EL PAíS › OPINION

Una alegría que trasciende fronteras

 Por Mariela Belski *

En septiembre de 1981, cuando todavía la dictadura militar estaba firme en la Argentina y los juicios por las violaciones a los derechos humanos eran una ilusión lejana, Amnistía Internacional hizo público su informe titulado “Los niños desaparecidos de la Argentina”. Entonces, si bien en muchos países del mundo se conocían las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura militar en el país, este tema era prácticamente desconocido.

“Hay informes no confirmados que sostienen que a chicos secuestrados se les habrían dado nuevas identidades y se los habría entregado en adopción. Un grupo de mujeres, que se han dado a conocer como las Abuelas de Plaza de Mayo, están buscando a los nietos que nunca conocieron. Las abuelas sólo saben que sus hijas o sus nueras estaban embarazadas cuando de-saparecieron”, decía el informe, que advertía que “en unos pocos casos los chicos nacidos en cautiverio han sido entregados a sus abuelos”, pero que la mayoría estaban desaparecidos.

El informe contenía una lista de varias decenas de casos con sus detalles en el marco de un trabajo de investigación y denuncia ante el mundo de los crímenes de la dictadura militar argentina, que Amnistía Internacional venía llevando adelante desde 1976, prácticamente desde el golpe militar y la asunción del poder por parte del general Jorge Rafael Videla.

En el informe de Amnistía Internacional se incluyó el caso de Laura Carlotto, con el dato de que había sido secuestrada el 16 de noviembre de 1977, cuando esperaba un hijo que debía nacer en junio de 1978. La impactante noticia de la identificación, 36 años después, de ese hijo de Laura Carlotto, el nieto de Estela, símbolo de la lucha por los derechos humanos en todo el mundo, causó una profunda emoción en la sociedad en general, así como en Amnistía Internacional y en los voluntarios de la organización que alguna vez “adoptaron” a las víctimas de la dictadura y enviaron miles de cartas para reclamar a las autoridades del gobierno militar por los desaparecidos y presos políticos de la Argentina y que complementaban con gestiones ante sus propios gobiernos para que les dieran visa de ingreso a los exiliados.

Hacia fines de 1981, Amnistía Internacional decidió apoyar el trabajo de las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes acababan de presentar información detallada a las Naciones Unidas sobre 67 casos de niños desaparecidos. Cada uno de esos casos fue adjudicado por Amnistía a uno de sus grupos de voluntarios en el mundo.

En noviembre de ese año, la organización publicó un suplemento especial dirigido a sus miembros, acerca de los niños desaparecidos en la Argentina. Allí se incluía el testimonio brindado a Amnistía por tres mujeres que habían estado en la ESMA y que habían presenciado partos de mujeres que habían llegado embarazadas al centro clandestino de detención. “Luego del nacimiento del bebé, la madre era invitada a escribirle a sus familiares, quienes supuestamente iban a llevarse al niño. La mujer era inmediatamente trasladada; el pequeño quedaba en el lugar, al cuidado de otra prisionera embarazada. Luego se lo sacaban. El vicealmirante Chamorro habitualmente recorría el lugar, haciendo bromas acerca de la Sardá que habían montado en el centro de detención.”

La noticia de la aparición de Guido ha sido compartida con todos los miembros de Amnistía Internacional. Hemos recibido expresiones de alegría y emoción desde Asia, Africa, América y Europa. Este encuentro es fruto de la lucha inclaudicable y del compromiso con la búsqueda de la verdad y de la justicia. Deseamos que esto sirva para estimular el acercamiento de otros nietos en búsqueda de su identidad.

* Directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina.

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