EL PAíS › QUE SE JUEGA HOY, COMO QUEDA LA ESCENA POLITICA Y LOS ESCENARIOS QUE SE LE ABREN A CADA UNO

Lo que vendrá

El Gobierno busca consolidar la legitimidad que piensa haber ganado. El peronismo pelea por su liderazgo, el radicalismo pelea el descenso y los centroizquierda y derecha, por definir sus figuras. La elección de hoy les pone piso y techo a las proyecciones de casi todas las figuras y sectores de la política argentina.

 Por Mario Wainfeld

El Gobierno está seguro de haber ampliado su legitimidad y aspira a transformar su buena imagen en votos. Se dirime la composición del Congreso nacional para el próximo bienio. En buena medida, se deciden el piso y el techo de las proyecciones futuras de casi todos los principales dirigentes de la política local. El peronismo, cuándo no, pugna por su liderazgo y discute una reconversión o un cambio. El centroizquierda y el (¿centro?) derecha buscan sus referentes para la elección presidencial de 2007. El radicalismo, segunda fuerza nacional en retroceso, tendrá una prueba de fuego. Un nuevo esquema de poder surgirá de las urnas. En un país donde la riqueza, el poder y los prestigios están distribuidos de modo chocantemente desigual, a la hora de votar todos valen uno. Hoy, millones de ciudadanos, perpetuando la tradición del sufragio obligatorio y secreto, serán los que decidan. Si su participación es alta, como suele acontecer, bastará para que sea una jornada digna de recordar.
El Presidente, que ha sido la principal figura de la campaña, es el que más arriesga y más ambiciona, porque es el que más tiene. Desde que llegó al gobierno, a Néstor Kirchner lo obsesionó la precariedad de su legitimidad de origen, un porcentual bajo que en buena medida debía al duhaldismo. Desde el vamos se dedicó a procurar una aceptación ciudadana basada en su ejercicio del poder, obrado de modo hiperkinético y hiperpresente. Esa constante validación por las obras le reportó una alta imagen positiva que retiene en buena medida. Hoy aspira a trascender largamente el caudal de votos que logró en la primera vuelta de 2003 y a que no queden dudas de que ninguno le fue prestado. Lo reclama a través de un variopinto surtido de listas, lo que motivará eventuales discusiones.
Al revuelo producido por las jornadas de 2001 en las identidades partidarias, Kirchner añadió una versatilidad inédita para armar coaliciones electorales (ver nota aparte). Sus alquimias pueden ser leídas como una astucia táctica o como un paso adelante en aras de modificar el esquema partidario actual. Las dos interpretaciones no tienen por qué excluirse del todo.

Madre hay una sola

Se equivocaron quienes profetizaban que Kirchner sería el Chirolita de Eduardo Duhalde, bien puede que yerren quienes definen como un simulacro la contienda bonaerense entre el Frente para la Victoria y el PJ. La disputa va en serio. Aleja toda hipótesis de diarquía en el partido más poderoso y cambia las reglas de juego a su interior. Pone en jaque al más potente aparato político armado en los ’90 y avanza sobre su dominio en la provincia más grande del país.
Si Cristina Fernández logra muchos votos y una diferencia amplia, el kirchnerismo (un grupo bastante cerrado que cuenta con un puñado de cuadros) logrará tener dos figuras presidenciables. El peronismo en su conjunto tiene un par más. Otros partidos sólo cuentan con una y el radicalismo padece por no tener ninguna.
Desde luego, pueden discutirse la profundidad o validez de las diferencias entre kirchneristas y duhaldistas pero no la entidad de su confrontación. De hecho, también cambiará la lógica del funcionamiento parlamentario en los años por venir. Veamos.

