EL PAíS › OPINIóN

A votar se ha dicho

 Por Mario Wainfeld

Las disputas interpretativas están de moda. Las elecciones de octubre agregarán su cuota, nada desdeñable. Sólo para empezar habrá cuatro ejes de discusión y análisis:

a) La suma total de votos del oficialismo y de las otras fuerzas. El kirchnerismo “competirá” contra su floja performance de 2009 y la excelente de 2011. Un escenario posible, hasta probable, es que supere las cifras de la elección parlamentaria y quede por debajo del éxito en la presidencial. En tal caso, “las oposiciones” podrán hablar de un tobogán irremontable, el kirchnerismo de su vigencia. Sobre todo (y éste será otro factor a considerar) si queda a buena distancia del partido o coalición que salga segundo.

b) La cantidad de bancas obtenidas. El Frente para la Victoria (FpV) hizo mala cosecha de diputados hace cuatro años, son las bancas que se renuevan. Sus perspectivas de mantener el número son muy amplias, las de aumentarlas también. Para el radicalismo será arduo mantener a los diputados que entraron entonces, entreverados en el surtido de alianzas que se enrolaron en el llamado Acuerdo Cívico y Social, una bandera de conveniencia que cubrió ententes de todo tipo. La Coalición Cívica arriesga todas sus bancas en el Congreso nacional, con pronóstico reservado. El PRO sólo acumuló en su feudo, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Esta vez podrá añadir en Santa Fe y en la provincia de Buenos Aires, si “arma” bien. Para el Frente Amplio Progresista (FAP), formado por varias fuerzas que confluyen aunque aspiran a conservar sus espacios propios será todo un desafío sostener su segundo lugar y mantener la unidad. Los principios son importantes, pero cuando se arman las listas, las divisiones por despecho acechan al más pintado.

En el Senado se renueva un tercio del elenco versus la mitad de Diputados. Y la votación de referencia es la de 2007, propicia para el kirchnerismo. Ahí será difícil para el oficialismo mantener lo que tiene, ni qué hablar de crecer. En la Capital, por esos avatares de la política, cuenta con dos senadores que acompañan a la Casa Rosada, pese a haber obtenido un solo curul. Es peliagudo que en octubre mantenga esa primacía, también será arduo conservar los tres votos que suele recibir de los senadores fueguinos.

El PRO, que dilapidó su ocasión en 2007 y no entró al Senado, tiene que buscar revancha en el redil porteño. El senador por minoría ya lo mejoraría pero sería un mal trago, en el distrito más propicio. Una paradoja parecida a la que acecha al kirchnerismo en el plano nacional.

Para la Casa Rosada será sustancial mantener la mayoría estrecha (que se plasma en cada sesión) de Diputados y Senadores. Es una de las claves de la gobernabilidad futura. Uno de los recursos institucionales con los que puede contar para transitar el bienio de fin de mandato. El kirchnerismo también cuenta con las herramientas de todo aquel que gobierna, subestimadas en los análisis “republicanos”: los logros de la gestión, el modo en que viven los argentinos, la lectura de cada uno de ellos respecto de cómo le está yendo.

c) La perspectiva de una reforma constitucional, medida en la exigencia de contar con dos tercios de cada una de las Cámaras. Una valla que parece muy difícil de saltar. Las oposiciones han tenido la astucia de proponer este issue como central, en 2012. Les da una bandera común, que no tiene muchas. Y posibilita que se decrete vencedora si el kirchnerismo no llega a juntar esa bocha de bancas, más allá del resultado estricto del reparto en el Parlamento.

d) El reacomodamiento, si lo hay, de las fuerzas opositoras y de sus líderes. Las alianzas o coaliciones son, por ahora, pura especulación de verano.

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Aspirantes en pugna: El ex gobernador Hermes Binner, el candidato mejor parado en las presidenciales, debe volver al ruedo y jugarse una parada brava para entrar a la Cámara baja, compitiendo con el FpV (su tradicional rival) y con el cualunquista PRO Miguel del Sel. Santa Fe puede ser clave para generar horizontes futuros. El Midachi estuvo a un tris de ganar la gobernación, es un adversario fuerte para los dos partidos dominantes en la provincia.

Entre los radicales, el ex vicepresidente Julio Cobos imagina primar en Mendoza y reposicionarse como presidenciable. Su relativo potencial desnuda las limitaciones de liderazgo de la Unión Cívica Radical (UCR). Por ahora no emergen otras figuras fuertes con perspectivas de triunfar en una provincia grande. En ese terreno, parecen haber quedado muy atrás del macrismo y del FAP, que también arriesgan mucho.

