EL PAIS › PAGINA/12 DIALOGO CON LA DESIGNADA MINISTRA DE SEGURIDAD

“Macri termina en el racismo”

Nilda Garré remarcó que los problemas que enfrentará en su nuevo cargo hay que atenderlos “preocupándose por la multicausalidad que los origina” y con soluciones “basadas en el consenso social”. También hizo un repaso de sus cinco años de gestión en Defensa.

 Por Nora Veiras

Nilda Garré asumirá al frente del Ministerio de Seguridad el próximo miércoles.
Imagen: Daniel Dabove.

Su escritorio en el inmenso y señorial despacho del Ministerio de Defensa estaba cubierto de papeles con planes y proyectos castrenses. El viernes a la noche empezó a despejarse para analizar informes sobre un tema más acuciante: la seguridad. “Es importante atender los problemas de seguridad preocupándose por la multicausalidad que los origina y proponerse soluciones que estén basadas en el consenso social y análisis exactos, sumándoles los diversos factores sociales”, dijo Nilda Garré a Página/12 antes de encerrarse en una nueva reunión para enfrentar el desafío de organizar el Ministerio de Seguridad. “Todos estos problemas deben resolverse en cumplimiento de la Constitución, las leyes y los derechos humanos”, abundó esta mujer que el pasado 1° de diciembre había superado el record histórico de cinco años continuos al frente de las Fuerzas Armadas. El martes participará de la ceremonia de egreso conjunta en el Colegio Militar y al día siguiente asumirá en una cartera que la pondrá en el foco de la mirada social y mediática.

La tapa, enmarcada, de Página/12 con la caricatura de Néstor Kirchner diciendo “Fuerza todos” estaba todavía sin ubicación fija. Sus hijos eligieron el dibujo de Daniel Paz despidiendo al ex Presidente para que la acompañara. Ahora será colgada en un nuevo destino. Apenas Cristina Kirchner sorprendió con el anuncio de la creación del Ministerio de Seguridad y su designación, Garré dijo que “hay sensación de seguridad y hay inseguridad” y ratificó que “en el gobierno de Néstor y ahora de Cristina Kirchner no se reprime el conflicto social con riesgo de vida”. Quiere fuerzas de seguridad “que respeten la ley, la Constitución, los derechos humanos, que sean profesionalizadas, eficientes y honestas”.

En diálogo con este diario, Garré calificó como “racista” la definición del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, sobre la necesidad de endurecer la política migratoria para combatir el delito y se explayó sobre una candidatura de la Presidenta, Néstor Kirchner y el trabajo realizado en Defensa.

–Macri advirtió que había que tener el “coraje” de Lula y apelar a los militares para resolver el conflicto social en Villa Soldati, ¿qué opina sobre esa alternativa?

–Cada tanto, los sectores de siempre vuelven a insistir en apartar a las Fuerzas Armadas de su función específica para volver a ponerlas en hipótesis de seguridad interior. Antiguamente era contra el enemigo marxista, subversivo, la amenaza internacional, y hoy es contra el narcotráfico y el terrorismo internacional. En el caso del narcotráfico y de la situación que se ha generado en Brasil, hubo declaraciones muy claras del próximo ministro de Justicia, en las que aclaró que “es algo excepcional, que ésta es una tarea de las policías, a lo sumo habrá que tener policías más especializadas, pero es un problema que requiere inteligencia criminal y una represión legal pero en el ámbito policial”. Las Fuerzas Armadas, primero, no deben ser expuestas al combate del narcotráfico, porque las hace correr el riesgo de contaminarse con hechos de corrupción y son la última reserva que tiene un país para defenderse frente a una amenaza real. Otra cosa, obvia, es que no están entrenadas para eso. Lo que ha pasado en Brasil, y el ministro de Justicia lo aclaró, circunstancialmente y en una actividad puntual: la autoridad política puede pedir un apoyo logístico a las Fuerzas Armadas en lo que esté superada la fuerza policial. La Ley de Defensa argentina prevé también una excepcionalidad para casos extremos. La Argentina tiene sobre algunos países de la región, caso Brasil por ejemplo, una ventaja, que es que entre las Fuerzas Armadas y las policiales hay una policía militarizada, es decir que tiene más poder de fuego: la Gendarmería y la Prefectura. De manera que en el caso argentino es mucho más absurdo plantear ya el apoyo de los militares. Esto de ir a pedir la intervención de las Fuerzas Armadas es claramente parte de una concepción que se probó en la Argentina y comprometió a las Fuerzas Armadas en un genocidio.

–Macri también pidió endurecer las políticas migratorias.

–Enseguida terminan ahí, en el racismo.

–La muerte de Kirchner cambió el escenario político, ¿va a ser la Presidenta candidata a la reelección?