De puntos y bancas

El Gobierno manejó con comodidad al Congreso hasta ahora. No contó con muchos legisladores “del palo” pero sí con la proverbial adhesión del peronismo al éxito que le propició un conjunto de levantamanos eficaz. Así las cosas, legisló sin tropiezos, sin necesidad de dialogar mucho con la oposición. En el Senado, el Presidente cuenta con una mayoría holgada. La renovación parcial, su preeminencia en varios distritos, la perspectiva deobtener la banca por minoría en otros, auguran que el oficialismo no verá zozobrar su sosegado dominio allí.
En Diputados las cosas serán más complejas y novedosas. El Gobierno, todo lo indica, no tendrá mayoría propia. La ruptura con el duhaldismo cambiará el escenario de modo drástico. Previéndolo, y tal vez anticipando nuevas movidas disruptivas dentro del peronismo, Kirchner ha hecho un trabajo de zapa tratando de poner candidatos confiables en las boletas del PJ, del Frente para la Victoria y aun en algunas de la UCR. Si se ratifica que hará una buena elección su bloque será el mayor, muy dominante pero sin quórum propio.
El radicalismo suma 45 diputados. Renueva 25 y seguramente no los conservará. En cualquier caso, con los que permanecen y los que sume será el segundo bloque.
El duhaldismo, en una situación similar (con tendencia a perder algo de lo que renueva) será el tercero.
El ARI aúna 10 diputados, cinco de los cuales terminan su mandato. Las huestes de Carrió aspiran a ingresar ocho o más, con base en Capital y Buenos Aires más alguno en otra provincia. Sus adversarios les auguran una cosecha menor, sólo en los distritos más grandes. En cualquier caso, es verosímil que el bloque crecerá algo y será el cuarto en número.
El PRO de Mauricio Macri y Ricardo López Murphy tiene pinta de ser el quinto. Su eventual proyección puede convertirlo en imán de atracción para partidos provinciales de derecha que trasiegan aquí y allá algunas bancas.
Por abajo habrá varios bloques más pequeños, incluidos los unipersonales.
Si se corrobora ese tablero, el gobierno necesitará negociar el tratamiento de las leyes. Su manejo deberá ser menos omnímodo pero no parece sensato temer un escenario de ingobernabilidad. Kirchner no ha sido manco ni avaro a la hora de vincularse con los gobernadores radicales. El oficialismo deberá acordar más, tener más paliques, más preacuerdos y concesiones y se avecina un juego variable de mayorías según los temas en tratamiento. Si sus operadores parlamentarios tienen muñeca y él sabe abrir la caja, Kirchner deberá practicar una nueva gimnasia pero podrá gobernar. Máxime si se relegitima hoy marcando una distancia muy grande con los competidores. Ciertamente, Kirchner también puede intentar que algunos diputados radicales de gobernadores “amigos, se integren al bloque del Frente para la Victoria. No será sencillo conseguirlo.
Si no ocurre un batacazo asombroso, la Cámara de Diputados tendrá figuras más relevantes y más juego democrático. Bien puede ocurrir que haya menos pluralismo en la representación porque no será sencillo que distintas expresiones de izquierda y centro izquierda conserven varias bancas ganadas en el magmático año 2001.

Vista a la derecha

La centroderecha nativa ha perdido en el camino a dos de sus íconos del pasado reciente. Domingo Cavallo se mancó en los aprontes y Carlos Menem (que pontificaba que quien fue Papa jamás sería cura de pueblo) compite por una capillita y fueros. Para tomar su posta, como potenciales candidatos a presidentes, se proponen Macri, López Murphy y Jorge Sobisch. El gobernador neuquino se jugó entero candidateándose para una reforma constitucional provincial. Como Kirchner, pide un plebiscito. Su alianza inminente con Macri es casi un dato, sujeto a pulseadas y a ver cómo le va a cada cuál en su distrito. López Murphy, si los sondeos tienen razón, estará en apuros.
El duhaldismo podría ser otra pata de este sector, al que le añadiría diputados, un peso territorial llamativo y un barniz peronista siempre útil si de procurar mayorías se trata. Tiene dos problemas posibles en ciernes. El primero alude a la cultura peronista, es entre posible e indefectible que haya muchos tránsfugas de sus filas al kirchnerismo, que les cobrará algún costo por el reenganche pero presumiblemente no le hará asco, como no le hizo a otros duhaldistas más precavidos. El segundo, de cara a una alianza de marcado tinte electoral, es la estructural falta de candidatos presentables de que adolece el duhaldismo, que una factible derrota agravará.

