EL PAíS › HORAS ANTES DE SER BALEADO, DANIEL LEONARDO HABLó CON PáGINA/12 SOBRE LA RELACIóN CON LOS MACRI

“Me amenazaron y fui secuestrado”

Acompañado por su abogado Luis Conde, el cuñado de Mauricio Macri detalló su conflictiva relación con la familia de su esposa. Repitió que su suegro, Franco Macri, lo amenazó varias veces. El abogado aseguró que a él le dijo que le mandaría “una banda de chinos”.

 Por Irina Hauser

Daniel Leonardo mira hacia abajo cuando habla. Lleva camisa blanca con pantalón beige, barba candado y claritos en el pelo. Hay dos cosas que repite todo el tiempo: que se siente “dolido” y “destruido” y que Franco Macri siempre quiso separarlo de su hija Sandra, antes y después de que se casaran en 2004. “A mí la fortuna no me interesa”, enfatiza. Leonardo vuelve a posar sobre el empresario las sospechas por las escuchas telefónicas de las que fue blanco el año pasado, igual que lo hizo la semana pasada cuando le dijo al juez Norberto Oyarbide que tanto Franco como su cuñado Mauricio Macri querían expulsarlo de la familia. En diálogo con Página/12 también cuestiona a su suegro por tratar a su hija de “ingenua” y a él de “cazafortunas” en una carta abierta. Todo el tiempo busca con un gesto la aprobación de su abogado y amigo Luis Conde, quien se acomoda un grueso anillo dorado con piedra negra mientras lo ayuda a completar las respuestas. Conde cuenta que a él Franco Macri le dijo que lo tenía en una “lista negra” y lo amenazó con mandarle “una banda de chinos”.

Leonardo es parapsicólogo y dice que vive con Sandra Macri en una quinta del clan en Villa Mayo en la que hay otras dos casas donde a veces el jefe de Gobierno porteño va los fines de semana y cada tanto su suegro Franco.

–¿Cómo se enteró de que tuvo intervenido el teléfono el año pasado?

–Por intermedio del secretario del doctor Oyarbide, que me llamó diciéndome que me tenía que presentar en el juzgado. Ahí no me detalló nada. Primero mis abogados me dijeron que esperara porque tal vez era una cargada, ya que me amenazaron muchas veces desde que salgo con Sandra y hasta fui secuestrado antes de casarme. El papá de mi esposa siempre se interpuso entre nosotros. Al final me llegó la notificación, fui y declaré, contesté las preguntas. Lo que quiero decir es que yo no culpo al ingeniero Macri, o sea a mi cuñado, con quien tengo una buena relación.

–¿Qué pasó, cambió de idea? La semana pasada usted le dijo al juez que Franco Macri habría hablado con Mauricio para que “violaran” su “intimidad” y que ambos “tienen interés” en que usted “desaparezca de la familia”. Ahora modificó la versión.

D. L.: –Lo que pasa es que siempre se interpuso el papá de Sandra en nuestra relación. A mí me llevó a pensar que como probablemente hay una parte que tiene que ver con lo económico, su fortuna, como que podía pensar que a mí me interesaba eso, siempre tuvo miedo el padre. Pero a mí la fortuna no me interesa. Hay medios que dicen que yo acusé a la familia y no es así. Me sentí mal, además, porque algunos dicen que yo venía con un problema en la pareja y me estaba por divorciar, y nada que ver, en absoluto. Amo a mi mujer, nada más. Vivimos juntos, con nuestros hijos. No me interesa para nada la plata. Lo único que pensé, como Sandra estuvo muy mal de salud el año pasado aparece lo de la pinchadura de teléfono en la misma época y el papá siempre se interpuso entre nosotros, puedo pensar muchas cosas.

–¿Qué piensa?

D. L.: –Puede ser que me estuviera investigando. Siempre trató de buscarme algo, aunque nunca me encontró nada. Igual tengo buena relación con él, siempre ha venido a fiestas, compartió conmigo.

