EL PAíS › JUAN CABANDIE Y VICTORIA DONDA

Nietos legisladores

Fueron apropiados durante el terrorismo de Estado. Recuperaron su identidad en 2004 y en diciembre asumieron cargos legislativos. El es legislador porteño, ella diputada nacional. Ambos son kirchneristas. Hablan del Gobierno, la memoria, Febres, López y la corrupción.

 Por Victoria Ginzberg

Ella llega primero. Vestido de strapless, colores poco llamativos si se lo compara con su atuendo habitual. “Lo más recatado que encontré en el guardarropa”, bromeará después. Apenas se sienta en el bar, se acerca un movilero para hacerle una nota. Al rato aparece él. Saco y camisa sin corbata. Tienen cerca de 30 años y una historia en común.

–Los dos nacimos sobre avenida Libertador. Un lugar muy cheto –dice ella.

–Y con mucha seguridad –dice él.

Victoria Donda y Juan Cabandié nacieron en el centro clandestino de detención que funcionó en la ESMA. Sus mamás los parieron mientras estaban secuestradas. Todavía están desaparecidas. Como sus papás.

María Hilda Pérez le puso a su hija un hilito azul en la oreja como marca de identidad, pero la niña nunca llegó a su familia biológica. Alicia Alfonsín estuvo con su hijo veinte días y alcanzó a llamarlo Juan, un nombre que él reconocería como propio antes de saber que lo era.

El 24 de marzo de 2004, las historias de Juan y Victoria volvieron a cruzarse en el mismo sitio en el que habían comenzado. Juan fue uno de los oradores del acto en el que se anunció que la ESMA se convertiría en un espacio para la Memoria. Se había enterado sólo dos meses antes que era hijo de desaparecidos y estaba haciendo gestiones para conocer a compañeras de su mamá que habían presenciado los pocos días en que estuvieron juntos. Fue invitado a hablar y se animó. Estaba debajo del escenario, llorando, cuando una morocha le tocó el hombro. “Vos, por lo menos, sabés quienes fueron tus papás, yo ni eso.” El no entendió mucho. Preguntó y supo que ella también había nacido en una sala del Casino de Oficiales que estaba allí delante. Al menos, esa era la fuerte sospecha de miembros de HIJOS y de Abuelas de Plaza de Mayo. Ella todavía se resistía a saber. Juan había buscado su identidad y se sumó al grupo de “contención” de Victoria, que todavía era Analía. Poco después, el análisis genético comprobaría que las sospechas eran ciertas.

Juan Cabandié y Victoria Donda se convirtieron en diciembre en los dos primeros nietos apropiados y restituidos en ocupar cargos legislativos. El como legislador porteño y ella como diputada nacional por la provincia de Buenos Aires. La militancia de Juan comenzó ese 24 de marzo de 2004 en la ESMA. Cuando bajó del palco, Alicia Kirchner le ofreció que se sumara a su equipo. Hoy es dirigente de la agrupación GEN. Victoria milita desde los 16 años. Empezó en la agrupación estudiantil Venceremos, ahora integra Libres del Sur y desde allí el espacio kirchnerista.

Un flash informativo en la televisión del bar trae la imagen de Victoria en el Congreso. Su asunción. Juró por sus padres, los desaparecidos y las víctimas del 19 y 20 de diciembre de 2001. Y leyó los nombres de todas. Unos días antes Juan hizo lo propio en la Legislatura. “Me puse muy nervioso –cuenta–. Juré por la madre tierra, por las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo y por los 30 mil desaparecidos. Pero hubo un problema, la gente empezó a aplaudir antes de que yo terminara y en vez de decir...

–En vez decir por la madre tierra dijo por la madre patria –completa Victoria–, o sea que juró por España.

Los dos se ríen.

–Sí, lo cambiamos en la versión taquigráfica, porque mi deseo no era ése –sigue Juan.

Durante la entrevista, el humor aparece como un gran aliado, sobre todo para conjurar el terror, igual que las ironías sobre el prefecto Héctor Febres, muerto por cianuro antes de su sentencia. El represor, encargado de las embarazadas en la ESMA, fue muy probablemente quien –literalmente– los arrancó de los brazos de sus madres para entregarlos a familias vinculadas con el terrorismo de Estado. Juan y Victoria hablan de su historia, de la memoria y la justicia y de política: de la heterogeneidad del kirchnerismo, de por qué apoyan al Gobierno, de la corrupción y los intendentes, de sus planes legislativos y del futuro.

–¿Qué significa para ustedes que dos personas que nacieron en la ESMA asuman cargos legislativos?

