EL PAíS › OPINION

En el Limbo

Un estadio extraño, entre las primarias y las presidenciales. Profundizar o no ser, he ahí la cuestión. El viento de cola, una pobre explicación. Pilares del modelo, que fueron apareciendo. Desafíos en ciernes: educación, salud, vivienda, transporte. Las miradas y las preguntas en Palacio. Gestos y señales de la Presidenta.

 Por Mario Wainfeld

El ex presidente Néstor Kirchner se refería al Infierno y al Purgatorio para explicar los objetivos y la dimensión de los logros de su gobierno. Para pintar el (curioso, interino y rotundo) escenario diseñado por las primarias tal vez se pueda acudir a otra imagen: la del Limbo.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner no ha sido reelegida pero todo indica que lo será. Las diferencias con sus adversarios se conocerán cuando cuadre, el día señalado, pero en sustancia se dan por hechas. Está terminando el mandato, en campaña para conservar o incrementar su apabullante caudal de votos. Pero en el Agora, entre las corporaciones o en Palacio, se obra como si ya se viviera la transición o el comienzo del segundo período de la Presidenta, tercero de su partido. Se anticipan los debates y las acciones... hasta un cierto punto. Sin primarias, lo primordial sería conocer las encuestas. Hoy día, es pispiar el horizonte y atender a “qué hará Cristina”.

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Qué querrá decir: Profundizará el modelo, anuncian los leales. Profundizar es chavizar, simplifican y quieren aterrar los opositores agoreros. Tal vez valga la pena pensar qué quiere decir, en cada caso, “profundizar”. Repasar qué ocurrió en los recientes cuatro años es un antecedente interesante. Traducir algunas señales de la Presidenta, un ejercicio inevitable, acaso prematuro, porque sus discursos y gestos de hoy tienen (en proporciones indiscriminables) elementos de campaña y de señal hacia el 2012.

Por lo pronto, expresándolo con una demasía, sería ridículo esperar algo similar a un programa cuatrienal. Ni la Argentina ni la aldea global habilitan esos ejercicios. Baste mirar lo que ocurre en el techo del mundo cuyos gobernantes chapucean (y, ay, improvisan) en el día a día, sin que les alcanzaran siquiera las inversiones fabulosas realizadas dos años atrás (ver asimismo nota aparte). En el caso del gobierno de Cristina Kirchner, las medidas más rotundas de profundización son ajenas a su libreto (y a su imaginario) de 2007. La estatización de las AFJP, la Asignación Universal por Hijo (AUH) y aun el pago de deuda con reservas del Banco Central fueron acuñados en la coyuntura y devinieron pilares. La última (la más afín al paradigma previo) data de marzo de 2010, fecha desde la cual primó la continuidad sobre las novedades.

De todas formas, si no hay una cartilla para escribir, sí hay de-safíos o dificultades planteados. Instrumentos menos eficaces que antes, variables menos alineadas, objetivos novedosos.

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Lo que el viento no llevó: El contexto general es de mejora, de punto a punto. El viento de cola es pobre insumo para explicar todo, por varios motivos. Mencionemos los dos más básicos. El primero es el punto de partida en el que, lejos de tener un bergantín con velamen desplegado y flamante, se flotaba malamente en una balsa de madera podrida y sin remos. Con un Estado inerme, poder político débil, cuasimonedas empapelando el mapa nacional, desempleo record, salarios de miseria.

El segundo motivo es que había alternativas al rumbo elegido. El desendeudamiento, que implicó un viraje notable en las acciones soberanas y riesgos extremos, no flotaba en el viento ni en los paradigmas dominantes. La política de creación de empleo, la lucha contra el trabajo informal, la restitución de las paritarias con sentido fueron opciones virtuosas, vaya si había otras en la caja de herramientas.

