EL PAíS › OPINION

“Demócratas” y “populistas”

 Por Luis Bruschtein

Condoleezza Rice y Thomas Shannon hicieron un llamado el martes para frenar el eje populista representado por los gobiernos de Venezuela, Bolivia y por Humala en Perú. El mismo día, el Financial Times descerrajó su editorial contra los “populismos” de Venezuela, Bolivia y Argentina, alabó a los gobiernos “democráticos” de Uruguay y Chile y colocó al de Brasil en una zona intermedia. Para Rice y Shannon, Brasil, Argentina y Chile deberían neutralizar la ola populista. Para el Financial Times, Argentina y en parte Brasil también forman parte de esa amenaza.

Desde la derecha argentina, el proceso regional se enfoca con una óptica todavía más sesgada, porque achaca al progresismo en general la incapacidad de timonear el proceso de integración. Tanto hablan de la unidad latinoamericana –dicen desde allí– y el Mercosur nunca estuvo peor que ahora, cuando casi todos los gobiernos tienen un tinte progresista.

La nacionalización en Bolivia y sus ecos en Brasil y las diferencias entre Uruguay y Argentina por las papeleras dispararon estos enfoques sobre una realidad que desconcierta a un pensamiento que fue hegemónico durante los últimos treinta años. Todos establecen líneas divisorias y tienden a acentuarlas: Argentina, Brasil y Chile contra Venezuela y Bolivia. O Uruguay y Chile contra todos los demás. Y estas líneas tienden a subsumirse en la segunda visión, porque cuanto más peleen “democráticos” y “populistas”, más se probaría la impotencia, la ingenuidad o la falta de idoneidad de esta especie de ola de gobiernos reactivos al neoliberalismo que, según sus adversarios, no entienden a los mercados y sus movimientos.

La reacción de Lula ante los sacudones que provocó la nacionalización boliviana sobre la industria paulista fue convocar de urgencia a esta reunión en Puerto Iguazú. La Fiesp (la central empresaria de San Pablo) clamó por represalias, la oposición salió a cortarle la yugular al presidente por la relación amistosa con Evo Morales y hasta el titular de Petrobras anunció contragolpes. Si dejaba crecer ese discurso, que seguramente iba a estimular a su contraparte en Bolivia, la confrontación hubiera ascendido a un punto con poco retorno.

La intención de Lula fue anteponer un carril negociador a cualquier posible exabrupto. Si el exabrupto estallaba antes, ese carril hubiera sido más difícil de establecer. La reunión de los cuatro presidentes a solas demuestra además que se trató de no dejar nada en el tintero, que cada quien volcara sin testigos lo que tuviera atravesado, desde el mercantilismo de Petrobras hasta la falta de comunicación previa por parte de Evo. Pero la declaración pública fue de respaldo al Mercosur y a la convergencia energética en la región.

La reacción de Lula de abrir rápidamente esta válvula de negociación para impedir el envenenamiento con sospechas, desconfianzas o agravios no se dio en el caso de las papeleras. En este punto, el encuentro de presidentes fue lo primero que se condicionó a algún tipo de resultado, con lo que ahora Kirchner y Vázquez no pueden coincidir en reuniones o tienen que evitarse mientras el discurso nacionalista al cuete tiende a extenderse, sobre todo en Uruguay.

Los presidentes de la región coinciden en la necesidad de cambiar un Mercosur fundado en paradigmas de fines de los ’80 como pura confluencia de mercados. Venezuela propone el ALBA como alternativa de intercambio solidario, complementario y de beneficio mutuo, lo cual presupone un poderoso sector estatal de la economía. En países como Argentina y Brasil, el Estado quedó raquítico y la mayor parte de la economía es privada. El ALBA es muy difícil así, pero el Mercosur librado al flujo de los mercados es pura crisis de asimetrías, competencias desleales y preeminencia del más fuerte. La integración por el libre impulso de los mercados es la guerra de las economías. La reunión de Puerto Iguazú genera otra variable donde la voluntad política, sobre la base de un proyecto común de integración regional, abre el cauce a instancias de racionalidad que de otra manera serían imposibles.

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