EL PAíS › KIRCHNER, LULA, CHAVEZ Y EVO SE REUNIERON Y FIRMARON UN ACUERDO EN IGUAZU

Una nueva misión para los mosqueteros

La cumbre fue convocada luego de que Evo Morales resolviera nacionalizar los hidrocarburos en Bolivia. Luego de una reunión de tres horas a solas, los cuatro presidentes emitieron un comunicado de cinco puntos en el que se garantiza el suministro de gas y se comprometen a invertir para garantizar el desarrollo de Bolivia.

 Por Martín Piqué
Desde Puerto Iguazú

La frase de Luiz Inácio Lula da Silva tuvo el tono de un antes y un después. Pero no era un antes y después épico, rimbombante, sino un reconocimiento implícito de que el clima político de la región era el peor de los últimos años. “Todo lo que fue hablado hasta antes de esta reunión poco vale ahora”, dijo. A su lado lo observaban con gesto serio el anfitrión, Néstor Kirchner, y los dos visitantes que habían llegado juntos, el boliviano Evo Morales y el venezolano Hugo Chávez. El antes al que se refería Lula eran la amenaza de Petrobras de suspender las inversiones en Bolivia tras la nacionalización de hidrocarburos y la respuesta de Morales, quien había acusado a la empresa brasileña de llevar adelante un “chantaje” contra su gobierno. “Lo que vale ahora es lo que está escrito en el papel que tiene Kirchner”, remató Lula.

¿Qué decía ese papel? Sin demasiadas precisiones (mucho menos números concretos), marcaba los cinco puntos que habían hecho posible el acercamiento entre los cuatro mandatarios. El acuerdo había llegado tras tres horas de reunión a puertas cerradas, sólo con la presencia de los presidentes. Los cinco puntos fueron leídos por el propio Kirchner en la conferencia de prensa conjunta que se organizó ayer a la tarde en el primer piso del Iguazú Grand Hotel.

- “Se garantiza el suministro de gas. Y la discusión debe darse en un marco racional y equitativo que viabilice los emprendimientos.”

- “Se profundizarán los diálogos bilaterales para resolver las cuestiones pendientes.”

- “Coincidimos en avanzar en la profundización del Mercosur y la integración latinoamericana, y en avanzar en el proyecto del gasoducto del sur. Hemos invitado formalmente al señor presidente de Bolivia.”

- “Se ratifica la unidad en la región en el diálogo con otros países y regiones, y valoramos el diálogo Mercosur-Unión Europea.”

- “Acordamos en la necesidad de inversiones conjuntas para contribuir al desarrollo de Bolivia.”

Las cinco frases reflejaron los intereses de los cuatro países. Para comprobarlo, bastó con escuchar lo que dijo cada jefe de Estado y algunos integrantes de las delegaciones.

La garantía del suministro y la apelación a la “racionalidad” fueron impuestas por Brasil y Argentina. Eran una referencia al aumento de precios que Bolivia está impulsando para el gas que exporta (sobre ese tema estuvieron hablando los ministros Andrés Soliz Rada, Silas Rondeau y Julio De Vido). La confirmación del megagasoducto del sur fue a pedido de Venezuela: el tema es el eje de la política exterior de Chávez. La coincidencia en que Bolivia precisa inversiones de sus vecinos de la región –una necesidad todavía más urgente tras la firma de TLCs con Washington por parte de Perú y Colombia– fue un claro reconocimiento a los reclamos de La Paz. Por último, el acento en la relación con la Unión Europea lo impuso Lula, quien está preocupado por la imagen de deterioro que está dando el Mercosur. “Tenemos que presentar al mundo un buen entendimiento, un buen diálogo, porque hay inversiones extranjeras en cada país que queremos mantener”, exhortó.

