EL PAIS › GONZALEZ FRAGA, PRENDA DE UNIDAD DE UNA COALICION ANTIK

Sin límites

González Fraga sería mucho más que un vicepresidente. Su nombre certifica la falta de límites de la coalición antiK por la que se inclinó Alfonsín. Ex colaborador de Francisco de Narváez junto con Lousteau y De Prat Gay, candidato a ministro de Economía de Lavagna, miembro de los equipos técnicos de Duhalde, JFG es partidario de eliminar las retenciones y reemplazar esos ingresos por un nuevo festival de bonos y aumentos tarifarios. Sojeros, petroleros y banqueros de fiesta.

 Por Horacio Verbitsky

La elección de Javier González Fraga como candidato de Ricardo Alfonsín a la vicepresidencia sugiere que no se equivocaba Hermes Binner al dudar de la extensión del acuerdo radical con el Peornismo Opositor, que los radicales decían limitado apenas a un distrito, la provincia de Buenos Aires, con la candidatura de Francisco de Narváez. La celeridad del anuncio, en cuanto se confirmó que el jefe socialista no acompañaría al hijo de Alfonsín, demuestra que las conversaciones ya estaban avanzadas. Pero González Fraga es mucho más que un candidato a vice. Su nombre anticipa los alcances de la alianza antikirchnerista que decidió encabezar Alfonsín y el programa de gobierno que aplicaría.

Barniz alfonsiniano

Alianza y programa son aquellos por los que trabajaban sus dos rivales en la pugna interna radical: Julio Cobos y Ernesto Sanz. El barniz alfonsiniano cubre así un entendimiento entre el arco de centroderecha cuyo principal acuerdo es la voluntad de acabar con la experiencia kirchnerista. Su antecedente puede encontrarse en los acuerdos de gobernabilidad que radicales y justicialistas mantuvieron en la provincia de Buenos Aires o, dicho de otro modo, el eje Duhalde-Alfonsín. El acuerdo formalizado en las últimas 72 horas es la máxima exposición al duhaldismo que la UCR está en condiciones de absorber, con ilusión de curar su crónica deficiencia electoral y sin morir por sobredosis. Lo que queda de ambas dirigencias responde en forma inocultable a dictados corporativos que desmienten su discurso republicano. En sus primeras declaraciones, González Fraga dijo que el PJ debería arrepentirse de haber llevado a Néstor Kirchner a la presidencia pero omitió entre los pesares partidarios a Carlos Menem. Se comprende: además de haber formado parte de su gobierno, entre 1989 y 1991, también participó en la redacción del programa económico con el que intentó volver a la presidencia en 2003. Antes, el ex senador Eduardo Duhalde se lo había ofrecido a Néstor Kirchner, quien lo rechazó porque no quería saber nada con Francisco de Narváez, su inspirador. De Narváez había formado una Fundación Unidos del Sur, cuyo economista jefe era Martín Lousteau, y González Fraga el coordinador de un Indice de Rentabilidad de las Empresas. De Narváez también aportó fondos a la campaña de Menem en 2003. Cuatro años después, cuando Roberto Lavagna fue el candidato presidencial de la UCR, anunció que González Fraga encabezaría sus equipos técnicos de campaña y sería su eventual ministro de Economía. Esa hipótesis se frustró cuando sólo el 16,9 por ciento de las voluntades valoraron la fórmula que completaba el senador Gerardo Morales. La actual entente Alfonsín-González Fraga continúa aquella, consecuencia de la práctica extinción radical en las dos Buenos Aires, es decir aquellos distritos que fueron sus bastiones. En la provincia, el radicalismo no tiene candidato propio. En la Capital, lo representará Silvana Giudici, que se tatuó en la frente la sigla TN. El entendimiento de Alfonsín con González Fraga no sólo termina con la posibilidad de replicar en la Nación el Frente Progresista que gobierna Santa Fe. También cierra cualquier vínculo con la Coalición Cívica Libertadora, por más que su dirigente Alfonso de Prat Gay celebrara con entusiasmo la designación. Autora de duras denuncias contra JGF por sus relaciones con el traficante saudita de armas y estupefacientes Gaith Pharaon y su Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI), Elisa Carrió denunció hace un mes y medio que los radicales estaban jugando el nombre de Prat Gay como ministro de Economía de Alfonsín. Dos laderos de Elisa Carrió (su candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Carlos Morán, y la diputada Maricel Etchecoin Moro) dijeron que “lo de Alfonsín y su círculo íntimo es vergonzoso y una absoluta falta de respeto a una fuerza política que tiene programa, candidaturas y potenciales ministros serios y confiables para gobernar la Nación”. Le enrostraron a la conducción de la UCR “mala educación y descaro, oportunismo y manoseo de nombres prestigiosos”. El aviso también estaba dirigido al propio Prat Gay, porque Carrió no está segura si no consintió lo que Morán y Etchecoin Moro llamaron “una típica maniobra de los gerentes de la política”.

