SOCIEDAD

Cómo estar de vuelta con apenas 14 años cumplidos

El hijo mayor de una pareja de judíos ortodoxos, que se mantenía oculto para no ser enviado a Estados Unidos con su madre, se presentó voluntariamente ante la jueza para viajar contra su voluntad.

 Por Horacio Cecchi

Entró en la sala de periodistas de Tribunales. Dijo quién era. Pidió un teléfono para hablar con sus abogados y dijo: “Soy yo, Rafi. Estoy en Tribunales para ir con la jueza”. R. D., el mayor de los tres hermanos que fueron objeto y no sujetos de discusión entre madre y padre durante tres años, se presentó ayer ante la jueza civil Irene Martínez Alcorta para hacer efectiva –supuestamente contra su voluntad– su restitución a su madre, Noemí Ergas, quien vive en Estados Unidos. Los dos hermanos menores ya fueron enviados al país del Norte a fines de marzo pasado, pero R. D. logró escabullirse y “desaparecer” de la vista judicial. Hasta ayer, cuando se presentó ante la jueza. Los abogados de su padre, Moisés Dayan, presentaron un recurso de inconstitucionalidad ante la Corte Suprema, no ya por la restitución –que es cosa juzgada–, sino porque la Justicia argentina no hizo lugar a la nueva Ley de Protección de la Niñez, que subraya el interés del niño por encima de cualquier otra cuestión.

Durante la mañana de ayer, R. D., de 14 años, apareció por la sala de periodistas de Tribunales. “Soy yo, Rafi”, se presentó. No hicieron falta demasiados pergaminos para que se supiera de quién estaba hablando. R. D. es el hijo mayor de Moisés Dayan y Noemí Ergas, un matrimonio de judíos ortodoxos que viajó a Estados Unidos en el ’99 con sus tres hijos y que en 2002 decidió regresar. De regreso, la pareja ya estaba en crisis y no duró mucho más. En 2003, la mujer regresó a Estados Unidos, pero los hijos quedaron con el padre, en la Argentina. Ergas inició un juicio por la tenencia, que es el que en definitiva determinó el regreso de los tres chicos al país del Norte.

A fines de marzo, tras que la Corte confirmara que en el fallo que ordenaba la restitución de los tres chicos (de 8, 10 y 14 años) no había materia que pusiera en duda su constitucionalidad, una comisión policial buscó a los tres hermanos en el colegio. A los dos menores los pudieron ubicar y los restituyeron de inmediato a su madre, quien había viajado para recuperarlos y regresar a Estados Unidos. Pero a Rafi, o R. D., no, porque de algún modo se enteró y logró birlar la búsqueda, supuestamente por sus propios medios. Durante un mes y medio permaneció oculto, supuestamente sin ayuda paterna. Hasta ayer, que se presentó, también supuestamente por su cuenta, en Tribunales.

Rafi, o R. D., pidió entonces un teléfono y supuestamente dio la novedad a los abogados de su padre, Alfredo Belisario y Claudio Trugman. “Soy yo, Rafi”, volvió a decir y, al rato, los abogados estaban en la sala de periodistas para llevar a R. D. ante la jueza.

“Cuando se inició el expediente, hace tres años –dijo Trugman a Página/12–, la voz de los chicos sólo podía ser vinculante. Se trataba de un expediente de restitución, donde se debate quién de los padres tiene derecho a la custodia. Pero presentamos otro reclamo contra el Estado nacional a efectos de que cumpla con los tratados internacionales (entre ellos la Convención por los Derechos del Niño) y la ley 26.061.”

A diferencia del debate por los derechos de custodia entre dos adultos, la 26.061 ordena a los jueces dar prioridad a la voz y los intereses de los niños. En este caso, el reclamo fue rechazado en primera instancia y ante la Cámara en lo Contencioso-Administrativo y ahora, una vez más, transita camino a la Corte. Entretanto, Rafi o R.D. se encontraba bajo la guarda de un rabino hasta que le llegara la hora de viajar.

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Moisés Dayan con sus tres hijos, días antes de que los dos menores fueran enviados a Estados Unidos.
 
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