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Confesó pero murió

El ex represor Guillermo Enrique Bruno Laborda, quien era juzgado por crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención cordobés La Perla, falleció esta semana en el Hospital Militar Central Cosme Argerich a causa del cáncer terminal que padecía. Debía comparecer ante la Justicia por una privación ilegítima de la libertad y cinco homicidios calificados, los cuales había confesado en el 2004 en una carta al entonces jefe del Ejército, Roberto Bendini. Con el argumento de criticar a la Junta Superior de Calificaciones de Oficiales que le rechazaba el ascenso al rango de coronel, allí detalló lo “que la oficialidad superior le ordenó hacer cuando era subteniente y teniente” durante la dictadura. En la misiva relató que “a mediados de 1978” procedió a “dar muerte a balazos, por separado, a cuatro condenados subersivos”, en lo que calificó como “una ejecución a sangre fría brutal”. También se refirió al homicidio de Rita Espíndola, quien había dado a luz a su hijo un día antes. “Nunca supe el destino del niño o niña, que un día antes de la muerte de su madre naciera en el Hospital militar de Córdoba.” La militante de HIJOS Córdoba Julia Parodia lamentó que queden impunes sus delitos, ya que “era uno de los únicos que habían confesado”.

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