La fórmula del Bicentenario

Al contrario, la fórmula termina de amarrar el acuerdo de la UCR con el Peornismo Opositor, sobre la línea del Plan del Bicentenario suscrito por el ex senador Eduardo Duhalde y el ex jefe de gabinete de la Alianza, Rodolfo Terragno. En esa laguna de generalidades sólo se destaca un peñasco sólido: el plan de incentivos para la inversión transnacional en hidrocarburos elaborado en marzo de 2009 por los secretarios de Energía de Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Duhalde, los de la privatización de YPF, la exportación descontrolada de un recurso estratégico agotable y la disminución del horizonte de reservas. En forma explícita reclaman un aumento de precios para hacer atractiva la inversión. Esto implica reducir o suprimir las abultadas retenciones que junto con un intrincado sistema de subsidios han protegido a la Argentina de las abruptas oscilaciones del precio internacional. Hace menos de un año, González Fraga fue presentado como uno de los integrantes del equipo económico de Duhalde y firmó un documento según el cual la recuperación del sistema previsional había implicado “la apropiación de esos recursos para financiar proyectos carentes de sustento social”. Ahora Duhalde celebró su nominación y anunció que si hubiera una segunda vuelta en la elección presidencial y Alfonsín fuera uno de los candidatos, le daría su apoyo. No obstante, insistió que esperaba ser él quien enfrentara a la presidente CFK. Haya o no segunda vuelta, esto redefine un campo de alianzas que recién se deshilacha en las instancias municipales, donde Duhalde pelea en varias intendencias bonaerenses con De Narváez y ha cerrado trato en San Miguel con la bestia negra del alfonsinismo, el coronel Aldo Rico. La preferencia de Alfonsín por González Fraga ni siquiera impide un acuerdo radical con el PRO: en las elecciones de 2007, JGF se pronunció por el apoyo a Maurizio Macrì en la segunda vuelta contra Daniel Filmus porque, a su juicio, el ex vicepresidente ejecutivo de Sevel, “tiene dos virtudes destacables: insistió en brindar propuestas concretas y nunca les perdió el respeto a sus adversarios”. Entre quienes elogiaron la postulación de González Fraga estuvo el gobernador de San Luis y también precandidato presidencial Alberto Rodríguez Saá. Tienen una antigua relación: hace más de veinte años integraron la comisión creada por Menem para definir la estrategia de negociación con los bancos internacionales acreedores de la Argentina. Además de González Fraga y Rodríguez Saá formaban parte de esa comisión Erman González, Alvaro Alsogaray y José Luis Manzano. Todas las empresas públicas fueron ofrecidas como garantía en la renegociación. De allí surgió el programa de remate a precio vil del capital social acumulado por generaciones de argentinos en las empresas del Estado. Ese esquema, ideado por Henry Kissinger, fue la oportunidad de utilizar los depreciados papeles de esa deuda como instrumento escogido para remodelar la economía y la sociedad. Para poner el plan en práctica era preciso un waiver de los acreedores. De tramitarlo en Washington se encargó González Fraga.

