EL PAíS › KIRCHNER “SEPARO” AL CAPITAN CHITARRINI

El edecán, al rincón

El Presidente ordenó que su edecán naval, uno de los tres uniformados que lo escoltan en público, se quedara en su oficina. No lo destituyó, pero lo “separó” de sus funciones por la relación que tiene el capitán de fragata con el teniente coronel Nanni, sumariado por reivindicar de uniforme el terrorismo de Estado.

 Por Nora Veiras

Los habitués a las ceremonias oficiales en la Casa Rosada notaron su ausencia. Esta última semana faltó el impecable uniforme de la Armada entre los militares que custodian al Presidente ¿Qué pasó? Pasó que Néstor Kirchner “separó” al edecán naval Jorge Domingo Chitarrini. Oficialmente, el capitán de fragata de Infantería de Marina sigue cumpliendo funciones en la Casa Militar, pero sólo en su despacho. Es un secreto a voces que el primer mandatario está lejos de gozar de ver la sombra de uniformados sobre sus movimientos y el malestar con el marino se acrecentó porque en Gobierno están convencidos de sus contactos con sectores ultramontanos de las Fuerzas Armadas. Su relación con el teniente coronel Emilio Nanni, sumariado por haber participado, de uniforme, el 24 de mayo en un acto donde se reivindicó el terrorismo de Estado, selló su suerte.

Los pasos de los hombres del almirante Jorge Godoy son observados con lupa desde las denuncias por espionaje interno en la Base Naval Almirante Zar de Trelew, en marzo pasado. El escándalo obligó al pase a retiro del vicealmirante Eduardo Avilés, tercero en la cadena de mandos, y del director de Inteligencia, contraalmirante Pablo Rossi. Las denuncias están siendo investigadas por la Justicia y derivaron en la reestructuración de las tareas de inteligencia de todas las Fuerzas Armadas, que pasaron a depender en forma directa del Ministerio de Defensa.

Chitarrini fue designado edecán naval del Presidente a fines de enero del año pasado en reemplazo del capitán de fragata Gabriel Catolino, quien pasó a ser jefe del cuerpo de cadetes de la Escuela Naval Militar. Cada fuerza tiene un representante en la Casa Militar, que depende de la Secretaría General de la Presidencia, a cargo de Oscar Parrilli. Con oficinas en el primer piso de la Rosada, al lado del Salón Blanco, los oficiales están al tanto de la agenda de la plana mayor del Gobierno. Manejan información de primera mano y, en consecuencia, la confianza es el atributo más preciado en un vínculo obligado por la estructura burocrática.

En los corrillos de la Rosada comentan que el virtual congelamiento del edecán naval fue provocado por sus contactos con el teniente coronel Emilio Nanni, uno de los fogoneros de los grupos de militares retirados que protagonizaron este año la agenda de homenajes a los muertos en ataques subversivos, que en varios casos trocaron en reivindicaciones del terrorismo de Estado. El 24 de mayo pasado, en Plaza San Martín, frente al cenotafio de Malvinas, la denominada Comisión de Homenaje Permanente a los Muertos por la Subversión organizó un acto en el que el presidente de la Unión de Promociones, general Juan Miguel Angel Giuliano, criticó al jefe del Ejército, Roberto Bendini, y al Presidente, y se solidarizó con los represores presos. Por decreto, Kirchner ordenó la apertura de un sumario a Giuliano, a los coroneles Miguel Angel Sciuriano, Rodolfo Jorge Solís, José Gaspar Chas y Guillermo César Viola, y al teniente coronel Emilio Nanni. Todos ellos asistieron al acto de uniforme, al igual que cinco oficiales en actividad que fueron sancionados. El juez militar todavía no resolvió el castigo a aplicar a los seis retirados.

