EL PAIS › OPINION

De estruendos peligrosos y fuegos de artificio

 Por Mempo Giardinelli

Tal como sucede cada año en esta época, esta semana estuvo signada por los peligrosos estruendos que provocan las batallas salariales entre el sindicalismo docente y los gobiernos (el nacional y de cada provincia), mientras millones de familias miraban la puja por TV y con sus hijos listos para ir a las escuelas, lo que sólo fue posible en pocas provincias.

Por el gobierno nacional negocian todavía el jefe de Gabinete y los ministros de Educación y de Trabajo, y del otro lado un pool de gremios que en algunas provincias se cuentan por docenas, lo que no es exageración ni metáfora. Las dificultades de estas paritarias no son menores, además, porque los fondos escasean y el “ejemplo policial” de las sublevaciones de diciembre fue y sigue siendo pésimo.

Así las cosas, al cierre de esta nota el inicio del año escolar sigue en veremos. De un lado se ve dureza en el gobierno nacional, que casi no tiene docentes en nómina y más bien funciona como orientador de paritarias provinciales, y del otro se observa cierta vocación de arreglo en muchos gremios, pero en pugna con la dureza extrema de los más numerosos.

La cuestión ya se resolvió en unas pocas provincias que están normalizando sus clases, pero se mantiene abierta en la de Buenos Aires, que es como decir un tercio del país y, por lejos, la más conflictiva. En la Capital, en cambio, aunque ya se alcanzó un acuerdo salarial subsisten problemas por la tosudez macrista de sostener un pésimo sistema de inscripciones y por su resistida “solución” de pretender que containers en desuso funcionen como aulas.

Para esta semana que viene, entonces, todo sigue abierto aunque es previsible –y deseable– que se acerquen posiciones y se cierren acuerdos de entre el 25 y el 35 por ciento de aumento salarial docente. Al gobierno nacional, como a los provinciales, no parecen caberles otra opción, a menos que se arriesguen a que, por seguir la pulseada, esto desemboque en un indeseado conflictazo.

Claro que también hubo fuegos artificiales, y de variados colores y diversa intensidad. El más notorio fue el sorpresivo cambio de la oposición respecto del nuevo Código Penal, que es un instrumento necesario y urgente, dado que la Argentina tiene, desde 1921, una especie de enjambre incomprensible en la materia que es hora de ordenar en un nuevo Código. Resultó asombroso, y argentinamente patético, el veloz ensamble de voces negativas que –es obvio presumirlo– se lanzaron a oponerse sin haber leído el texto de un proyecto que es sólo eso, un proyecto, y que ni siquiera tiene estado parlamentario.

Después de que picó en punta el diputado Massa, el primer apoyo que logró fue el de su mentor y ex presidente, Sr. Eduardo Duhalde, pero en sólo un par de días se sumaron todos los demás opositores, desde el Sr. Macri hasta los más connotados radicales, socialistas y unensistas. Todos acabaron sumándose a la propuesta de Massa, cada uno con su retórica, pero todos atrás de él.

El descarte del Código –que fue trabajado con la participación de importantes referentes del PRO y de la UCR, como los doctores Federico Pinedo y Ricardo Gil Lavedra, a los que dejaron mal parados– se basó en la dizque blandura de ciertas penas, la idea de eliminar la prisión perpetua y cierto supuesto espíritu, Massa dixit, de “favorecer a los delincuentes y no a los trabajadores”.

El disparate –negarse a debatir el proyecto en el Congreso lo es– muestra una vez más el oportunismo y ligereza con que, por desdicha, suele manejarse la oposición política en la Argentina.

Pero la semana fue compleja, además, porque estuvo también determinada por casos policiales de esos que frecuentan Clarín, La Nación y la telebasura, y entre ellos las narcocuestiones: el asesinato de un sicario colombiano en Palermo; la detención de jóvenes vinculados con el mundillo de celebridades y modelos; y la rotunda respuesta del canciller Héctor Timerman al Departamento de Estado norteamericano, que en su tradicional estilo entre paternalista y soberbio difundió un informe sobre narcotráfico en el mundo en el que se declara que la producción de cocaína argentina es “pequeña, pero resulta ser un problema creciente”.

Esto fue exagerado tendenciosamente por esos medios porteños para sus campañas anti Gobierno, y entonces Timerman salió a replicar con inusual dureza: “La Argentina no reconoce el derecho de los Estados Unidos de emitir juicios de valor sobre otros gobiernos, cuando ellos son el principal problema del narcotráfico”. Y también: “Los Estados Unidos son el principal consumidor de droga del mundo y el que más dinero negro produce por ese consumo”.

Como cereza sobre la crema, al cierre de la semana la máxima dirigencia del principal partido de oposición, el radicalismo, entregó a la Mesa de Enlace un documento en el que dice que “la regulación del Gobierno ha impactado más negativamente que las retenciones” y prometió “disminuir las cargas tributarias y eliminar las retenciones en la economía regional”. Nada menos y como para que más de un prócer radical se revuelva en su tumba.

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