Esta vez la reunión de los cuatro jefes de Estado fue a puertas cerradas, a solas y duró tres horas. El hermetismo era bastante explicable. Tenían muchas cosas para decirse. Lula era el más enojado. El anuncio de la nacionalización de los hidrocarburos lo había molestado mucho, especialmente por dos cosas: porque Morales no le había avisado de la medida ni siquiera quince minutos antes de anunciarla y porque había ordenado a los militares ocupar el principal campo de gas de Petrobras en Bolivia. La imagen de los soldados bolivianos en la entrada de la planta, donde habían colocado una bandera que decía “Nacionalizado”, irritó muchísimo tanto al gobierno como a la prensa brasileña.

Los cuatro presidentes no dejaron trascender detalles de la conversación. Pero se supo que fue una charla por fuera del lenguaje diplomático, por momentos dura. No por casualidad, Kirchner destacó la “autenticidad” con la que se habló, mientras que Chávez describió la reunión como un “diálogo franco, fresco, sincero y humilde”. Acaso por ser los principales antagonistas del debate –la nacionalización enfrenta intereses concretos de ambos países–, Morales y Lula fueron más allá. “Con esta reunión se resuelve cualquier susceptibilidad”, dijo el boliviano. Y el brasileño, en un tono más enfático, reconoció la existencia de un “conflicto”, aunque lo consideró “resultado de la consolidación del sistema democrático en el continente”.

La última frase de Lula era una respuesta directa a la prensa de San Pablo y a ex funcionarios de la Cancillería brasileña, que en los últimos días lo criticaron por haber reconocido que la nacionalización de los hidrocarburos era una “decisión soberana” de Bolivia. “¿Cuál es la solución que proponían esos sectores?”, se preguntó en voz alta Lula durante la conferencia de prensa. Página/12 escuchó cuáles eran las alternativas que proponía la prensa paulista. “Tenemos que volver a la política histórica de Itamaraty. Mirar hacia Estados Unidos y Europa y dejar de poner el acento en Sudamérica”, repetía un corresponsal del diario Valor Económico. “Hay que reclamar ante los tribunales internacionales por los contratos de Petrobras”, se sumaba otro periodista, en línea con los últimos editoriales de Folha y O Globo.

Pero la respuesta de Lula fue ambigua. Dijo que entendía las necesidades económicas de Bolivia pero luego agregó algo que sonó como una reprimenda para Morales. “Somos adultos, responsables, dueños de nuestra nariz”, fue su metáfora. Todos los periodistas –con más ansiedad los brasileños– esperaban que confirmara o desmintiera lo que habían anticipado las autoridades de Petrobras, sobre un inminente descenso de las inversiones en Bolivia. El propio Morales había tocado el tema, aunque en forma algo elusiva. “Hemos escuchado algunas declaraciones sobre que Petrobras no va a invertir”, dijo. Le habían preguntado por su acusación sobre “chantaje” contra la estatal brasileña, realizada antes de partir para Puerto Iguazú. Cuando llegó su turno, Lula no terminó de despejar la intriga. “Las inversiones o no de Petrobras son una decisión de la empresa, va a continuar invirtiendo en el extranjero, incluyendo Bolivia, según lo que acuerde con YPFB (Yacimientos Petroleros Fiscales Bolivianos). Lo que vale para Petrobras es como para cualquier empresa del mundo”, aseguró. Su ambigüedad era una forma diplomática de reconocer que el tema quedó pendiente para la discusión bilateral. Lo mismo sucederá con la española Repsol, cuyo titular estuvo anteayer reunido con Kirchner en la Rosada. Al respecto, Página/12 le preguntó a Chávez si en la charla de los presidentes se había conversado sobre los intereses de Repsol en Bolivia: “No. Eso no se discutió en esta reunión”, contestó. Ese tema quedó pendiente para el próximo encuentro en Viena, donde los países del Mercosur se encontrarán con los jerarcas de la Unión Europea.

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En público, los cuatro presidentes reunidos en Iguazú volvieron a mostrar una buena relación.
 
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