EL PAíS › NACEN EL KIRCHNERISMO Y LA OPOSICION Y SE REDEFINE EL GOBIERNO

Ministros nuevos y enroques

Esta noche el kirchnerismo dejará de ser un concepto para transformase en una fuerza concreta, extendida y variopinta.
También nacerá la oposición desde la Ciudad. El Presidente piensa rediseñar su gabinete, donde los cambios podrían exceder las bajas producidas por las candidaturas. Podría haber enroque en varias carteras. El futuro de Lavagna. CFK presidenta.

 Por Sergio Moreno

Si todo sucede más o menos como presagian los sondeos, esta tarde nacerá el kirchnerismo. También la oposición. El kirchnerismo se erigirá ganador con porcentajes generosos, consolidará una masa crítica que le dará el poder que no tuvo estos dos años (a pesar de que fue bastante) para gobernar los dos años que le faltan. La oposición nacerá en el distrito más adverso a los oficialismos, la Capital Federal. A no ser que haya un cambio de tendencia en las últimas horas, es muy probable que Mauricio Macri se haga con el triunfo porteño, lo que le dará el blasón suficiente para liderar una nueva derecha opositora al Gobierno. Eduardo Duhalde deberá, entonces, ir al pie del ganador si quiere sumarse al bloque anti Néstor Kirchner que surgirá de las urnas. Esta nueva derecha deberá enfrentar a un oficialismo legitimado, poderoso, que ya tiene planes para el futuro cercano. Por lo pronto, entre lunes y martes Néstor Kirchner comenzará a hablar con sus hombres de confianza sobre cómo rediseñará el gabinete nacional, donde podría haber más cambios que los que impone la diáspora de los ministros-candidatos y algunos enroques.
La fragmentación del puzzle político es el signo de los tiempos. El radicalismo está a punto de desaparecer de la Capital Federal, descorchará vino espumante si logra sobrepasar un pobre ocho por ciento en la provincia de Buenos Aires y posiblemente pierda una provincia que gobierna, Río Negro, a manos de una coalición cincelada por el peronista Miguel Angel Picchetto y el ex frepasista Julio Arriaga. Podrá decir que ganó montado como furgón de cola en el tren del socialista rosarino Hermes Binner, será un pequeño bálsamo. Más allá de ello, este comicio acelerará la disolución del partido centenario.
El peronismo, formidable máquina de poder, también tiene problemas. Está fragmentado en una miríada de partidos provinciales, liderados por señores comarcales, ayuno de conducción nacional y dado a las mutaciones que le impone el jefe de turno. Si lo quisiese, si lo plasmase en organicidad -aun si no–, Kirchner será a partir de hoy el líder del peronismo.
Eduardo Duhalde, por más que obtenga un 20 por ciento de los votos en su provincia –lo que cuantitativamente lo pondría al frente de la segunda fuerza nacional–, será derrotado e iniciará un camino de progresiva desaparición. Acaso el Duhalde de mañana sea el Carlos Menem de hoy, por estas horas peleando para sobrevivir en su provincia, donde hace más de 50 años hace política, a pesar de lo cual no tiene garantizado el triunfo.
La probable victoria de Mauricio Macri en la Capital Federal podría dar un poco de oxígeno a los restos del peronismo no kirchnerista. Hay quien piensa que dicha victoria no sería buena para el Gobierno, ya que ofrecería a los peronistas incómodos con el Presidente un lugar alternativo, un continente. Siguiendo este razonamiento, ello obligaría a Kirchner a “peronizarse” más para contener cualquier conato de secesión tras sus líneas.También hay otra chance, no necesariamente excluyente de la anterior, que encuentra ventajas para Kirchner en el posible triunfo del hombre de negocios: Macri ofrece un enemigo por derecha, de contornos definidos y tantos puntos flacos como patas tiene una escolopendra, un adversario al que el Gobierno está acostumbrado a fustigar y lo hace con comodidad. En esta segunda hipótesis, Kirchner podrá mantener el apoyo de los sectores progresistas de las clases medias urbanas. El Presidente podría aprovechar esto para direccionar el sentido de la necesaria refundación del sistema. Habrá que ver para qué lado sale.

