ESPECTáCULOS › UNA COMEDIA MUSICAL EN HOMENAJE A LA LEGENDARIA CARMEN MIRANDA

“Ella era la esencia brasileña”

El director Miguel Falabella y la actriz Stella Miranda definen el espíritu de “South American Way...”, una pieza teatral que recrea el mito de la artista que deslumbró al mundo, desde Hollywood, en los años 40.

 Por Silvina Friera

La mujer que cantaba “¿Qué es lo que tiene la bahiana?”, con la típica falda blanca con volantes de Bahía, gruesos collares, zapatos de plataforma y sombreros coronados por bananas, ni siquiera era brasileña. Sin embargo, su desparpajo como actriz, cantante y bailarina, los movimientos sensuales de su cuerpo, su vertiginosa consagración mundial en la década del 40 y una muerte prematura alcanzaron para que Carmen Miranda se transformara en un mito universal. Pero el ingreso a ese Olimpo de las estrellas le deparó muchos reproches. La acusaron, entre otras cosas, de haberse americanizado. “Es una figura tan polémica... fue utilizada por la dictadura de Getulio Vargas, que beneficiaba los negocios con Estados Unidos por la política de la buena vecindad de Roosevelt. Hollywood creó una imagen de ella estereotipada por el exotismo. Los latinoamericanos se sentían ofendidos a pesar de que comprendían que era una artista de gran talento y carisma. Ella se quejaba porque Ingrid Bergman era sueca y hacía papeles de americana. Carmen tuvo que interpretar personajes de latinoamericana toda su vida. Hoy sucede lo mismo, los latinos somos maltratados por el cine norteamericano”, dice a Página/12 el director, actor y dramaturgo brasileño Miguel Falabella, que acaba de estrenar la comedia musical South American Way, Carmen Miranda (cuya autoría comparte con María Carmem Barbosa). La obra podrá verse hasta el próximo sábado 16 (de martes a viernes a las 21, los sábados, a las 22 y los domingos a las 20.30) en el teatro Astral (Corrientes 1636)
South American Way... fue estrenada en Brasil a modo de homenaje a esta singular cantante, actriz y bailarina que deslumbró al mundo en los años 40. Los cuadros musicales incluyen las canciones más emblemáticas de Miranda como “South American Way”, “Tico No Fuba”, “O que é a baiana tem”, “Na batucada da vida”, “Mama eu quero”, “O balance” y “Chica Chica Boom”, entre otras. Stella Miranda, una de las actrices, que interpreta a Carmen en su etapa de madurez (la otra actriz es Soraya Ravente, que encarna a la artista en su juventud), coincide con Falabella: “Ser latinoamericano es un estigma, tenemos destinados los papeles menores en los que representamos a los delincuentes, a los malos. No podemos hacer un Shakespeare”. Si la sustancia del maltrato hacia los latinos no se modificó en la actualidad, en los años treinta y cuarenta el público estadounidense estaba ávido de exotismo al mejor estilo comedia de enredos: los personajes brasileños ¡cantan y bailan canciones cubanas y beben tequila mexicano! La confusión era deliberada; las diferencias culturales no existían en el imaginario de ese público que asimilaba a todos los latinoamericanos a partir de clisés.
La dama de los sombreros adornados con frutas y la eterna sonrisa, que vivió en carne propia esta estigmatización al mismo tiempo que supo sacar provecho de los gustos imperantes en esa época, nació en Marco de Canaveses, Portugal, el 9 de febrero de 1909 como Maria do Carmo Miranda da Cunha, pero su familia arribó a Brasil un año después. Miranda empezó cantando sambas en el Casino de Uraca, en Río, en donde lucía esos trajes de bahiana que ella misma diseñaba y cosía. Allí la descubrió el empresario Lee Shubert, que le ofreció un contrato para trabajar en Broadway. Su primera película en Hollywood fue Serenata argentina (Down argentine way, en 1940). Entre la Fox, la Metro y la Paramount filmó catorce películas: A La Habana me voy (1941), Toda la banda está aquí (1943) y Copacabana, con Groucho Marx (1947), entre otras. “Al margen de la caricatura que Estados Unidos modeló, Carmen tenía un talento impresionante que la llevó a convertirse, en esos años, en el alma brasileña –explica Stella–. Además, lo más interesante de su personalidad residía en que ella nunca claudicó, porque cantó siempre en portugués, no se dejó presionar en este aspecto. Hay algo en ellaabsolutamente auténtico que le permitió atravesar todas las fronteras para convertirse en un mito.”
