EL MUNDO › UNA HISTORIA DE PROVOCACIONES Y ESCANDALOS

Antes que nada, irrespetuosa

Cuando se habla de Charlie Hebdo, de sus periodistas y dibujantes, hay que saber que se trata de una dinastía rebelde, irrespetuosa ante todo y, de pronto, poco comprensible para los códigos de una época consumista como la actual.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

Las víctimas del semanario Charlie Hebdo no son las únicas que esta confrontación casi velada entre extremismos deja en el camino. Hace exactamente diez años, el cineasta Theo van Gogh fue asesinado por un holandés de origen marroquí. Mohammed Bouyeri lo mató de ocho balazos y luego lo degolló. El director de cine holandés había levantado un inmenso debate con una película a la vez estúpida y crítica con el Islam, Sumisión, parte uno. Las doce víctimas que cayeron en el semanario francés pagan con sus vidas esta intolerancia ante la burla de las creencias religiosas y sus representaciones. A veces acusado de tenderle una mano a la extrema derecha por sus agresivas caricaturas sobre el Islam, Charlie Hebdo es un semanario laico y de izquierda. Muchos olvidan que esas parodias son extensivas a todas las religiones y no sólo al Islam. Cuando se habla de Charlie Hebdo, de sus periodistas y dibujantes, hay que saber que se trata de una dinastía rebelde, irrespetuosa ante todo y, de pronto, poco comprensible para una época consumista y domesticada por los smartphones como la nuestra. Los muertos y los que quedaron vivos no son marionetas de ningún sistema sino actores de sus propios valores. “No tengo hijos, ni esposa, ni coche, ni crédito. Esto puede sonar un poco pomposo, pero la verdad es que prefiero morir de pie que vivir de rodillas.” Así se definía Stéphane Charbonnier, alias Charb, el director de Charlie Hebdo asesinado el miércoles en una entrevista realizada por el vespertino Le Monde en 2012 y reproducida ayer. Charb se hizo conocer con una caricatura cuyos protagonistas eran Maurice y Patagon, un gato y un perro anticapitalistas, y también por sus posiciones burlonas sobre la religión y sobre el Islam en especial. En la entrevista de 2012, el dibujante decía: “Hay que continuar hasta que el Islam sea tan banal como el catolicismo”.

Charlie Hebdo tiene una extensa historia de provocaciones, insolencia y escándalos. Las balas del comando que entró en la redacción se llevaron un montón de cosas. Al dibujante Cabu, por ejemplo, uno de los grandes entre grandes junto a Georges Wolinski, también asesinado en el operativo. A los 77 y 80 años respectivamente, ambos eran jóvenes por resistencia persistente. Cínico, humanista y provocador, Wolinski decía con frecuencia que “el humor es el camino más corto entre un hombre y otro”.

El incendio del humor que de-sató este drama comenzó en 2006, cuando el semanario publicó las ya famosas caricaturas de Mahoma con aquella tapa provocadora dibujada por Cabu donde se veía a Mahoma agarrándose la cabeza al lado de una frase que decía: “Es duro hacerse desbordar por integristas”. Desde allí se desató la polémica mundial, las críticas, los apoyos, los juicios y las amenazas. Charlie Hebdo es un sobreviviente de otras épocas, de otros humores, de otros valores que aún permanecen vivos en ciertos sectores de la izquierda libertaria francesa. El semanario lleva muchos años amenazado por grupos religiosos, organizaciones y núcleos radicales debido a sus caricaturas de Mahoma. No es un azar si los principales autores de esas caricaturas, Charb, Cabu y Wolinski, están entre las personas asesinadas. El Consejo Francés del Culto Musulmán exigió que la revista fuera retirada de la venta. No lo logró y el semanario respondió publicando un manifiesto contra el islamismo radical. En 2011, los problemas volvieron a acechar al semanario. La publicación de caricaturas suplementarias, la burla contra los islamistas de Libia y de Túnez le valieron un ataque a la sede del semanario con un cóctel molotov. No se produjeron víctimas, pero la redacción quedó parcialmente destruida.

Los escándalos le dieron al semanario más prestigio que ventas. Como toda la prensa de papel, Charlie Hebdo vio sus ventas y sus ganancias publicitarias bajar de forma vertiginosa. Sus orígenes remontan a los años ’70, primero bajo el nombre de Hara-Kiri Hebdo. Esa pre versión de Charlie Hebdo se hizo famosa con una tapa que daba cuenta de la muerte del general De Gaulle, muerto en la localidad de Colombey. El mensual tituló en ese entonces “Baile trágico en Colombey: un muerto”. Esa provocación y el escándalo que suscitó en la mojigata clase política de la época le costaron el cierre a Hara-Kiri Hebdo. El mismo año apareció Charlie Hebdo. Por falta de ventas, el semanario cerró a principios de los años ’80 para volver a aparecer en 1992. Los últimos años han sido muy difíciles. Con una tirada de apenas 50.000 ejemplares y casi sin publicidad, el semanario tenía problemas para sobrevivir. Hace poco lanzó una campaña con precios especiales. Y lo hizo con humor: “La tarifa para todos”, decía su página de Internet en directa referencia a la ley que legalizó el matrimonio entre homosexuales, “el matrimonio para todos”, y al movimiento que se opuso a esa ley, “la manifestación para todos”.

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