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Sin Néstor ni Cristina: El kirchnerismo disputó cinco elecciones nacionales desde 2003. Suele decirse que perdió esa vez, distorsionando los hechos y premiando la mala fe del ex presidente Carlos Menem. Ganó, porque quedar segundo del riojano en la primera vuelta era asegurarse una goleada favorable en la segunda. Así las cosas, el oficialismo prevaleció en cuatro de las elecciones y fue derrotado en 2009.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner siempre se impuso con holgura, superando los pronósticos. El fallecido ex presidente Néstor Kirchner ganó una y perdió una. Esta será la primera ocasión en la que no estará ninguno de ellos en alguna boleta electoral. Es un dato relevante, una merma para el oficialismo. Y acaso una pista de ensayo para el 2015 cuando, si no hay reforma constitucional, será inevitable un reemplazo.

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La atonía sin éxtasis: Los comicios de 2005 fueron proféticos acerca de la viabilidad del kirchnerismo, tanto como de las condiciones políticas y virtualidades como candidata de la presidenta Cristina.

Los de 2009 pronosticaron una caída que no ocurrió. El actual oficialismo fue, desde 1983, el único que repuntó tras un revés dos años antes de la renovación presidencial. Revisó sus premisas, renovó su agenda, apostó a doble o nada.

De cualquier forma, ese fue el momento más propicio para sus adversarios, sobredeterminado por el conflicto de las retenciones móviles. Los opositores políticos dejaron pasar ahí su oportunidad, mal conducidos por los grandes medios y las patronales agropecuarias.

No está escrito que esos escenarios se repitan como calco. Nada es igual al pasado y los protagonistas tienen memoria, se supone.

Igualmente, da la impresión de que las oposiciones juegan casi todas sus barajas a una debacle del gobierno nacional. El agotamiento del ciclo, la factible ausencia de la líder del oficialismo, fallos adversos al Estado en el caso Clarín o en la Cámara de Nueva York, conflictos sociales o sindicales... No es una apuesta ridícula: al fin y al cabo en sistemas democráticos estables las elecciones son gobierno céntricas: mayormente las gana o las pierde el oficialismo. Pero es una apuesta mezquina, algo catastrofista y connotada por la falta de laburo y creatividad políticos. Poco o nada han construido los opositores. Nadie oferta un programa alternativo, diez medidas, una pista acerca de cómo mejorar las políticas sociales del kirchnerismo. Contados encuentros de militantes, nula producción de think thanks o de encuentros de dirigentes o profesionales. Los medios hacen lo imposible por embellecer la oferta alternativa, pero los protagonistas no ayudan, por lo general.

La Argentina es más predecible hoy que a principios de siglo. Hay deficiencias de información, algunas graves como el índice nacional de precios al consumidor. Pero, así y todo, hay números más certeros sobre recaudación impositiva, reservas acumuladas, predicciones de cosechas... hasta sobre la cotización oficial del dólar. Y cien etcéteras. La oposición critica el “relato” kirchnerista ofreciendo otro, que guarda silencio sobre los desempeños previos de peronistas federales y radicales. Pero nada propone sobre la Argentina futura, que no sean generalidades.

Su baza es que el kirchnerismo pierda por K.O. y que la piña la ponga la realidad, el contexto o como usted quiera llamarlo. Puede suceder, es un enigma qué sobrevendría.

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Los que se mueven: El diputado Fernando “Pino” Solanas primerea con su candidatura a senador porteño. Movida astuta, que puede impactar en una competencia en la que el PRO y el FpV no dejan lugar para muchas opciones más.

El intendente Sergio Massa se constituye en referencia provincial. Los intendentes lo rondan, lo ven con potencial. La mirada de los colegas siempre es digna de atención. Los sondeos (menos rigurosos, sobre todo cuando faltan meses) le asignan buena intención de voto en Buenos Aires. Es verosímil, no así las proyecciones nacionales que algunas consultoras le atribuyen a un alcalde que debe ser desconocido para la mayoría de los no bonaerenses. Massa, que es binorma como el gobernador Daniel Scioli (puede jugar con oficialismo u oposición), podría ser un tercero relevante en discordia. Habrá que ver si se lanza y cómo se lanza.

El gobernador chaqueño Jorge Capitanich agrega una innovación a la nutrida picaresca electoral. Declara que será candidato a senador. Una testimonial ma non troppo o intermitente. Si las cosas no van bomba, el hombre podría ir a la Cámara alta dentro de dos años.

El oficialismo no ha dado aún con una figura taquillera para “la provincia” (Buenos Aires, se entiende).

Todos están en campaña aunque no lo muestren y los movimientos sean lentos y poco atractivos.

Las elecciones distritales (legislaturas de provincias y municipios) añadirán complejidad. Dos provincias renuevan gobernador, entre ellas Corrientes, el último bastión del radicalismo. Al interior del FpV habrá que ver si la Presidenta puede hegemonizar las listas como lo hizo la última vez. Dependerá mucho de cómo le vaya en la gestión, que es la mayor vara de medida de los gobiernos. Y condicionará su soltura para seguir gobernando.

La carrera dará para mucho, habrá que ir viendo.

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