Victoria Donda: –Me parece que es producto de la lucha de estos años de democracia. No creo que sea aleatorio y ni siquiera que sea solo una decisión política de este gobierno. Tiene que ver con un avance en la discusión que se da en el seno de la sociedad, una impronta que han puesto los organismos de derechos humanos en su lucha por recuperar la memoria, la verdad y la justicia.

Juan Cabandié: –Pienso parecido. Creo que es la síntesis de una decisión política del Estado, marcada en los cuatro años de gobierno de Néstor Kirchner, juntamente con la sociedad civil organizada, en este caso, los organismos de derechos humanos. La combinación entre ambas cosas han permitido que la discusión sea a favor de sostener las banderas que empezaron a levantar las Madres y las Abuelas que tiene que ver con la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.

–¿Qué los llevó a la política?

V.D.: –Empecé a militar cuando tenía 16 años en una agrupación juvenil porque estaba convencida de que la única forma de transformar la realidad era a través de la política. Siempre recuerdo la frase de Jauretche que dice que la apolítica es la política de las minorías para que las mayorías no hagan política. De a poco estamos pudiendo reconstruir una esperanza.

–Vos empezaste a militar antes de saber tu verdadera identidad. ¿Cómo se resignificó tu militancia con ese hecho?

V.D.: –Milito desde otro lugar. Ya no lo hago en oposición a nadie ni a nada sino que soy consciente de que lo hago como una continuidad de lo que hicieron mi papá y mi mamá. Le dio un significado diferente.

–Antes lo hacías en oposición a qué.

V.D.: –A una amplia mayoría de la sociedad, pero también a mi familia de crianza.

–Juan, ¿tu militancia surgió en la ESMA...

J.C.: –A diferencia de Vicky, yo no tenía una militancia en un espacio de organización. Sí tenía intereses políticos y actividad social, pero enmarcada en otro contexto, en la Iglesia. Esas inquietudes, ese despertar colectivo surgen después del acto de la ESMA.

–¿Qué cosas los diferencian? ¿Juan es “más pingüino”?

V.D.: –El kirchnerómetro... no sé. Yo milito por un proyecto de país, por un proyecto político. Hoy ese proyecto está conducido por la compañera presidenta Cristina. Y Kirchner es una parte fundamental de ese proyecto. Y soy del movimiento Libres del Sur. Cristina dijo algo y estoy totalmente de acuerdo en que hay que terminar con los proyectos individualistas y hay que ponerse a construir un proyecto político, económico y social, así que como yo soy también una mujer que hace política y reconozco en Cristina un montón de virtudes, le voy a hacer caso y decir que yo, más que kirchnerista, soy parte de este proyecto político, económico y social que estamos construyendo. Creo que vamos a coincidir.

J.C.: –Sí, coincidimos.

–Entonces, ¿coinciden en todo?

J.C.: –Seguramente no en todo.

V.D.: –Tenemos diferencias. Venimos de experiencias diferentes.

J.C.: –Ella se pinta los labios, yo no.

–Todavía...

J.C.: –Noooo, nunca. Diferencias se van a encontrar con todo el mundo. Lo importante es entender que necesitamos adquirir un rumbo de país determinante para establecer las bases culturales, políticas, y sociales que definitivamente liberen a la Argentina del ostracismo, de la exclusión y de la inequidad social. Uno siempre tiene que apuntar a buscar las coincidencias. Estoy seguro que en el proyecto que encabezan los Kirchner (subraya los) podemos construir una base que nos incluya a todos y que ninguno piense la política en forma silvestre y para su beneficio propio.

V.D.: –Creo que es impensable en una sociedad tan heterogénea pensar en un proyecto que no sea igual de heterogéneo y que no exprese a todos estos sectores que convivimos en esta gran patria. Lo que sí me parece importante en esta gran heterogeneidad que es el Frente para la Victoria, en donde hay de todo, es que los sectores más vigorosos, los que le den empuje, tienen que ser los que siempre hemos sido consecuentes con un modelo social.

–Decís que “hay de todo”, ¿cuánto les molesta ese todo?

J.C.: –Un caso paradigmático es el de (Alberto) Groppi, el ex intendente de Esteban Echeverría.

V.D.: –Le hicimos una impugnación.

J.C.: –Y un escrache. En eso hay que trabajar. Hay que alentar desde el mismo Frente para la Victoria en ir limpiando la maleza, separar la paja del trigo.

V.D.: –Y a otros se les gana en las urnas. Manuel Quindimil (ex intendente de Lanús) era alguien que me molestaba bastante. Hay distritos del conurbano en los que había gente que no me gustaba del Frente para la Victoria y hemos podido sacarlos de los lugares del poder y hoy tenemos el desafío de construir otras opciones dentro de esos distritos.

