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Los ecos de 1974 y de 1994

Desde hace meses se pronostica una elección arrasadora, que cambie de manos el poder en el Congreso. La última vez que esto sucedió fue en 1994, durante el primer gobierno de Bill Clinton. En aquel momento, las políticas liberales del ex presidente demócrata habían sido demasiado para muchos estadounidenses. Por ejemplo sus intentos para regular la tenencia de armas y su política “no preguntes, no digas”, que permitía a los homosexuales ingresar a las Fuerzas Armadas, siempre que no declararan su condición sexual. Estas reformas sociales provocaron una derechización del electorado, que se volcó por los candidatos republicanos más duros. Doce años después, los demócratas intentan recuperar las dos cámaras, pero ya no con las ideas liberales de la época de Clinton. En sus ansias por volver a ganarse el electorado, el partido privilegió a sus figuras más moderadas. Muchas de ellas se oponen a temas que solían ser pilares del partido, como la legalización del aborto y la unión entre homosexuales. El otro antecedente de una elección legislativa arrasadora fue la de 1974, cuando los errores de Richard Nixon y luego de Gerald Ford les costaron el control del Congreso a los republicanos. El recuerdo todavía fresco del escándalo de Watergate y el perdón que le dio Ford a Nixon, exonerándolo de toda culpa, arruinaron las ambiciones de los republicanos. Algo similar temían que sucediera con los errores de George Bush.

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