–¿Qué podría querer escuchar de sus conversaciones?

D. L.: –Alguna desconfianza que habrá tenido, al estar siempre la cuestión del dinero de por medio.

–Usted que conoce a la familia Macri, ¿tiene algún indicio de que se manejen espías o empresas de seguridad que puedan hacer ese trabajo?

(Su abogado le hace una seña para que lo deje contestar a él).

L. C.: –Hay un hecho real: ellos fueron dos veces secuestrados. La empresa de seguridad que contrataron el año pasado está bien dotada de todos los elementos más sofisticados para hacer seguimientos, escuchas, sacar fotos en reuniones.

D. L.: –El papá de Sandra cambió toda la guardia cuando ella estaba internada en el Hospital Italiano, que fue la misma época en que me pincharon el teléfono. Ahí puso a la seguridad que está ahora. Yo me quedé asombrado. En un día cambió todo y no dijo por qué. Incluso con respecto a todo el otro personal me sentí mal, quedaron todos en la calle. Sólo en la quinta había como seis custodios. El siempre trató de que la familia estuviera protegida. Y cuando estaba internada Sandra fue también que el padre me llamó y me citó en su casa para las once de la mañana.

–¿Para qué?

D. L.: –Yo pensaba que me iba a dar una información sobre el estado de salud de mi señora, porque sólo a él lo habían dejado entrar a terapia. Primero me ofrece un café y luego me dice: “¿Sabés a qué venís? Quiero decirte que te alejes de Sandra, ¿cuánto querés?”. Me siguió hablando y me dijo: “Vos sos una persona que necesitás plata, así que quiero que te retires de al lado de mi hija”. Yo le dije que de ninguna manera. Me insistía que hablara con su abogado para decirle una cifra. Después el abogado de él se reunió con el mío. Pero esto de ninguna manera es un negocio.

–Usted se refirió a varias amenazas y a un secuestro. ¿En qué consistieron?

D. L.: –Me llamaban por teléfono, me dejaron mensajes y todo apuntaba a que tenía que dejar a Sandra. Lo denuncié en Morón. Desde el momento en que Franco me conoció, trataba todo el tiempo de imponerme que no me casara. Primero incluso tuve que tener una entrevista para que me conociera, me hizo unas preguntas. Me dijo que tenía una bomba acá y otra acá (muestra una mano por vez), así que mejor tratara de abrirme de Sandra con algo que ella no se diera cuenta.

L. C.: –Nuestras hipótesis de trabajo son tres: la primera es que puede haber una empresa que produce escuchas, junta elementos y vende el producto a distintas personas; la segunda, es que de la misma manera que hay un ideólogo de las candidaturas testimoniales, puede haber un estado nacional, SIDE o alguien que quedó afuera del ramo, que utiliza a ciertas personas para destruir una imagen. En este caso hacen que investigan una cosa pero es otra, mandan carne podrida, porque lo que les interesa es ensuciar a Mauricio Macri. Y la última hipótesis es la familiar, que es en la que espero que el juez nos ayude.

–¿Por cuál se inclina?

L. C.: –No tengo aún elementos de convicción para decir que es una u otra. Lo que llama la atención es que las personas escuchadas no tienen nada que ver unas y otras. Daniel no tiene nada que ver con Burstein, Coto o Castex. Lo único que sabemos es que hubo una organización que se dedicó a pinchar teléfonos. Sabemos que hay víctimas, está probado. Que las vinculan con un asesinato (para justificar la pinchadura telefónica), hay un juez de Misiones que emite la orden de la escucha, desde allá, sin pasar por acá ni nada por el estilo. Todo hace pensar que esto está preparado, es una lucha de poder para destruir imágenes.

–¿Le dice algo Misiones?

