EL MUNDO › LA POLITICA Y EL FRACASO DE LA INCLUSION

Los dilemas de Jacques Chirac

 Por Mercedes López San Miguel

Con el referéndum perdido en Francia sobre la Constitución Europea el 29 de mayo pasado, los medios comenzaron a hablar de “la era después de Chirac”. Cercado por las críticas, el presidente eligió como primer ministro a Dominique de Villepin como un golpe de timón a su gobierno. Un año y medio antes de las elecciones presidenciales, la réalité de la derecha empeora.
Los disturbios que comenzaron en los suburbios de París el 27 de octubre hacen mencionar “otro mayo de 1968” o una “intifada” francesa, por su escalada y duración. Jacques Chirac, quien apareció al lado de De Villepin recién este domingo –luego de mantener un bajo perfil desde el comienzo de la violencia–, se muestra como el hombre que recién ahora “enciende la luz”.
La crisis se desarrolla cuando subyace una rivalidad por la silla de Chirac en el conservadurismo: Villepin frente al fuertemente criticado ministro de Interior, Nicolas Sarkozy. Este causó el repudio universal al advertir que la “escoria” de los suburbios sería removida con soda cáustica, interpretado como su colaboración personal al incremento de la violencia.
Oficialmente, el Estado francés no reconoce minorías: sólo ciudadanos de Francia, todos en igualdad frente a la ley. Pero el ideal republicano se diluye ante la pobreza y marginalidad de los suburbios. El rápido esparcimiento de la violencia muestra que es más que la muerte de dos adolescentes electrocutados al tocar un transformador de alto voltaje perseguidos por un control policial. El desempleo en la mayoría de esas comunidades se eleva a 30 o 40 por ciento, incluso más en los más jóvenes. Los suburbios son monumentos al fracaso de Francia de integrar a gran parte de la población musulmana, a pesar de que muchos de ellos son de familias que han vivido en Francia por dos o tres generaciones.
Chirac sabe bien que cuando llegó a la oficina presidencial los banlieues (suburbios) eran prioridades. Incluso ganó la presidencia con una campaña donde los temas centrales fueron la “exclusión” y la necesidad de hacer de Francia una “sola nación”. Eso fue hace más de 10 años. La degradación de los suburbios, con una segunda y tercera generación de inmigrantes desocupados y garajes llenos de colectivos quemados, representan el mayor fracaso doméstico de su gobierno.

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