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Entre ñoquis, viáticos y piquetes, el bloque del PJ hizo catarsis

Fue anteayer. Del encuentro participó el titular de la Cámara, el peronista Eduardo Camaño, que pidió recortar el presupuesto. La reunión sirvió para desahogarse más que para tomar decisiones.

 Por Felipe Yapur

Eduardo Camaño, presidente de la Cámara baja, llegó el martes por la noche a la reunión de bloque del PJ con un objetivo bien definido: reducir los gastos del Congreso. Se explayó sobre los excesivos gastos de teléfonos, las fotocopiadoras y, fundamentalmente, los ñoquis. Amenazó con dar nombres, mandó a cerrar las puertas del salón para evitar oídos indiscretos, pero sólo fue una amenaza porque luego no identificó a nadie. Pidió a sus pares ayuda para resolver los problemas presupuestarios. Como respuesta sólo obtuvo silencio y su pedido no pasó de ser una simple catarsis.
La presencia de Camaño no era extraña. Cada tanto participa. Pero en la reunión del martes buscó sensibilizar a sus colegas del bloque. Reconoció los problemas que tiene para hacer funcionar la Cámara: “(Rafael) Pascual nos dejó una deuda que supera nuestro presupuesto. Seis meses de deuda de alquiler de las fotocopiadoras. Para salvar este problema tuvimos que comprar veinte”, dijo frente a un centenar de diputados.
La exposición del presidente del cuerpo no terminó allí. Legisladores del PJ señalaron que Camaño avanzó un poco más. El tema siguiente fue el gasto que insumen los teléfonos. “Yo reconozco que el teléfono es una herramienta de trabajo. Pero convengamos que en más de una oportunidad uno ingresa a los despachos y los colaboradores están realizando llamadas personales”, lanzó el bonaerense y hombre de confianza del presidente Eduardo Duhalde. La frase generó cuchicheos y algún reclamo sobre la imposibilidad de controlar esos hechos. Camaño, presto, tenía una respuesta para ello: “La posibilidad es implementar una tarjeta de gastos para los teléfonos y, cuando se supere el tope, se descuenta de la dieta de los señores legisladores”, dijo con tono presidencial.
De los ciento ocho diputados presentes sólo el santacruceño Sergio Acevedo pidió la palabra. Aceptó la propuesta de implementar la tarjeta de gastos telefónicos. “Es lo más atinado”, dijo, pero agregó un dato que provocó ruidosos murmullos. “Si vamos a hacer una reducción de gastos creo que es necesario sincerar un tema que no es otro que los pasajes de avión. Los que vivimos en las provincias los utilizamos todas las semanas. Y está bien. Pero creo que es injusto que los que viven cerca los cambian por dinero y consiguen un plus salarial que supera los 2000 pesos. Es más que injusto e incrementa los gastos de la Cámara”. Camaño no dijo nada, el resto del bloque tampoco.
A renglón seguido, Camaño ingresó al tema más espinoso: los ñoquis. El duhaldista, según comentaron legisladores presentes, dio primero un rodeo: “Yo entiendo cuando los compañeros del gremio legislativo reclaman por la situación de su gente y me dicen que antes de hablar de reducción de personal hay revisar la situación de aquellos que cobran y no trabajan”. Inmediatamente pronunció la palabra “noquis” y dijo que se trataba de 158 empleados que estaban identificados. Ante el silencio, Camaño ofreció ser más preciso, dar nombres. Varios dijeron que sí. Entonces el presidente del cuerpo pidió cerrar las puertas del salón.
“En la cámara hay 158 empleados de categoría uno. Es decir que cobran algo más de 3000 pesos sin tener en cuenta la antigüedad de éstos. Es gente heredada de ex legisladores pero también de diputados en función”, la frase de Camaño silenció los cuchicheos. El presidente de la Cámara continuó sin dar nombres: “Son señores que cobran, que no tienen ni siquiera la dignidad de trabajar, se pasan golpeando la puerta de los diputados para seguir gozando de este privilegio y se dedican a operar desde Casablanca”, señaló en referencia al bar preferido por los empleados y legisladores ubicado en la esquina de Rivadavia y Riobamba.
La frase no generó reacción, los legisladores se limitaron sólo a escuchar. Mucho menos cuando anunció que su intención es pasar a todosestos empleados a disponibilidad, lo que significaría, según sus cálculos, ahorros por un millón de pesos anuales. Acevedo fue el único que apoyó la propuesta.
La catarsis del presidente de la Cámara baja no fue la única que se escuchó en esa reunión. Si bien el tema era más que conflictivo, la estrategia del bloque en general es escuchar las quejas y no decir nada. Es lo que vivió el reutemista Miguel Baltuzzi, quien llevó al bloque la queja de su gobernador con respecto al manejo de los planes sociales de jefas y jefes de hogar. “El gobierno de Duhalde decidió entregarle los planes a gremios y organizaciones como la Corriente Clasista y Combativa. Prefirió a estas organizaciones antisistema, que buscan acceder al poder por medio de acciones directas, antes que al gobierno. No lo entiendo”, repitió Baltuzzi sin encontrar una respuesta de los duhaldistas o de la conducción del bloque. El santafesino, como Camaño, sólo consiguió desahogarse.

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La bancada peronista, comandada por Humberto Roggero, escuchó las quejas del titular de la cámara.
 
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