EL PAíS › UN DESAYUNO CON FELIPE SOLá

“El Gobierno tiene que entender que el hombre común no es un militante”

 Por Fernando Cibeira

Felipe Solá anda a caballo. Lo hace literalmente y también de manera figurada. Por ejemplo, a caballo entre su vida familiar en General Rodríguez y la política como diputado en Buenos Aires. Y también a caballo entre el kirchnerismo y la oposición, reparte críticas y elogios para ambos, una especie de “no lugar” en momentos que el escenario se encuentra tan polarizado. Al kirchnerismo le cuestiona que no busque ampliar su espacio de apoyos a la oposición que ni siquiera se sabe cuál es su propuesta económica.

El encuentro es en las oficinas de Solá, en uno de los anexos de la Cámara de Diputados. Hay un amago de ir a un bar pero mejor no. Solá cuenta que a veces sufre un poco ser una cara conocida en la política. “Me putean más los antikirchneristas que los kirchneristas”, comenta. Y que no es de quedarse en el molde si lo insultan o lo acusan de algo. Que en alguna de esas ocasiones si hubiera habido alguien con una cámara cerca tal vez podría haber terminado su carrera política. No sucedió.

Es un momento tenso de la coyuntura que ha sabido de pocos remansos en los últimos años. Solá equipara la pelea del Gobierno con el Grupo Clarín a propósito del 7D como “una nueva 125, tal vez más pesada”. Que el Gobierno ve este debate como “el centro del futuro” mientras que la gente en la calle se pregunta “qué es esta locura”. “El Gobierno tiene que entender que el hombre común no es un militante”, cuestiona. Es una crítica que repetirá al hablar de otros temas: que el kirchnerismo pareciera hacer política sólo para los propios y deja de lado la posibilidad de sumar a los que no están tan convencidos. “Los límites del Gobierno no son porosos, son barreras”, grafica.

Empieza a hablar sentado pero a medida que va desgranando sus ideas Solá se para y recorre la habitación para un lado y el otro. Algunas cosas ya las tiene elaboradas, como cuando retrotrae la situación al conflicto con el campo o “cómo ellos perdiendo ganaron y nosotros ganando perdimos”. Porque resultó que “la mitad pobre de la Argentina estaba acá”, como pudo notarse, recuerda, en las celebraciones del Bicentenario. “¿Y nosotros dónde estamos?”, dice que buscó plantear en la oposición, pero que “nadie quiso revisar nada”. Antes, Solá había armado aquella alianza electoral con Mauricio Macri y Francisco de Narváez. Hoy la atribuye a una lectura equivocada del momento y, aclara, “ese acuerdo ya estaba roto antes de la elección”.

¿Entonces podrá repetirse la situación con el 7-D? “No, porque la mayoría de la gente no interpreta esta pelea como la ve el Gobierno y la militancia”, responde. “Desde el punto de vista del ciudadano común es nefasto, pero es cierto que yo pensaba lo mismo de la 125”, concede. Lo que piensa, entonces, es que “el cristinismo es más chico que el kirchnerismo”, que se trata de “un circuito cerrado y han perdido 14 puntos de apoyo”. Y que la pregunta es si el peronismo no debería conducir un proceso más amplio que devuelva al oficialismo un nivel de respaldo por encima del 50 por ciento. “Porque uno sigue a un líder político es porque tiene principios y porque gana, porque si fuera sólo por los principios por ahí tendríamos que estar siguiendo todos a Pino Solanas y no es lo que pasa, ¿no?”, apunta.

Pregunta si hacen falta galletitas, otro café o tal vez mate, otra de sus conocidas aficiones. Solá plantea un paréntesis con el fotógrafo, una charla sobre películas de los ’60, música y Bob Dylan. Da la sensación que la digresión le resulta más placentera que la entrevista. Hoy que no está en campaña, la política es una ocupación más, que debe compartir el tiempo con su nieta y con sus amigos. “Trato de ayudar en lo que puedo a la gente que conozco”, explica.

Recuerda que acompañó algunas de las últimas iniciativas del Gobierno, como la estatización de Ciccone Calcográfica, la reforma de la carta orgánica del Banco Central y el Presupuesto. También que “entiendo perfectamente” la decisión de retener dólares, así como la exposición de la semana del viceministro Axel Kicillof en defensa del Presupuesto. “El objetivo es correcto pero eligen mal la forma de presentarlo”, sostiene. Porque “los ricos no necesitan comprar dólares para viajar, el que tiene que comprar es el tipo que quiere ir con la familia a Brasil y no lo tenés que maltratar”.

En fin, dónde se ubica Solá entonces. “Lo que perdió el Gobierno no tiene porqué ganarlo la derecha. Hay un espacio. Lo puede recuperar el Gobierno ampliando, yo estoy dispuesto a dar ese debate”, avisa. De lo contrario, agrega, hará “su propio camino” con su partido. El año que viene termina su mandato como diputado y piensa en renovar.

Incluso, analiza que La Cámpora representa “una militancia juvenil que todos quisiéramos tener” y que Unidos y Organizados es “lo mejor que puede hacer” el kirchnerismo. Pero, pregunta, ¿amplía? “No, es algo defensivo. No se va a ganar votos con ello.” Tampoco ve mucho destino en la oposición. “¿Cuál es su proyecto? Tienen gente, incluso algunos podrían ser presidente, pero no hay proyecto económico”, asegura. Es lo que analiza mientras va y viene por la habitación y se prepara para un fin de semana que por ahora tiene más de familiar que de político. Por ahora.

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