EL MUNDO › UN PROYECTO QUE INCLUYE LA DIVISION DE JERUSALEN

Kadima y socios con plan nuevo

 Por Juan Miguel Muñoz *
Desde Jerusalén

El Parlamento de Israel aprobó ayer el gobierno de coalición del primer ministro Ehud Olmert. Su partido, Kadima, ha forjado con los laboristas, los ultraortodoxos sefardíes del Shas y el Partido de los Jubilados un Ejecutivo que cosechó el apoyo de 65 de los 120 diputados. Pero es un gabinete que nace con respaldos condicionados y sin figuras carismáticas. Tampoco abundan, como ha sido tradicional, los galones militares en un gobierno que afrontará el rechazo de la derecha a la principal iniciativa parlamentaria: la evacuación de decenas de miles de colonos judíos de Cisjordania. Además, Kadima presentó un proyecto unilateral para fijar las fronteras permanentes en el 2010, incluyendo la división de Jerusalén.

Olmert, un político laico y liberal que dirige un partido sin ideología definida, juró anoche su cargo tras la votación y dejó de ser primer ministro interino. Afronta ahora el reto de continuar la estela de Ariel Sharon, que se embarcó en la evacuación de la Franja de Gaza pese a la dura oposición de la derecha civil y religiosa, que dispone en la presente Cámara de casi 40 asientos. Su más controversial proyecto será seguramente la división de Jerusalén. El gobierno propone que la Ciudad Vieja, sus santuarios y los barrios adyacentes queden bajo “un régimen especial”, aunque seguirían dentro de la soberanía de Israel.

Kadima cuenta con 29 escaños en la Knesset. Su principal socio en el Ejecutivo, el Partido Laborista, se hizo con 19 escaños en las elecciones. Y la sorpresa de los comicios, el Partido de los Pensionistas, logró siete. Han sido necesarias las habituales concesiones a los ultraortodoxos –subsidios a las escuelas religiosas y a sus programas religiosos– para sumar a Shas al gobierno. Pese a ello, este partido –que tiene 12 diputados y siempre está presto al regateo– ha anunciado que su respaldo a la desconexión de parte de Cisjordania se estudiará en cada caso. No es un Ejecutivo fuerte. Y no sería de extrañar que Olmert se viera forzado a cambiar de aliados –algo habitual– para ejecutar su programa territorial.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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