pibe chupa la teta de la perra, igual que Rómulo y Remo, así se llamaban los que se alimentaron de una loba, en Roma; cuando le contaron eso en Historia le aseguraron que se trataba de un mito pero por lo que entrevé por el espejo retrovisor la cosa pudo ser cierta si está ese crío mamando propiamente de una perra crota, "de qué te reís" se molesta Lito, "de nada", mañana va a sacarle una foto con el celular para mostrársela a su ex profesora de la secundaria aunque cae en cuenta de que la señorita Pozzi se halla recluida, lela, en un geriátrico y ya no distingue una pata de elefante vivo de su propio pie. Sacude las cenizas de un pucho nervioso (Lito sigue en sus trece y hay que evitar una discusión), "sabés, me parece que ese pibe está tomando la teta de la perra", "tiene suerte", acota Lito sentándose en el aire, esquivando apoyarse por el dolor, "andá al médico, che, dejate de jorobar", "mejor guardate los consejos", y el viernes votan por el paro, pero divididos; el grupo disidente amenaza con desafiliarse y justo Lito, su compañero de camión va a carnerear porque lo único que le han hecho durante toda su vida es expropiarle bienes y derechos, y, más que todo, matarle toda ilusión como refunfuña el viejo componiendo un tango, y no le da ganas de escuchar su cantilena, ni tener que ver justo al pibe allí, que duerme cubierto por la perra, ya de noche cerrada, y por lo visto aparecen cada vez de más chicos a rebuscárselas en el basural, como si éste viviera aquí, "¿aquí? aquí la va a sacar barata" asegura Lito dándole una pitada al cigarrillo que acaba de aceptarle y cambiando de tema, para no resquebrajar las relaciones por una huelga que viene mal barajada, se saludan: "hasta el martes", ya que el lunes Lito vendrá manejando el camión y descargando basura como si se tratara de una jornada normal, "a que vos también venís, muchacho, a que los delegados están entregando el paro en este mismo momento y lo levantan pese a tu famosa asamblea y tus famosas bases; apostemos", "callate enfermo", "te apuesto, lo que quieras"; en el horizonte de la descarga finalizada, ya con la llave de encendido en la mano, Lito revuelve un paquete que sacó del basurero de alguna casa, tomá, y lo abre, restos de carne, huesos, ¿y para qué? tiráselos a la perra, dice, ¿a la perra? claro, para refozarla, ¿reforzarla? la leche, estúpido. Y acelera un poco hasta que el motor arranca del todo, mientras Cañito se baja, "ya vuelvo" y Lito gira lentamente, poniendo la marcha atrás, esperando a Cañito,

acomodándose como mal se puede, como peor se puede; arreglándoselas.

* [email protected]

Compartir: 

Twitter
 

 
ROSARIO12
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2020 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.