EL PAíS › OPINIóN

Ni blancos ni negros, rosa y grises

 Por Mario Wainfeld

Hermes Binner y Mauricio Macri, allende sus marcadas diferencias ideológicas y de trayectoria, tienen puntos en común. Ambos llegaron a gobernar en 2007, por primera vez en la historia de sus respectivos (y bien distintos) partidos. El socialismo ya revalidó, el PRO está a las puertas de hacerlo. Los dos se han lanzado a la carrera presidencial, con trampolín en Santa Fe y Ciudad Autónoma. Ahí comienzan las asimetrías. Binner competirá en las primarias de agosto, liderando el Frente Amplio Progresista (FAP). El jefe de Gobierno (amarrete hasta la médula) se guardó para el 2015, dejando un espacio vacante ahora. De ahí que los buenos resultados que sus dos paladines consiguieron en Santa Fe tengan relevancias distintas. Antonio Bonfatti quedará al mando de la provincia desde diciembre. Miguel Torres Del Sel, el boom del domingo, queda lanzado en una carrera plena de virtualidades, pero con escaso peso territorial e institucional: una comuna, un puñado de diputados. Su potencial es alto, pero tiene que construir un partido y no caer víctima del síndrome de Fernando Solanas, que en dos años dilapidó buena parte de lo que recaudó en 2009.

La prensa dominante se extasía con Del Sel y le baja el precio a la victoria socialista, lograda por un margen inferior al esperado y con una gobernabilidad dura por delante. De cualquier modo, seguirán gestionando la provincia, la fidelísima Rosario, intendencias y comunas. Del Sel es un fenómeno electoral. Bonfatti, que medía dos puntos cuando Binner lo apadrinó para la interna, es un cultor del “paso a paso” tanto como su jefe político. Claro que el oficialismo provincial (que viene siendo un semillero de ganadores) conserva el color rosa y no metamorfoseó al amarillo.

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Binner 2011: Las corporaciones no olvidan ni perdonan el apoyo de Binner a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA). Lo presionaron de lo lindo en ese trance, el gobernador se mantuvo firme. Dista de ser estridente pero es firme en sus convicciones, hasta cabezadura.

El historial parlamentario del socialismo durante el mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no es encasillable en la clasificación en blanco o negro, tan trillada en la etapa. Férreo opositor contra las retenciones móviles pero jugado a favor de la LSCA y la reestatización del sistema jubilatorio. Y promotor, por mano de una de sus diputadas, de la ley de matrimonio igualitario. De los partidos que llevan candidatos presidenciables con algunas chances, el socialismo fue el único que acompañó unánimemente la iniciativa.

El desempeño del socialismo en Santa Fe fue ratificado por el veredicto popular, digno de atención y respeto. Para el sistema político, la persistencia de una gobernación rosa es un hecho pluralista y oxigenante. Binner va a la interna abierta a que le cuenten las costillas, en aras de construir una coalición alternativa. Se jugó, mostrando ser más resuelto de lo que sugiere su parsimonia expresiva.

Anteayer, en el discurso que anunciaba el resultado, se mostró inusualmente polarizador respecto de la Presidenta y su partido. Tal vez incidió el nerviosismo de un escrutinio que el socialismo esperaba más cómodo y que durante una hora les metió pavor. Pero lo básico fue responder al debate detonado por Cristina Kirchner en sus dos visitas a la provincia. También, seguramente, interpelar al electorado campestre, que empapeló el interior provincial con votos al Midachi. Un veredicto que remite al conflicto con el “campo”, que dejó huellas políticas quizá no imborrables pero profundas.

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La insoportable levedad Del Sel: Con un armado político muy desparejo frente a peronistas y socialistas, Del Sel consiguió una marca asombrosa en las primarias. En dos meses le sumó más de veinte puntos porcentuales, más o menos lo mismo que se le escapó al Frente del diputado kirchnerista Agustín Rossi. El atractivo del candidato para más de un tercio de los ciudadanos locales es irrebatible y seguramente habrá hecho vibrar el ascómetro de Fito Páez.

En el comando electoral del Frente para la Victoria (FpV) aseguran que el Midachi creció exponencialmente tras las elecciones en Capital. Quince puntos en quince días, ponderan. Como fuera, hay allí un fenómeno de popularidad cuya traducción futura dependerá de numerosas variables, empezando por la aptitud del protagonista para laburar desde el llano durante por lo menos dos años.

Con un capital que soñarían dirigentes con años de militancia, Del Sel estará en el candelero esta semana, tratando de propagar su buena onda triunfalista entre los porteños. Qué podrá hacer luego respecto de sus votantes de cara a las primarias obligatorias es un enigma.

Desde ya, será figurita requerida y re-querida para los peronistas federales, que celebraron a viva voz y robando cámara. De Eduardo Duhalde para abajo computan esos votos como propios. En el kirchnerismo se sigue apostando a la existencia de “preferencias cruzadas” según marcan las encuestas, tan vapuleadas en este mes. Las urnas, el 14 de agosto, darán mejor respuesta que la intuición del cronista.