–Cuándo abordaron la figura de Miranda ¿intentaron sustraerse de ese estereotipo?
Miguel Falabella: –Nuestra intención fue realizar una investigación sobre el mito de una mujer que se construye y se genera a sí misma. Por eso aparecen dos Carmen: la más joven y la más madura. La estrella que llegó a Hollywood y mira a la joven con un poco de nostalgia. Es como si una quisiera ser la otra, y en ese intento cada una mira su pasado, su carrera y los conflictos que vivieron. Cuento su historia a través de la óptica de un musical de Hollywood, como un film de Fox de los años cuarenta. El trabajo fue muy arduo, especialmente en cuanto a la selección de las canciones. Curiosamente, a diferencia de otras figuras que registraron la mitad de su repertorio, ella grabó lo mejor de la música brasileña. El segundo paso fue colocar las canciones de modo que ayudaran a narrar la historia como un clásico musical americano.
–¿Qué aspectos de la vida de Carmen descubrió durante la investigación?
M.F.: –Carmen adoraba decir malas palabras, y en los años treinta, ser desbocada, especialmente para una mujer, significaba un escándalo. Era una chica muy pobre y la única manera de salir de la pobreza en que vivía era convirtiéndose en una estrella. Comprendió muy bien esta cuestión y nunca le faltaron ambiciones para alcanzar su objetivo.
S.M: –Es una historia clásica, la chica de origen humilde y ambiciosa que consigue salir de su país para transformarse en un suceso internacional. Sin embargo, la mujer no caminó a la par de la estrella.
–Además, el modo de su muerte cuando era todavía joven contribuyó a agigantar el mito...
S.M.: –Su muerte es clásica: muere sola a pesar de que había tenido un éxito descomunal. Durante muchos años, ella fue considerada como una traidora. Siempre es más interesante la mujer por detrás del mito porque aunque se conozca la leyenda, no se puede develar la sustancia de esta artista.
M.F.: –Hay una escena en la comedia que sintetiza lo que ocurría con ella como mujer y artista. Después del Carnaval se saca el turbante, se arranca la máscara y repentinamente comienza a tomar píldoras y a beber. El contraste entre esa escena de tanta lujuria y alegría con la soledad y miseria, apenas unos segundos después, es demoledor.
“Dijeron que volví americanizada, con un toco de dinero, que soy rica, que no soporto más el toque del pandeiro ni me estremezco oyendo una cuica...Pero para qué echarme encima tanto veneno, cómo puedo americanizarme yo, que nací con samba y vivo en el sereno, tropezando la noche entera con la vieja batucada.” Este tema del repertorio de Carmen Miranda, escrito por Vicente Paiva-Luz Peixoto, –y que Caetano Veloso versionó en Circulado vivo– ejemplifica la situación de la artista por el hecho de haber triunfado en la meca del cine gracias a una visión estereotipada de lo latino. El 5 de agosto de 1955, a los 46 años, murió en su mansión de Beverly Hills. Siete días después fue enterrada en el cementerio de Sao Joao Batista y más de medio millón de personas asistieron a despedir a esa mujer, portuguesa de nacimiento y brasileña de corazón, que había captado una parte del alma y la esencia de Brasil.

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“South American Way” le da vida al recuerdo de Carmen Miranda, una artista amada y criticada por igual.
 
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