J.C.: –Los que representamos a nuestra generación tenemos que agregar a las ideas rectoras que ha marcado el Presidente y tenemos que sacar a los mercaderes del templo. Somos los encargados como generación, como renovación política, de sacar a los mercaderes del templo que piensan la política para beneficio personal.

V.D.: –No sólo nuestra generación, todos los hombres y mujeres consecuentes con una idea.

–¿Creen que ser hijos de desaparecidos, apropiados, les “sirvió” de alguna manera para llegar a donde están ahora?

V.D.: –Si yo no hubiese encontrado mi identidad, si todavía me llamase Analía, no sería diputada nacional. Y supongo que Juan no hubiera hablado en la ESMA y no hubiera empezado a militar en un proyecto político. Decir que ser hijos de desaparecidos no tiene nada que ver con los lugares en los que nosotros estamos es una mentira. Estoy convencida de que en parte es absolutamente así. Pero también es cierto que yo pertenezco a un movimiento que tiene una extensión nacional con miles de compañeros organizados en todo el país y que somos una representación importante en el Frente para la Victoria. Y Juan también, desde que recuperó su identidad, es parte de un proyecto político.

J.C.: –Sería errado desconocer esta pertenencia a nuestra historia, que además está enmarcada en el accionar colectivo de las Abuelas, de los organismos de derechos humanos. Pero hay que entender que con eso no alcanza. Además de esa pertenencia, nosotros tenemos que ponerle a nuestra responsabilidad legislativa, formación, capacitación y responsabilidad.

–¿Qué contestan a los que dicen que la política de derechos humanos del Gobierno es sólo discursiva?

V.D.: –Me parece que... el discurso de Cristina me gustó mucho... bueno, me parece que por una cuestión de salubridad política, si cabe el término, tenemos que empezar a construir un oficialismo con memoria pero también una oposición con memoria. Que lo digan los mismos radicales que votaron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida o los miembros del PJ que estuvieron con el Indulto...

–También lo dicen, por ejemplo, Elisa Carrió y Patricia Walsh.

V.D.: –De Patricia Walsh no voy a hablar. Para mí, es una compañera equivocada. Carrió fue parte la UCR cuando se votaron las leyes de la vergüenza, no tiene autoridad moral. Los derechos humanos no son sólo las políticas para subsanar lo que pasó hace treinta años. Es más amplio. Pero si lo que hubiese hecho el Gobierno no hubiese pasado de haber recuperado la ESMA y de que el Presidente se pare en un escenario y diga que pide perdón en nombre del Estado argentino y que se siente parte de la generación del ’70 ya sería una cuestión de celebrar.

–Decís que los derechos humanos son más amplios y ésa es otra crítica de la oposición, dice que el Gobierno sólo se ocupa de la década del ’70 y no de problemas actuales...

J.C.: –Se descuida, por ejemplo...

V.D.: –...aumentarles a los jubilados...

J.C.: –...haber recuperado tres millones y medio de puestos de trabajo, haber bajado los índices de pobreza, de desocupación. Si eso no son derechos humanos díganme qué son. Las críticas son críticas ideológicas. Muchos buscan ciertas banderas para salir en la televisión. Como dijo Vicky, que sean oposición responsable.

–¿Qué cambios que no se hicieron con la asunción de Cristina Kirchner les hubiesen gustado?

J.C.: –Me hubiesen gustado cientos de cosas, pero hay que analizar las posibilidades reales, concretas. Las decisiones políticas llevan su tiempo y están atravesadas por diferentes intereses. No hay que pegar en el aire. Hay cuestiones por saldar, como por ejemplo, la ley de Radiodifusión...

V.D.: –Exacto, la ley de Radiodifusión, la ley de Educación Superior, en la que creo que hace falta un debate de la comunidad educativa toda.

J.C.: –Desde la ciudad de Buenos Aires pensamos que no hay otra forma de transformación real que no sea a través de la participación y la organización. Macri creó las agencias y puso tipos procesistas y con negocios fraudulentos con el Estado. Eso imposibilita el ensanchamiento del Estado, está reduciendo la participación de los vecinos. La única posibilidad es la participación de la gente.

V.D.: –Yo creo que hay cambios que se deberían haber hecho y no se hicieron. Coincido en que todo lleva su tiempo y su proceso. Pero digo no a tipos como (Raúl) Othacehé, a tipos como (Alberto) Groppi, como (Manuel) Quindimil, a tipos que llevaron la boleta del Frente para la Victoria. Eso no es responsabilidad sólo del Gobierno sino de todos los que somos parte del Frente para la Victoria que no pudimos construir una alternativa. Pero me parece que deberíamos haber avanzado aún más en el recambio de ideas.

–¿Creen que hay corrupción en el Gobierno?