El país no arrancó de cero, sino de magnitudes negativas. El oficialismo hizo lo suyo. Y la gente de a pie acompañó con esfuerzo, con la proverbial laboriosidad y capacidad de rebusque “argentas”. Y también, conducta escasamente reconocida y enaltecida, con autocontención y templanza frente a privaciones brutales, confiscaciones de sueldos, jubilaciones y ahorros, caída a extremos jamás concebidos. La gente de a pie bancó y no se desbordó. Ahora, todo lo indica, acompaña al Gobierno que trajinó del infierno al Purgatorio y mejoró sus trayectorias. Millones de personas con trabajo formal o changueando mejor que en el pasado, jubilados que no estaban en condiciones de serlo, menores cuyas familias perciben la AUH, una cantidad estimable de computadoras explican y justifican el apoyo popular. He ahí una de las claves del consenso y el sufragio.

Para muchos ciudadanos, el centro de la vida discurre de casa al trabajo y del trabajo a casa. Ese devenir incluye, entre otras gracias, trabajo, casa y transporte digno. Lo que nos lleva, por así decir, de la mano, a los ejes para el futuro gobierno. Que no son (exclusivamente) las metas alcanzadas sino que deben bucearse (como le cabe al mejor peronismo y al kirchnerismo) en el ángulo de la demanda. Frente a algunas necesidades que son derechos, profundizar será ahondar, perseverar. Frente a otras, reformar, generar instrumentos novedosos. Frente a otras, será la hora de cambiar. Es tan prematuro como inexorable sondear esos temas en el Limbo.

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Un camino marcado: En materia educativa, cree el cronista, se transita un camino interesante, aunque falte mucho para llegar a las metas. Los recursos económicos llegan antes que los saltos de calidad en una etapa de bonanza y nada hay de chocante en esa secuencia.

Se cuenta con una base material interesante: una asignación presupuestaria digna, salarios de docentes e investigadores muy superiores a cualquier memoria histórica cercana, construcción de infraestructura. La AUH incentiva que los jefes de hogar de sectores populares más vulnerables manden a los chicos a la escuela. Y, al achicar el nivel de indigencia, reduce las (todavía chocantes) diferencias entre alumnos en el punto de partida.

Queda tanto por hacerse aunque se ha progresado notoriamente.

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Curarse en salud: En materia de salud, el panorama es deficitario y clama por una reforma sustantiva, hasta fundacional. Tres subsistemas conviven malamente (el público, las obras sociales, el sector privado). El gasto es enorme, con sacrificios económicos altos de la población, el rinde no es proporcional. Se mantienen las rémoras básicas de la salvaje descentralización impuesta por el menemismo.

En el gobierno de Kirchner, la gestión del ministro Ginés González García implementó un haz de programas y políticas creativas atentos a los efectos devastadores de la crisis. Los dos ministros que lo siguieron, Graciela Ocaña y Juan Manzur, menos capacitados y enchufados que Ginés, poco y nada agregaron.

Nunca se fue, de cualquier modo, al meollo del problema que es un ¿sistema? destartalado e ineficaz, gastador sin rédito. Los sueldos de médicos y enfermeras superan a los del pasado ominoso pero no alcanzan para un servicio digno que, además, se reparte de modo muy desigual en diferentes distritos.

Hay en este rubro intereses instalados, con fuerte capacidad de lobby, en los sindicatos y en el sector privado. Una reforma valedera colisionaría, en alguna dimensión, con sus facetas más deplorables. Ese es un freno en lo táctico pero parte del desafío, en lo estratégico.

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Dialéctica en tránsito: Los viejitos Hegel y Marx tenían un método aconsejable. La dialéctica explica al universo, también a la dimensión política o económica. La producción y los números galopantes de venta de autos nuevos y usados espejan al consumo, añaden bienes a los hogares, dinamizan el mercado interno. Pero generan exigencias de infraestructura y disfunciones. A la cabeza, las espantosas cantidades de accidentes de tránsito que, si se miran bien, se reparten (como casi todo) con inequidad. Los peatones, los que viajan en moto, las personas mayores están entre las víctimas más frecuentes. Una política de transporte que se centra en la baratura del pasaje es válida en un primer estadio. Pero hace agua cuando la crecen las cantidades de pasajeros y cuando se sofistica el nivel de sus demandas.

