EL PAíS › LA CUBA DE RAúL CASTRO

Isla abierta por reformas

 Por María Laura Carpineta

Cuba no vive una transición, pero el gobierno alimenta las expectativas. Desde su asunción en febrero pasado, Raúl Castro no ha pasado ni un mes sin presentar una reforma. Liberación de la venta de electrodomésticos, celulares y computadoras. Apertura de los hoteles de lujo, reservados hasta entonces para los extranjeros o para las lunas de miel. Con cada anuncio, el gobierno de La Habana deja en claro que no está saliendo del socialismo, pero las promesas de cambio siguen acumulándose. Terminar o modificar el sistema de la doble moneda, aumentar los salarios y la insuficiente producción agrícola son sólo algunos de los compromisos que tomó el hermano menor de Fidel Castro en sus primeros tres meses como presidente. Ayer, la decisión de entregarle un pasaporte a la madre de la doctora opositora Hilda Molina multiplicó los rumores sobre una posible reforma migratoria en el futuro próximo.

Desde que Fidel Castro se enfermó y tuvo que entregar el poder a su hermano el 31 de julio pasado, analistas cubanos y de todas partes del mundo hablaron de una continuidad. El propio Raúl reconoció que no toma ninguna decisión sin consultarla primero con su hermano. Pero la simbiosis entre los Castro no significa que no haya cambios profundos en el futuro de Cuba. Hace unas semanas, el viceministro de Inversiones Extranjeras deslizó que las reformas de la gestión de Raúl no se deben solamente a la personalidad pragmática, de la que tanto se habló cuando asumió el poder. “El proceso que estamos viviendo fue pensado hace años”, señaló Ricardo Guerrero.

Por eso muchas de las medidas que hoy se destacan como cambios, guiños o concesiones, no son nuevas. Por ejemplo, las liberaciones de disidentes. Desde hace cinco años, La Habana viene excarcelando a los presos políticos más viejos, enfermos o a los que están por cumplir sus condenas. Bajo el liderazgo de Raúl, las liberaciones no crecieron ni se detuvieron. Eso sí, el hermano menor de los Castro permitió que muchos de ellos viajaran a España, donde se concentran los movimientos anticastristas europeos, en febrero pasado.

Apenas tres meses después, el director de la Comisión de la Unión Europea para el Caribe, Manuel López Blanco, recomendaba levantar las sanciones económicas que pesan sobre la isla.

En las calles de La Habana, en tanto, la mayoría de los cubanos coincide en que las reformas económicas de los últimos meses sólo blanquearon una realidad demasiado evidente. El propio vicepresidente Carlos Lage había reconocido ante el Parlamento en diciembre pasado que “muchas prohibiciones fueron superadas por la vida”. Con la sola liberación de los productos tecnológicos, el gobierno cubano le quitó razón de ser a un enorme mercado negro, bajó los precios y, de paso, empezará a recuperar parte del dinero de las ventas en impuestos.

Aunque para la Casa Blanca todo es “maquillaje”, en la isla las reformas provocaron un debate dentro del oficialismo. En abril, durante su congreso anual, la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba criticó el deterioro del sistema educativo de la isla, uno de los orgullos de la Revolución Cubana. Hace dos semanas, el diario de la Juventud Comunista, Juventud Rebelde, publicó un editorial en el que equiparaba al embargo comercial estadounidense con el salario mínimo cubano. “Es el otro bloqueo que no permite el desarrollo del país”, decía el artículo.

Todos los cubanos que trabajan para el Estado cobran el salario mínimo de 25 dólares y reciben una cuponera para comprar alimentos, jabón y otros productos básicos, que muy pocas veces alcanzan para llegar a fin de mes. Más afortunados son los que trabajan en el sector del turismo. Con las propinas, un botones o un barman pueden llegar a juntar más de 200 dólares.

Pero los verdaderos privilegiados son los pocos cubanos profesionales que trabajan para las empresas extranjeras asentadas en la isla. Además de cobrar buenos sueldos y bonificaciones, hasta hace unos meses eran los únicos que podían tener, legalmente, celulares y acceso a Internet. “Los cambios que estamos aplicando están pensados para crear una sociedad donde todos los cubanos tengan acceso a sus derechos”, prometió recientemente Guerrero, el viceministro de Inversiones Extranjeras.

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