Lo que viene

Cuenta a este diario un importante ministro del gabinete nacional que “el Gobierno está muy preocupado, muy –enfatiza–, por la inflación, por cómo se soluciona”. Según el confidente de Página/12, la mirada que el ministro de Economía, Roberto Lavagna, tiene para solucionar el problema “es muy mercadista: subir tasas, enfriar la economía, mientras que Kirchner no quiere esto, quiere que siga el crecimiento en los niveles actuales y quiere mantener el dólar alto. Ahí hay una contradicción”, dice el hombre, que se considera amigo del titular del Palacio de Hacienda.
Kirchner ha retomado una relación que se había roto en 2004, cuando lo echó del Banco Central. Alfonso Prat Gay volvió a conversar con el Presidente luego de una mediación efectuada por el ministro de Defensa y candidato a senador por la provincia de Buenos Aires, José Pampuro. Las charlas se sucedieron y Prat Gay –de pésima relación con Lavagna– volvió a ocupar una porción del oído presidencial. Sin embargo, las tesis del joven economista sobre cómo frenar la inflación se dan de narices con el pensamiento de Kirchner. Prat Gay argumentó que el fenómeno inflacionario cabalga sobre la excesiva emisión monetaria que derrama el BCRA para comprar dólares a efectos de mantener la divisa norteamericana en tres pesos. “Es una receta monetarista”, desacreditan al lado del Presidente.
Estas evoluciones muestran que, en el Gobierno, no hay una única mirada sobre cómo resolver el asunto. “El problema se irá incrementando”, augura otro funcionario; “vamos a tener un número a fin de año (se refiere a un porcentaje de inflación anual). Y va a crecer, lícitamente, la conflictividad social. Tenemos que manejarnos con esto, porque esto es lo que habrá”, se explaya. El hombre sostiene que, después de hoy, el Gobierno debe acelerar la marcha para resolver cuestiones pendientes. “Debemos responder a las expectativas de la gente que nos va a votar, que será mucha, y quiere más empleo, mejor reparto de la riqueza, reingresar al sistema”, se inflama el dirigente.

Minué

Los artificieros oficiales cuentan la munición que tendrán en su Santabárbara tras los comicios. Uno de ellos dice a Página/12: “En el Congreso habrá tres bloques importantes: 1) duhaldistas, que harán oposición y en algunos casos apoyarán; 2) peronistas K, será la mayoría; 3) los que podríamos llamar Frente para la Victoria puros una especie de neo-Frepaso. De este grupo hay compañeros que se están juntando: Diana Conti, el Barba Francisco Gutiérrez, hasta lo están tentando a Jorge Taiana (actual vicecanciller) para que vaya con ellos. Por ahí arman un subbloque o interbloque. No estaría mal, podemos contener por izquierda. Es un tiempo nuevo, sería un bloque valioso”, enumera y piensa, mientras mira el techo, el arquitecto presidencial.
Antes de asumir las bancas, en la Cámara baja contarán los porotos para elegir al Presidente del cuerpo y el jefe de bloque del oficialismo. Para el primer cargo se postula el intendente de La Matanza, Alberto Balestrini. El candidato ha desafiado los consejos presidenciales sobre guardarse a silencio respecto a su llamado a los duhaldistas para queregresen al redil tras los comicios. Esa rebeldía lejos está de ser un acto impensado: Balestrini comenzó a prepararse para la pelea por suceder a Felipe Solá en La Plata en 2007.
Mientras esto pasa, el Presidente –sin destensar el nervio eleccionario– empezó a imaginar su nuevo gabinete. Desde hace un mes les ha estado diciendo a varios colaboradores que a partir de mañana comenzarán a hablar de la reconstrucción del staff. El Gabinete será remoldeado según el resultado de hoy. Hay quien quiere utilizar ese rediseño para agrandar la base de sustentación del Gobierno, incorporando algunos dirigentes radicales al cenáculo de la administración. Hay otros que piensan que algunos gobernadores peronistas tienen piné y blasones para sumarse a la mesa grande del Gobierno: uno de ellos podría ser el jujeño Eduardo Fellner. Lo que está bastante extendido entre los actuales ministros es que este recambio debe servir para “abrir” el Gobierno. Kirchner tendrá la última palabra.
Por ahora, las conversaciones en Balcarce 50 apuntan a que muy probablemente haya más cambios en el gabinete que los que impone la salida de los que se mudarán al Parlamento. Incluso podrían producirse enroques entre carteras. Algunas de las cosas que se dijeron esta semana en los principales despachos de la Casa Rosada fueron las siguientes:

