EL MUNDO › OPINION

La agenda de George W.

 Por Claudio Uriarte

La guerra contra Irak está más lejos y no más cerca después de la arrasadora victoria de George W. Bush en las elecciones legislativas del martes. Esto es porque esa supuesta guerra nunca fue más que un truco propagandístico para apartar la atención del colapso de la economía, lo que se prueba en el hecho de que ayer Estados Unidos terminó de bajarse de su supuesta posición de máxima en el Consejo de Seguridad de la ONU, para acoplarse a la posición de mínima de Francia. En efecto, la posición original de EE.UU. requería una cláusula que gatillaría la autorización de guerra de modo automático apenas Saddam Hussein incumpliera la nueva resolución de la ONU, mientras lo que va a aprobarse hoy, si se mira su letra chica, dilata la entrada de los inspectores de armas en una serie de plazos, y sólo prevé, para cuando Saddam incumpla las demandas, una nueva reunión del Consejo de Seguridad. Esto es una segunda resolución, que es lo que demandaban Francia y Rusia en primer lugar. Desde luego, no es que Francia y Rusia hayan ganado, sino que EE.UU. nunca se propuso seriamente torcerle el brazo al Consejo de Seguridad. De lo contrario, ya hubiera empezado a mover a la zona las 250.000 tropas que necesita para invadir Irak, lo que nunca se verificó en estos meses, en que sólo hubo algunas rotaciones militares de rutina.
La verdadera prioridad que Bush enfocará a partir de ahora quedó clara en su aparición de ayer. Por un lado, la aprobación legislativa del Departamento de Seguridad Interior. Bush dice que esto es esencial para la guerra antiterrorista, pero lo que realmente quiere –y la razón por la cual los demócratas que dominaban el Senado frenaban hasta ahora el proyecto– es una cláusula que precariza el régimen laboral de empleados públicos en el nuevo ministerio, y abre las puertas a una precarización general del empleo en el sector público. El presidente también habló de la economía. Con esto, Bush quiere decir: una nueva megarreducción de impuestos a las corporaciones y a los ciudadanos más ricos, que son sus principales patrocinantes. Perversamente, es esperable un derrame de malas noticias económicas en las próximas semanas, con lo cual Bush tendrá más eco para propagar unas demandas que sólo llevan a la profundización de la crisis. Es decir, a la deflación.
Pero la guerra mediática contra Irak no terminará. Porque, en caso de un nuevo escándalo con la economía, Bush siempre tendrá a mano a ese actor de la CNN que siempre le sirve: Saddam Hussein. De lo contrario: ¿a quién le importa Irak?

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