Centrosinistra

Elisa Carrió, en Capital, y Hermes Binner van por mucho más que una banca. Su desempeño puede significar el resurgimiento de uno o dos términos de referencia para la diezmada centroizquierda. El Frepaso, como se recuerda bastante, y el ARI en sus inicios (lo que se recuerda menos) pudieron ser factor de unión de un sector muy divisivo e internista, pero ambos padecieron sendas diásporas.
Los perfiles y los estilos de los dos potenciales referentes son bastante distintos. Carrió funda su prestigio en su desempeño como parlamentaria, tiene un discurso y un perfil nacional, ha sido muy antagónica con el Gobierno. Binner se arraiga en su provincia y su reputación central emana de su gestión (y la de su sucesor socialista) en la municipalidad de Rosario. Ha mantenido una relación de respeto con el Gobierno, aun en campaña. Si le va bien, ni qué decir si puntea, puede optar entre buscar la gobernación o lanzarse al espacio nacional. Y también tiene abiertas opciones para eventuales relaciones con el oficialismo, desde la oposición moderada hasta ciertos modos de alianza.
Carrió y Binner compiten sin cruzarse por ver quién tiene más virtualidad para reconvocar a un herido sector. Su relación bilateral es fría y generosa en reproches mutuos, lo que complejiza la hipótesis de acciones futuras conjuntas.
El intendente de Morón, Martín Sabbatella, es un aliado a tener en cuenta. Hoy vuelve a arriesgar su suerte pidiendo a los vecinos que corten boleta. De momento, tiene más y mejor trato con Binner que con Carrió.

Qué hacer

Cada protagonista y cada fuerza se mirará mañana al espejo y verá qué hace. Por su magnitud relativa, el máximo interrogante será qué hace Kirchner con el resultado. ¿Avanzará sobre otros bastiones del PJ? ¿Acelerará sus incipientes pactos con gobernadores radicales? ¿O preferirá ir a lo seguro, anclarse donde está y construir las bases de una remake en 2007? ¿Trasladará a la escena general la ampliación del diálogo, que la contingencia le impone en el Parlamento? ¿Cambiará sustantivamente las políticas de salud, de empleo y las sociales?
Por cifrarlo en una frase ambigua y general ¿se conformará con avanzar sobre lo ya trazado o tratará de que lo de hoy sea un relanzamiento, un punto de inflexión?
Si las preguntas pueden parecer un poco generales, hay algunas decisiones muy cercanas que han de servir de pistas. Por imperio de su obsesión electoral, el Gabinete se ha desmantelado. Kirchner, que sólo relevó a dos ministros de Justicia, ahora se priva de tres. Quizá aproveche la volada para cambiar a alguno más. Pero además debe designar a un nuevo titular de la Anses, al Subsecretario General de la Presidencia, a dos integrantes de la Corte Suprema, al Presidente de la Cámara de Diputados y al jefe de su bloque respectivo. Las nominaciones del Gabinete deben ocurrir antes del 10 de diciembre y seguramente se tomarán después de la Cumbre de las Américas. Los elegidos darán una pista de si hay innovación, ruptura o continuidad en el elenco de Gobierno. ¿Habrá guiños o señales de distancia respecto del peronismo realmente existente? El tiempo, y los votos, dirán.
Si el éxito es muy rotundo, susurran en Palacio, el Presidente podría permitirse un gesto que le ha sido reclamado y reducir el número de miembros de la Corte. Se ahorraría críticas y dos nombramientos en un casting que ya le está costando.
Pero eso son cotilleos de Palacio. Hoy los protagonistas son otros, en buena hora. Tal vez el pueblo a veces se equivoque pero bueno es que tenga oportunidades de acertar o equivocarse en paz acerca de lo que concierne a sus intereses y derechos.

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