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Una casa en el mundo: La vivienda, el hacinamiento urbano, la calidad de vida de millones de familias no conjugan con el crecimiento general o con los standards de otros argentinos, lo que incluye compañeros de clase más aventajados. Todo modelo conlleva ganadores o perdedores relativos, el actual tiene (por la parte baja) dos velocidades. El acceso al hábitat es un flagrante indicador de asimetrías.

Estallidos cercanos en el tiempo como los del Parque Indoamericano, el conurbano bonaerense y Jujuy son síntomas de una necesidad insatisfecha. Son tangibles y difíciles de exagerar las repercusiones cotidianas del hacinamiento, carencias de estructura sanitaria, trabas en el acceso a la vivienda decorosa. El autor de estas líneas, con una mirada impresionista, cree que la Ley de Tierras que se discute en el Congreso aborda el aspecto menos determinante y urgente de esa problemática. La posibilidad de acceso de personas de bajos recursos a la tierra en sectores urbanos le parece mucho más importante. Una demanda social de primera magnitud, una luz roja en la convivencia social.

Y la concentración en manos de cualquiera (nacional o extranjero) es un intríngulis más complejo y denso. De cualquier forma, el cronista piensa que precede, conceptualmente, a la extranjerización, ardua de definir en una era de trasnacionalización de los capitales.

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Señales: La Presidenta desgranó definiciones (verbales o gestuales) en los meses recientes, acollarémoslas. Su discurso en José C. Paz, la extrema injerencia en la confección de las listas electorales, sus parates a demandas sindicales o del “territorio” conjugaron una apuesta a reforzar su autoridad, apostando a la legitimidad electoral. Da la impresión de que la jugada será exitosa. Los reflejos de las corporaciones gremiales y patronales ulteriores a las primarias internalizaron el mensaje.

En materia de propuestas hay un combo sugestivo: los discursos ante la UIA en Tecnópolis, la presentación del plan agrícola, la resolución del Consejo del Salario y los aumentos diferenciales de la AUH, y las asignaciones familiares para los trabajadores formales. Un énfasis en la industrialización, un enfoque “desarrollista” que se adiciona al laborismo K, un afán de moderar o conducir la puja distributiva, un tono dominante de concordia que no ha sido frecuente en el kirchnerismo. Son insinuaciones, nítidas y coyunturales a la vez. Dejan picando enigmas, que el tiempo ayudará a develar. Cuánto se tributa a la coyuntura, cuánto alude al panorama de los años venideros, cuántas intenciones pueden concretarse y cuántas no.

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El elenco y los recursos: En Palacio nadie levanta la voz ni expresa ambiciones o deseos. Los hay pero son disfuncionales en el manual de estilo del kirchnerismo. Hay mayoría (no unanimidad) de ministros que quisieran quedar. Hay versiones o un consenso entre sus pares acerca de que Florencio Randazzo calzaría para Jefe de Gabinete. Hay un ministro que se va, Julián Domínguez, que sinceró que le gustaría seguir pero seguramente deberá “armar” desde el congreso su proyecto de destronar en 2015 al gobernador Daniel Scioli.

Nadie es designado ni relevado en las vísperas. Y nadie conoce las decisiones últimas de Cristina Kirchner, quien las reserva hasta último momento y sabe encriptarlas. Todo lo que se departe en los pasillos son especulaciones, traducciones, deseos. En ese plan, el cronista supone que, política de raza como es, la Presidenta no tiene cerrado ningún paquete de acciones antes del momento en que éstas sean implementables. En el Limbo se discurre, no se resuelve.

Con muchos cambios de elenco impuestos por los pases al Congreso, la Presidenta (si triunfa) deberá imaginar un elenco que le agregue valor, que le amplíe agenda, que le sume elementos para conducir.

Entre tanto, en el Limbo lo que cabe es mantener la ventaja, no incurrir en errores no forzados. Para eso la oposición ayuda, qué duda cabe. Ocho años de crecimiento sostenido con sustentabilidad política y económica agregan su cuota.

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Imagen: Télam
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