El proyecto

Las definiciones de Alfonsín comenzaron poco antes de nominar a JGF. Durante una visita a la entidad patronal que agrupa a los mayores terratenientes de la pampa húmeda, Carbap, expuso su propuesta de eliminar en forma inmediata las retenciones al trigo, al maíz y a las economías regionales y, en forma gradual, a la soja. Sus anfitriones de Carbap rebosaban de alegría porque el candidato se apartó de la Federación Agraria, que apoya escalas diferenciales según el tamaño de la explotación. Tuvo un “discurso productivista”, celebró uno de los carbapianos, punta de lanza de la confrontación patronal con el gobierno del primer Alfonsín. Es posible que este anuncio ya hubiera sido consultado con JFG, quien propicia en forma insistente el reemplazo de las retenciones por un nuevo endeudamiento del Estado, al estilo de lo que sucedió durante la presidencia del padre de su compañero de fórmula y que culminó con lo que Lavagna bautizó como “festival de bonos”. Según González Fraga, el Estado entregaría a los exportadores títulos públicos, cuya cotización ronda el 80 por ciento del valor nominal, que luego se realizarían en el mercado financiero, que es la especialidad de este curioso “productivista”, según el basto neologismo duhaldista. González Fraga prevé que las retenciones a las ventas externas de soja volverán al 10 por ciento en 2014, el nivel que tenían cuando Duhalde ocupaba el Poder Ejecutivo. Este camino incrementaría la deuda pública, cuya reducción está en el núcleo principal de las políticas de los dos gobiernos kirchneristas. El propio González Fraga, al argumentar su propuesta ante la Sociedad Rural en marzo de 2010, reconoció que la merma de las retenciones también debería compensarse con un proporcional aumento tarifario, lo cual describe bien de qué bolsillos saldrían los ingresos adicionales que esto aseguraría al complejo granario. Uno de los negociadores radicales para el acercamiento de JFG fue el ex secretario de hacienda del padre de Alfonsín, Mario Brodersohn. El año pasado, en oposición al Fondo del Bicentenario que la presidente CFK constituyó para pagar compromisos externos con Reservas del Banco Central, Brodersohn propuso que el Tesoro comprara los dólares excedentes del comercio internacional, endeudándose en pesos “con el sector privado colocando Letes”, y con ellos pagara la deuda. En las últimas ediciones de su libro clásico, Aldo Ferrer cuenta cómo funcionó hace dos décadas el plan Brodersohn-González Fraga: “La política monetaria era restrictiva hacia la actividad interna y expansiva respecto del Tesoro. El resultado fue el aumento de la tasa de interés y la esterilización de la liquidez mediante el incremento de los encajes remunerados de los bancos y la colocación de los títulos públicos para absorber la liquidez excedente. Al promediar 1988 la inflación estaba otra vez desbocada, la economía en recesión, el desempleo en aumento, los salarios reales en baja y la deuda externa también en aumento”. Otro integrante de aquel equipo económico, Roberto Frenkel, escribió que el gobierno de Alfonsín redujo el déficit fiscal “avanzando por las líneas de menor resistencia”. Por si alguien no entendió, aclara: “sueldos y jubilaciones”, lo mismo que volvería a intentar De la Rúa. Un valor adicional de estas afirmaciones es que ni Ferrer, ni Lavagna ni Frenkel tienen animosidad alguna hacia Alfonsín, cuyo gobierno integraron en posiciones destacadas, ni hacia su hijo.

PROS y contras

Este cierre antikirchnerista de derecha también aleja la posibilidad de un apoyo socialista al hijo de Alfonsín aunque Binner no integre la fórmula, tal como se ilusionaba el presidente de la UCR, Angel Rozas. En cambio aumentan las chances de que el gobernador de Santa Fe encabece una fórmula antikirchnerista de izquierda, junto con algún postulante de Proyecto Sur, donde el tema está en discusión. Binner había reclamado que Alfonsín esperara hasta el 22 de mayo, cuando se decidirían las candidaturas santafesinas, con un argumento poco discutible: sólo podría analizar su proyección nacional si su ministro Antonio Bonfatti vencía en esas primarias. Eso ocurrió hace ya dos semanas, pero de inmediato Binner anunció que le gustaría ser presidente, cosa que no entraba en los cálculos radicales, lo cual demuestra que el diálogo era menos fluido de lo que se pensaba. Otro suizo empecinado, como Kirchner y como Reutemann, Binner volvió a sacar su calendario y dijo que no podría decidir nada hasta el cónclave socialista del sábado 11. Pero esta vez Alfonsín lo mandó de paseo y se escoró hacia donde soplaban Cobos y Sanz. Los radicales amenazan vengarse apostando a la derrota de Bonfatti en Santa Fe, pero si serruchan la rama no está claro cómo harían para no caer también ellos. Ahora es el turno de sufrir de Proyecto Sur, que hasta el sábado próximo no sabrá si tiene candidato a presidente o debe improvisarlo. Ya sea para completar la fórmula con Binner o para encabezarla, los prosureños barajan los nombres del ex sindicalista Víctor De Gennaro, quien amaga que quiere pero no termina de decirlo, y la socióloga Alcira Argumedo, una de las personas más próximas a Pino Solanas. Los ánimos en ese campamento no son los mejores. Solanas desmintió a su candidato a la vicejefatura de gobierno porteño, el también socialista Jorge Selser, quien había anunciado que en la segunda vuelta apoyarían al Frente para la Victoria contra el PRO de Macri, y se jactó de que el balotaje sería entre PRO y PROS. Pero en la intimidad de la agrupación se admite la hipótesis de Selser, e incluso se mentan los añejos vínculos entre quienes conducen las campañas de Solanas y de Daniel Filmus, lo cual facilitaría el enlace.


El serrucho radical


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Imagen: Joaquín Salguero
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