–La decisión siempre va a ser de Cristina, pero lo que está claro es que es la única candidata indiscutible que expresa el proyecto que está en curso. Para mí va a ser la próxima Presidenta. Esto está en el sentir de la gente. Se han hecho muchas cosas, la transformación es muy profunda, pero había tanto por hacer que todavía falta bastante. A Cristina la veo comprometida con la etapa esta que es la de la profundización del modelo. Néstor tuvo la etapa de la instalación de las primeras medidas en un país casi en llamas, que encontró además desde una legitimidad del 20 por ciento que no pudo consolidarse en una segunda vuelta. El llega con esas limitaciones pero con esa voluntad, coraje y con esa claridad de objetivos que le permitió ser muy audaz en las primeras medidas y empezar a desmantelar esa construcción del neoliberalismo. Como dijo Lula, habrá “una Argentina antes de los Kirchner y otra después de los Kirchner”.

–¿Cómo evalúa que antes de la muerte de Kirchner había un rechazo de amplios sectores al kirchnerismo y después se empezó a revertir esa actitud?

–Kirchner revalorizó la política. En los ’90 se había producido un lavado de cerebro que el neoliberalismo impuso en todo el mundo, que había convertido a la política en un instrumento perverso y no para las transformaciones. La gente se alejó, se afianzó el individualismo, los éxitos personales. Había que ganar una batalla cultural, además Kirchner le agrega debate ideológico a la política. La política no debe ser tampoco una forma de impulsar medidas concretas a través de consensos edulcorados y prolijos. A veces puede ser posible, siempre hay que buscarlos, pero si no hay acuerdo no hay que tenerle miedo al antagonismo en la política porque hace a la esencia. La muerte de Néstor actuó como un gran detonante de algo que estaba germinando: la necesidad de la política, de afrontar sus debates postergados. El tema es buscar fuerza, militancia, participación y que vayamos corriendo el horizonte –como decía Eduardo Galeano– persiguiendo nuestras utopías. Es un incomparable legado que nos dejó Kirchner, volver a creer en la política, que acompaña, además, un clima regional, que impulsa esas mismas transformaciones.

–Cuando asumió en Defensa había un prejuicio muy grande por su militancia peronista en los ’70 y por ser mujer, ¿cómo manejó ese prejuicio y cómo manejó sus propios prejuicios?

–La verdad que sí, era un proceso paralelo, aunque uno se autoconvenza y diga “yo no tengo prejuicio y voy a hacer una tarea con la mayor objetividad”, pero bueno... A su vez en la fuerza existió una cosa medio defensiva, de pensar que yo seguramente venía con un planteo muy radical, creo que con el tiempo el mutuo conocimiento, la continuidad de una política de gobierno, de Néstor primero y Cristina después, y de todo un equipo que me acompaña hemos podido poner una impronta de mucha transformación y trabajo. Aun la gente que tenga diferencias tiene que reconocer que ha habido objetivos que tienen que ver con los intereses del sector y de la fuerza que no están teñidos de preconceptos, sino que son tareas que estaban pendientes desde hace años. Por ejemplo la Ley de Defensa que se sancionó en el ‘88 y no estaba operativa porque no se había reglamentado. Por ejemplo, la Guerra de Malvinas puso blanco sobre negro que la organización de las Fuerzas Armadas y el desarrollo de sus actividades debían ser conjuntos. No podía volver a pasar lo que pasó en Malvinas, donde hubo tres guerras, cada uno con su comando, sus directivas. Pasaron 28 años y eso seguía exactamente igual. Con presupuestos que son ajustados, la necesidad de ser eficientes hace más necesaria la acción conjunta, y no comprar lo que cada fuerza a veces privilegia en función de intereses específicos. También que el Estado Mayor Conjunto hiciera un ciclo de planeamiento donde se establecieran objetivos a corto, mediano y largo plazo. Ese trabajo, que encabezaron el brigadier Chevalier y el vicealmirante Torres, va a estar terminado en marzo.

–Este trabajo supone redefinir hipótesis de conflicto...

–El cambio es enorme, salir de un país que definía lo que tenía que comprar, los medios que tenía que tener, el tipo de entrenamiento que les tenía que dar a sus hombres y mujeres sobre la base de que íbamos a tener una guerra con Chile y una guerra con Brasil y ahora pasar a una situación muy distinta para definir las capacidades que tiene que tener la fuerza para garantizar una defensa ante un enemigo que hoy no existe, que es impreciso; no hay hipótesis de conflicto concretas. Tenemos un gran conflicto pendiente, territorial, por Malvinas, pero la Constitución nacional nos acota a tratativas diplomáticas, y no a una solución militar. De manera que esa que sería la situación clara no está hoy en el ámbito de la Defensa. El resto tiene que estar preparado para situaciones que hoy no tenemos definidas, esto lo hace más complejo, pero es el sistema que están adoptando los países modernos del mundo, que el planeamiento se hace por capacidades. Salvo los países que tienen una hipótesis de conflicto muy definida. El cambio es cultural y podemos estar satisfechos.

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