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Un día muy chivo: Una cuestión esencial, de ardua dilucidación, es cuánto incidieron los dirigentes peronistas no kirchneristas en la migración del voto hacia PRO. No cabe duda de que se abrieron, aunque resta saber si lo hicieron jugando ya a ganador o propiciando el viraje. El propio Reutemann ¿provocó el éxodo o se montó en una ola visible que, claro, le cae de perillas? No hay por qué desdeñar análisis que combinen los factores.

Rossi desalentó, el domingo, gritos de sus militantes acusando de “traidor” al intendente de Rafaela, Omar Perotti. Luego, cuentan en su torno, habló con él y le ratificó: “No creo que hayas traicionado, sí que tenemos electorados diferentes”. No se los contuvo, es notorio. Los que miran los guarismos en detalle resaltan el triunfo avasallante de Del Sel y Perotti en Rafaela versus una debacle del Chivo Rossi. Baqueanos del territorio compensan advirtiendo que en 1999 Domingo Cavallo fue el candidato presidencial más votado allá.

Venado Tuerto es otra ciudad donde el abismo entre Rossi y el intendente (que clavó más del 66 por ciento de los votos) fue sideral.

Rossi contaba con datos sobre la arremetida de Torres Del Sel. Por eso dispuso el escenario del domingo prescindiendo de imágenes de la Presidenta para cargar en sus propios hombros toda la desdicha del resultado. En las vísperas había bosquejado dos discursos, para el segundo o tercer puesto. La magnitud de su bajón lo conturbó, aunque se bancó la derrota exponiéndose, cual es su costumbre. Recibió llamadas de funcionarios nacionales (los ministros Julio De Vido y Julián Domínguez, el secretario Juan Manuel Abal Medina). Se replegará en el Congreso en pos de minimizar el daño y hacer de pararrayos.

En su derredor, hay agradecimiento a la Presidenta por su viaje a la provincia cuando ya todo olía mal. Se despotrica contra el gobernador Daniel Scioli, que le hurtó el cuerpo a Santa Fe y ayer ponderó a Del Sel quien, como él, derivó de otras ligas a la política.

El coherente Rossi pagará, todo lo indica, el costo de la derrota. La estrella de la diputada electa María Eugenia Bielsa se eleva.

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Los otros dos ganadores: Bielsa prevaleció en la elección a diputados provinciales, encabezará la mayoría en la Cámara. La boleta única propicia el voto por categorías, mayor independencia en los hechos del votante. La oferta de PRO en ese rubro era insulsa, como cualquiera de sus listas sin la foto de Del Sel. Hubo (por usar un vocablo ajeno a la metodología aplicada) “corte de boleta” masivo. Además, Bielsa sintonizaba mejor con el resto del peronismo provincial. Subsiste como la única ganadora kirchnerista de la compulsa, con un futuro en alza.

Entre los socialistas hubo un tercer ganador, amén del gobernador actual y su sucesor. Fue el intendente de Rosario, Miguel Lifschitz, que tiene la sangre en el ojo porque Binner no lo postuló para el Ejecutivo provincial. La diferencia en Rosario fue sideral, base de la apretada lograda en la provincia.

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Derivaciones: Las oposiciones rezuman triunfalismo. Se probó, arguyen, que el kirchnerismo no es invencible. Apelemos, de nuevo, al gris o a la dialéctica. Los traspiés del oficialismo en Capital y Santa Fe repiten la escena de 2007, navegaban entre lo muy factible y lo cantado. Pero la magnitud sorprendió y puede aludir a un electorado anti K que toma cualquier bondi (¿o bondis de derecha, preferenciales?) que lo deje bien. Un signo pro-polarización vía voto útil.

Los resultados tonificaron a la dirigencia opositora y combaten contra un clima que daba (prematuramente) por reelegida a la Presidenta.

La irradiación a las presidenciales de los votos a gobernador es de ardua predicción. PRO no compite y el resto está fragmentado en una oferta que describe la carencia de liderazgos y de aptitud de convocatoria de los referentes A. La dispersión no es pasible de reforma actual, el régimen de primarias tapia esa salida. Otro gallo cantaría si Macri estuviera ahora en capacidad de deshojar la margarita...

Las cuestionadas listas sábana de las internas son una ventaja adicional para el kirchnerismo, cortar boleta es peliagudo. A su vez, las reglas le vedan retocar sus listas confeccionadas con una enorme (ya se verá si atinada) fe en que “Cristina tiene los votos necesarios y tracciona para arriba”.

El inédito ensayo general del 14 de agosto es inminente. Producirá un dato sólido, los votos. Después, a todos los competidores les quedarán dos meses para ajustar o reorientar sus campañas. En Santa Fe, en ese lapso ocurrieron sucesos inesperados, rotundos, innovadores, aunque ganó, con lo justo, quien era local y favorito.

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