EL PAíS

De terror

 Por Horacio Verbitsky

Entre las nuevas amenazas o los desafíos multidimensionales que el Pentágono utiliza para justificar su intervención en los países americanos instrumentando una red de coordinación represiva con Fuerzas Armadas y de Seguridad figura en lugar destacado el terrorismo internacional. Por eso es importante cuantificar la magnitud del problema. Para ello, nada mejor que fuentes oficiales de los Estados Unidos. En junio de este año el Centro Nacional Antiterrorista publicó su informe anual que comprende todo el mundo, con datos de la base de datos del gobierno WITS (que es la sigla de Worldwide Incidents Tracking System, o Sistema Mundial de Rastreo de Incidentes). El CNA depende de la Dirección Nacional de Inteligencia. Los ataques que se ajustan a la definición oficial de “violencia premeditada y con motivaciones políticas contra blancos no combatientes por grupos subnacionales o agentes clandestinos”, disminuyeron casi 30 por ciento en comparación con 2007 y 12 por ciento respecto del año anterior. Entre el 82 y el 97 por ciento de las víctimas de actos en los que pudo determinarse la intencionalidad religiosa en los últimos cinco años, fueron musulmanes. De los 978 secuestros de origen terrorista de 2011, sólo tres fueron contra ciudadanos de los Estados Unidos y de los 13.288 muertos en ataques terroristas, apenas 17 fueron estadounidenses. Comentaristas estadounidenses del Council on Foreign Relations, fundado en 1921, afirmaron que ese número es comparable con el de ciudadanos de su país que cada año mueren aplastados por sus televisores o los muebles de sus hogares. El columnista del New York City Tribune y organizador de eventos culturales Peter Duveen escribe que si los estadounidenses tienen miedo, se debe a que la amenaza es exagerada por dependencias del gobierno y una prensa complaciente, sobre todo en los llamados incidentes terroristas domésticos, como complots para colocar explosivos en sinagogas o cañerías. “La abrumadora mayoría, si no todos, son ideados por el FBI como anzuelo.” El informe tiene capítulos dedicados al sur de Asia, Afganistán, Pakistán, Nigeria, Irak, la India, Burma, Senegal e incluye un cuadro con los 15 países que sufrieron más ataques terroristas en 2011. El único americano de la lista es Colombia. Un informe político publicado hace una semana por Milburn Line, del Instituto por la Paz y la Justicia de la Universidad de San Diego, California, sostiene que las negociaciones de paz abiertas en Colombia por el presidente Juan Manuel Santos con las FARC merecerían un mayor apoyo de Estados Unidos, cuya estrategia bajo las tres últimas presidencias se ha concentrado en la contrainsurgencia y la lucha contra las drogas. Durante ese lapso, y a un costo de más de 8000 millones de dólares la violencia ha sido moneda diaria; millones de colombianos han sido desplazados de sus lugares, más que en cualquier otro país del mundo; miles de colombianos han sido asesinados por las Fuerzas Armadas, en falsos combates, y según informó en julio la agencia de las Naciones Unidas, la producción ilegal de drogas se incrementó. La asistencia a Colombia tiene como eje la seguridad y desde el fracaso de las anteriores negociaciones, hace más de una década, ha excluido la paz.

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