Nanni es el locuaz oficial que perdió un ojo durante la recuperación del Regimiento de La Tablada en enero del 1989, compañero frecuente de Luis Abelardo Patti, del carapintada Breide Obeid y del teniente coronel Héctor Mario

Schwab, el fundador de la empresa de investigaciones Scanner S. A., una de las sedes de las tertulias nostálgicas de la dictadura. A pesar de su vigente pedido de captura internacional dictado por el juez español Baltasar Garzón, Schwab sigue activando relaciones desde la secretaría de la Unión de Promociones, “formando” a la militante castrense Cecilia Pando y ahora brindando sus conocimientos en seguridad al protocandidato Juan Carlos Blumberg. Claro que el ingeniero le habría pedido por favor que no invocara más su nombre en público, tardíamente preocupado por aquello de “dime con quién andas y...”

El grupo sufrió algunas bajas a partir de las detenciones de varios represores por la reactivación de las causas por violaciones a los de derechos humanos. Uno de ellos es Adolfo Miguel Donda Tigel, oficial de Inteligencia de la Armada, acusado de 62 delitos de lesa humanidad, quien compartía con Schwab no sólo amistad sino también negocios como dueño de empresas de seguridad ligadas a la actividad aeroportuaria. El marino está preso desde hace más de dos años en el Apostadero Naval Río Santiago. Sin embargo, algunos afirman que desde allí y también cuando se hace trasladar al Hospital Naval sigue comandando Top Air Security (TAS) y utiliza sin restricciones las líneas telefónicas y las conexiones a internet de la Armada. La empresa sufrió un revés cuando se le quitó la habilitación para operar en Ezeiza tras el escándalo del tráfico de drogas en Southern Winds a principios del año pasado. El nombre de Donda saltó a los medios en las últimas semanas a raíz de la carta documento intimidatoria que le envió a Adrián Jaime, el cineasta que está filmando la vida de Victoria Donda, la sobrina del represor que nació en la ESMA durante el cautiverio de sus padres y fue entregada por su tío a un apropiador. Victoria recuperó su identidad recién hace dos años.

Los reparos

A la Casa Militar de la Presidencia reportan la Agrupación Aérea, responsable de la flota presidencial de aviones, y la Agrupación Seguridad, encargada de la custodia del Presidente en Balcarce 50 y en la residencia de Olivos. En octubre de 2004, ambas funciones entraron en crisis a raíz del accidente del Tango 01, que obligó a un aterrizaje de emergencia en la Base Aérea de El Palomar y de la aparición de un intruso en Olivos. Durante tres horas, un desconocido se dio el gusto de pasear por la residencia mientras la familia presidencial dormía y hasta pidió un vaso de agua en la Casa de Huéspedes, sin que nadie se alterara. El hombre nunca fue capturado o identificado.

–¡¡¡¡Quién me está cuidando!!!! –bramó por entonces Kirchner y arreció la versión de reflotar un proyecto para transformar la Casa Militar en una Casa Civil.

A pocos meses de asumir, en noviembre del 2003, Parrilli había denunciado ante la Justicia un escándalo de sobrefacturación en los viajes del Tango 01. En ese momento fueron relevados los pilotos, el comodoro Aldo Perotti y el vicecomodoro Ernesto Pellizaro, quienes eran los encargados de realizar los pagos con el dinero entregado por la Casa Militar. Según la denuncia, que recayó en el Juzgado de María Romilda Servini de Cubría, en sólo dos viajes al exterior se habían comprobado sobrefacturaciones por 129 mil dólares promedio en cada uno.

Con esos antecedentes, las relaciones siempre están teñidas de suspicacias. El proyecto de desactivar la Casa Militar quedó stand-by pero en los últimos días se llegó a escuchar al Presidente decir que no quería ver más oficiales de la Armada detrás de él. Por ahora, el capitán de fragata Chitarrini sigue recluido en su despacho con pronóstico reservado. Seguramente añora su cargo al frente de la subunidad de Cascos Azules de Chipre que tuvo como destino previo a las turbulencias de la Rosada.

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Imagen: DyN
 
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