EL PAíS › LA DISCUSION CON BOLIVIA POR LOS PRECIOS

Para arriba como globo de gas

 Por Cledis Candelaresi

Hace pocos días, los colaboradores de Evo Morales hicieron saber al gobierno argentino sus aspiraciones de llevar a 5,5 dólares el millón de BTU, el gas que hoy se importa desde ese país a 3,18. “Fue una promesa de campaña y no podemos bajarnos de ella”, justificó el funcionario boliviano ante Julio De Vido, que tenía in mente una contraoferta bastante más baja. La discusión sobre este valor es uno de los puntos claves del acuerdo que se está renegociando con el país vecino desde antes del anuncio del decreto nacionalizador y tiene como marco la anunciada pretensión de La Paz de subirlo tanto como le resulte posible.

En uno y otro caso los acuerdos son diferentes. Brasil tiene un acuerdo por 20 años, firmado a fines de la década pasada, en virtud del cual el precio del gas que importa se ajusta por una canasta de combustibles líquidos: esto fue llevando de un dólar el MBTU a los 3,70 actuales. Argentina firmó un contrato hacia fines del 2004, por el que se comprometía a pagar 1,60 dólar el MBTU, renovable semestralmente. Paulatinamente ese valor se fue ajustando.

De Vido decidió darle al tema la jerarquía que merece sobre dos supuestos. Uno, es que en el corto plazo Argentina necesitará aumentar el volumen de lo que hoy importa, que no llega a los siete millones de metros cúbicos día. Otro, es que no sería muy razonable pagar más de 4 dólares el millón de BTU, en particular si se aspira a tener contenidos los precios internos de ese carburante. Con estas ideas, De Vido encaró aquellas discusiones con un número: 3,80 dólares, apenas un poco por arriba de lo que hoy paga Brasil. El intercambio de números comenzó antes de la decisión boliviana de nacionalizar, que no cambió sustancialmente el escenario para la Argentina. La discusión ya estaba teniendo lugar entre ambos estados, condición que aquella norma torna ineludible, ya que de ahora en más será Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos la que comercialice los hidrocarburos, eligiendo destino y condiciones. Tampoco puede decirse que haya fogoneado la ya declarada voluntad de Bolivia de mejorar su precio de venta, tanto para la Argentina como para Brasil, mucho más dependiente de ese gas que nuestro país.

Otra incógnita clave se refiere al volumen que podrá comprar Argentina en el futuro. Alberto Fernández ayer minimizó la dependencia del gas boliviano subrayando que Argentina está “cerca del autoabastecimiento”. El problema es que por el crecimiento de la demanda y caída de las reservas, en menos de dos años Argentina tendrá un faltante de gas que bien podría cubrirse con el aporte boliviano, cuya compra Planificación aspira subir por encima de los 20 millones de metros cúbicos. De Vido sabe que no hay manera de revertir de inmediato el cuadro deficitario y por eso apuesta a lograr con la administración de Morales el mejor acuerdo posible, sin dejar de escuchar algunas sugerencias que le llegan desde el sector privado como la de ir promoviendo el uso de combustibles alternativos.

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