- Héctor “El Chango” Icazuriaga puede ir al Ministerio de Desarrollo Social. Alicia Kirchner asumirá su banca y se pondrá a trabajar fuerte para ser gobernadora de Santa Cruz en 2007.

- En la Cancillería desembarcaría un dirigente de perfil económico, como Alfonso Prat Gay o de Javier González Fraga. Kirchner dijo que quería ahí a alguien “muy vendedor”, pero a esa caracterización no escapan ni Carlos “Chacho” Alvarez ni Héctor Timerman.

- Si este último no fuese canciller, reemplazaría a José Octavio Bordón en la embajada argentina en Washington. Y si Chacho no fuese a la cancillería, sería ideal para reemplazar a Eduardo Duhalde al frente de la secretaría del Mercosur. Ello en la medida en que los socios internacionales acepten la idea.

- La cancillería, que suele prestigiar a quien la ocupa, también puede ser escenario de un enroque. Alberto Fernández podría mudar sus petates al Palacio San Martín. El dice que no quiere, que nadie le dijo nada. Pero si ello ocurriese, la jefatura de Gabinete sería para Carlos Zannini, otro hombre de extrema confianza del Presidente.

- Podría ser que un gobernador, peronista o radical, desembarque en Defensa. También hay candidatas mujeres, la senadora mendocina María Perceval es una de ellas, la actual asesora de Pampuro, Ruth Diamint, es otra.

¿Y Roberto Lavagna? El ministro ha dado a conocer que se quedará en el gabinete. Su proyecto político quedará para más adelante, a pesar de su edad. Caído Duhalde, Lavagna no tiene patrocinadores para enfrentar en 2007 a Kirchner o a alguien designado por él, quizás Cristina Fernández de Kir-chner (quien hoy, según auguran, obtendrá un triunfo holgado) por la Presidencia. Si bien el ministro tiene una altísima ponderación positiva en gran parte de la sociedad argentina, ello no alcanza para acceder a la poltrona de Rivadavia. Lavagna lo sabe. Un consultor habitual del Presidente se preguntó ante este periódico si Kirchner iba a mantener hasta 2007 a Lavagna como ministro de Economía. “¿El Presidente no querrá demostrar que puede manejar la economía sin Lavagna?”, dudó.
Un integrante del gabinete sostuvo que Lavagna no tiene asegurada su poltrona en el Palacio de Hacienda hasta 2007. “Eso no significa que se vaya del Gobierno. Kirchner está bien con él, él está bien con Kirchner. Lavagna puede ser canciller o, si quisiese, ser el candidato a jefe de Gobierno porteño, de la mano de Kirchner, en 2007”, especuló el funcionario. Respecto a lo dicho más arriba sobre CFK, nadie descarta enel Gobierno la chance de su candidatura presidencial. Las cifras que surjan hoy de las urnas bonaerenses la transformarán en una figura nacional con caudal propio. Y ya en 2007 la idea de tener una mujer presidenta no será nada extravagante: nuestro vecinos chilenos contarán con una desde este año, la socialista Michelle Bachelet, que se encamina a arrasar, como una candidata de la sociedad, no ya de un partido ni de una coalición, en los comicios de diciembre.
Aún no se abrieron las urnas de 2005 y ya hablamos de 2007. Esta noche se verá cuan interrelacionadas están ambas fechas.

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