EL PAíS › EL SINUOSO CAMINO DE RAúL CATELLS

Bailando por la derecha

Raúl Castells fue el primer piquetero en explorar y explotar sin pudor la lógica mediática para hacer visibles sus reclamos. Pero su ansiado protagonismo lo alejó de sus viejos compañeros de ruta y de piquete. La toma de un McDonald’s que organizó para reclamar la entrega de “cajitas felices” para los desocupados acaparó las imágenes de TV y tapó la masiva marcha en la que habían coincidido la mayoría de los grupos piqueteros nacionales. El resto de los que marcharon ese día no se lo perdonaron. Guiado por su propia brújula política y sus acciones individuales, dejó de lado sus proclamados ideales marxistas para militar en las diversas convocatorias mediáticas sin importar su ideología, y que lo dejaron “a la derecha de la pantalla”. Acompañó a su ex esposa Nina Peloso en Bailando por un Sueño de Marcelo Tinelli; se plegó a las marchas por la seguridad del falso ingeniero Juan Carlos Blumberg a favor de la mano dura; se encolumnó con los reclamos ruralistas para luego pedirle a cambio a la Sociedad Rural cien vacas para sus militantes; volvió a Plaza de Mayo cuando los “famosos” pidieron pena de muerte a los delincuentes; y coqueteó políticamente con Ricardo López Murphy, Patricia Bullrich y Elisa Carrió. Ahora también logró un acuerdo con Mauricio Macri.

Su personalismo marca a fuego el trabajo político de su grupo. Castells estuvo en Chile para apoyar el gobierno del socialista Salvador Allende, pasó por el trotskismo, el Polo Obrero y el MAS. Su estilo también lo alejó de todos esos ámbitos. En 2003 rompió con la Corriente Clasista y Combativa (CCC) –que había formado con Carlos “El Perro” Santillán y Juan Carlos Alderete– por razones parecidas y a partir de entonces comenzó con su carrera “democrática”, que incluyo varias frustradas candidaturas.

Atrás también quedaron las marchas por los reclamos de los jubilados durante el menemato, siempre al lado de la desaparecida dirigente Norma Plá. En una de esas manifestaciones frente al Congreso, Castells ganó notoriedad. Su empujón desparramó por el piso del anexo de la Cámara baja al ex carapintada Aldo Rico y le rompió –al entonces diputado– dos dientes. “Pero qué va a ser jubilado, si era un gordo con barba”, dijo Rico sobre el entonces desconocido Castells. Su giro ideológico le valió un reconocimiento de sus ex enemigos: Rico, Carlos Menem y la ex diputada Nélida Manzur, la suegra de Luis Patti, pidieron por la libertad de Castells –en una sus cinco detenciones por reclamar “donaciones”– y le agradeció el gesto al riojano a través de una charla radial. De esa época sólo conserva la sigla de su grupo político: transformó el Movimiento Independiente de Jubilados y Pensionados (MIJP) en MIJD, cambiando la última palabra por Desocupados.

Poco después de salir libre, Castells invitó al periodista Bernardo Neustadt a dar una charla en Villa Albertina. Neustadt aceptó el convite porque Castells le dijo que lo había seguido siempre por TV, que leyó sus libros y que lo admiraba. El líder piquetero también se acercó al tradicional templo judío de la calle Libertad que conducía el rabino Sergio Bergman y trabó amistad con el religioso, y a través de él, con Blumberg, a quien acompañó en sus marchas sin cuestionamientos alguno. También, entre viaje y viaje a Misiones –para respaldar en las elecciones al obispo Joaquín Piña –se hizo amigo del ex gobernador menemista Ramón Puerta, con quien compartió un asado en el gremio de la carne. Entonces, Castells justificó sus alianzas en contra del kirchnerismo: “La derecha defiende las instituciones de lo que hoy existe”.

Castells compartió varias charlas-debate junto a los principales referentes de la derecha vernácula y hasta la cena de navidad en su –ahora clausurado– comedor comunitario de Puerto Madero con el ex de Susana Giménez, Huberto Roviralta, y la vedette Nazarena Vélez. Acompañó los reclamos ruralistas en contra de las retenciones y le pidió a la Sociedad Rural 100 vacas a cambio de apoyo. Cuando las estrella de la TV, Susana y Tinelli, se expresaron a favor de la pena de muerte y convocaron a una marcha –a la que no fueron– a través de Constanza Guglielmi, hija de un militar acusado en el Nunca Más– Castells fue el único que desplegó un cartel de una agrupación política (la del MIJD) en Plaza de Mayo.

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