–VD: (Mira a Juan).. No sé Juan... pero yo creo que hay...

J.C.: –Hay en todos los ámbitos, lo vimos con el caso del diputado Héctor Recalde, desde las mismas empresas. Lo bueno fue que en los casos que hubo funcionarios del Gobierno fueron agencias públicas los que lo descubrieron.

V.D.: –Y se han puesto los funcionarios a disposición de la Justicia, cosa no ha hecho ningún gobierno.

J.C.: –Exactamente. Es un ejercicio democrático importantísimo.

Después del cianuro

–La desaparición de Julio López, el envenenamiento de Héctor Febres, ¿qué son? ¿Fallas del Estado, fisuras, deficiencias de la Justicia?

J.C.: –Desde lo sucedido con Julio López estamos pidiendo la custodia de los testigos. López, Febres son signos para que todos los argentinos tengamos en cuenta que estas mafias siguen operando, pero que eso no va a hacernos retroceder ni un centímetro.

V.D.: –Aquellos que dicen entender un poquito de política deberían analizar no tan maliciosamente la situación. Es claro que quien detenta el poder del Estado nacional, si bien tiene mucho poder, tampoco maneja todos los resortes. Existe lo que se llama el poder permanente y el poder transitorio. El poder permanente lo tienen los que dirigen esas instituciones que son permanentes y el poder transitorio lo tenemos aquellos que coyunturalmente ocupamos un lugar dentro del Estado. Que las Fuerzas Armadas y los sectores concentrados que han instalado en este país el genocidio estatal continúan teniendo poder no es un secreto para nadie y mucho menos cuando muestran su accionar a plena luz del día como en el caso del secuestro del compañero Julio López y en el envenenamiento del genocida Febres. Lo que sí es una responsabilidad del Estado es que cuando la Justicia es lenta no es Justicia. Hay una responsabilidad de los jueces en hacer la Justicia más rápida.

–¿Les pasó algo especial con la muerte de Febres teniendo en cuenta que era el encargado de las embarazadas en la ESMA?

V.D.: –Yo me puse a llorar. Es eso, cuando la Justicia es lenta no es Justicia. Las víctimas necesitábamos una sentencia. Me puso mal, un mensaje mafioso.

J.C.: –Además, se llevó a la tumba mucha información. Se decía que iba a hablar sobre los culpables y cómplices que junto con él torturaron, hicieron desaparecer y secuestraron niños. Lamentamos mucho esta muerte.

–Pensaban “este tipo me...”

V.D.: –...me robó, sí. Y me vistió y me llevó a tomar la teta a la casa de una señora porque yo no quería mamadera y lloraba mucho.

J.C.: –Nos tuvo a upa, Vicky. A la mayoría de los que estuvimos ahí nos llevó con el apropiador. Fue el autor de separarnos de nuestras mamás. A mi mamá le dijo que escribiera una carta para mi abuela.

V.D.: –A mi mamá también... a todas.

Experiencia y referencia

–¿Tienen miedo de que los legisladores experimentados los pasen por arriba?

J.C.: –Me encanta que me subestimen.

V.D.: –Sí, en un punto está bien, porque los sorprendés.

–¿Sienten que los miran y dicen “a éstos me los como crudos” o no?

J.C.: –Alguno lo pensará... no te lo voy a negar... pero que me sigan subestimando.

V.D.: –El que piense pasarme por encima a mí, evidentemente, no me conoce.

–O no te vio bien

V.D.: –Y está difícil porque uso vestidos de colores, para no verme es ciego.

–¿Sus referentes en política?

V.D.: –Humberto Tumini (dirigente de Libres del Sur).

J.C.: –El Presidente y la Presidenta.

–¿Alguien más?

V.D.: –Chávez.

J.C.: –El Presidente y la Presidenta

V.D.: –Fidel Castro.

J.C.: –(riendo) El Presidente y la Presidenta

V.D.: –Pero... ¡bancá a Fidel o Chávez!

–¿Qué cosas de su vida cotidiana cambiaron desde la asunción?

V.D.: –Todos me dicen diputada.

J.C.: –Yo te voy a decir Vicky.

V.D.: –Gracias. El otro día me llaman y me dicen “hola, con la diputada Victoria Donda”... Yo pensé que era uno de mis compañeros. “Sí, dale tarado”, digo. Y era el productor de Santo Biasatti... una vergüenza.

–¿Alguna otra cosa?

V.D.: –No duermo, me genera mucha responsabilidad. Me está costando dormir.

J.C.: –Es cierto eso.

V.D.: –Pero no entramos solos. Yo juré por mis papás, estaban ahí, al costadito.

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Imagen: Rolando Andrade
 
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