D. L.: –Nada porque no conozco.

L. C.: –A mí sí me dice. Es un lugar interesante por las actividades de distintas personas que por ahora no voy a precisar porque no lo puedo probar en este momento.

–Daniel, ¿usted habló con su cuñado después que se enteró de la pinchadura?

D. L.: –Me llamó la secretaria de él para decirme que Mauricio quería hablar conmigo. Yo estaba muy descompuesto, soy diabético y en estos días estoy muy mal, así que llamé más tarde. Le contesté y dije que estaba a su disposición para hablar, pero no me volvió a llamar.

–¿Sabe algo de Ciro James o de Jorge Fino Palacios? ¿Había escuchado hablar de ellos?

D. L.: –No, para nada (mira a su abogado como cediéndole la palabra). Cuando nos reuníamos no hablábamos de eso. Y si hablaban de sus cosas o sus negocios, yo no escuchaba, me aislaba.

L. C.: –Yo lo que quiero es conocerlo a Ciro James a ver si tiene algo que ver con el secuestro de Daniel. Porque nosotros tenemos fotos de la persona que lo secuestra. Vi una foto de James pero no está claro.

–¿Qué le pareció la carta que difundió su suegro, donde a usted lo trata de cazafortunas y a su esposa de ingenua?

D. L.: –Me dolió mucho. Sobre todo lo que dijo de mi esposa me afectó mucho. El padre tendría que medirse las palabras. Lo que dijo de mí, qué puedo decir, soy una persona tranquila. Lo que pasa es que esta familia nunca me aceptó por ser una persona de clase baja, siempre se manejaron con gente de clase alta. Yo me crié en una familia normal.

–Ahí su suegro cuestiona su trabajo.

D. L.: –Sí, totalmente, dice que soy chanta. Que ando en una secta. Siempre fue una persona así Franco, siempre me descalificó.

–¿En qué consiste su trabajo?

D. L.: –Soy parapsicólogo, tengo mi consultorio. Hago posición de manos y doy ayuda espiritual. Se trabaja el aura y el lugar frontal. Las personas necesitan ser escuchadas, tener amor y comprensión. No tengo problema de lo que puedan hablar de mí, sé quién soy yo.

–La carta de Franco Macri dice que usted debería buscar en sus actividades “excéntricas y sectarias”, dice, la explicación de las escuchas.

D. L.: –Franco siempre fue una persona de hablar y herir a las personas. Me hirió a mí, y también a su hija.

L. C.: –Hay que entender que la carta no es un hecho aislado, es que a Daniel nunca lo aceptaron en la familia. Lo que Franco no puede negar es que Daniel es una víctima de las escuchas.

–¿Cómo es la relación con su cuñado Mauricio?

D. L.: –Con Mauricio me llevó bárbaro. Nos encontramos, nos vemos en la quinta. Nos vimos el 20 de septiembre que fue el cumpleaños de Sandra.

–¿Y ella qué dice de todo esto?

D. L.: –Nada, está bloqueada. Igual yo trato de tranquilizarla. Ella está enferma.

–¿Cómo se conocieron?

D. L.: –Por unos amigos en común. Ella un día vino a mi consultorio, hablamos y nos hicimos amigos. Ella estaba pasando un momento difícil, se estaba separando de su marido. Yo le decía que tratara de arreglar esa pareja. Al final se separaron. Después salimos a bailar, y así nos conocimos.

–Doctor Conde, ¿usted también tuvo amenazas de Franco Macri?

–Como dije en el juzgado, en el cumpleaños de Sandra el 20 de septiembre último, ella me presenta al padre ¿Qué me dice él? Que yo estoy en una lista negra y que él tiene una banda de chinos para mandarme. A lo que le respondí que le agradezca a Dios que tiene más de ochenta años, aunque creo que tiene menos, y que sus palabras no me intimidan.

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Daniel Leonardo, el esposo de Sandra Macri, y su abogado Luis Conde, en diálogo con Página/12.
Imagen: Rafael Yohai
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