EL PAíS › OPINION

Los ciclos de prisiones y liberaciones

 Por Luis Bruschtein

Cuando se dice que Carlos Rohm era el banquero preferido de Carlos Menem, también habría que decirlo a la inversa: que Carlos Menem era el presidente favorito de Carlos Rohm. Y se estaría más cerca de la verdad. En el contexto del modelo que instaló el riojano, Rohm era un ciudadano ejemplar, un hombre de negocios exitoso, con iniciativa y audacia, que solucionó problemas a muchos inversionistas que necesitaban esconder o lavar su dinero. Fuera de ese modelo neoliberal, Rohm es procesado por el delito de “subversión económica”.
De la misma manera, en el contexto de la doctrina de la seguridad nacional, Jorge Videla era un ciudadano ejemplar. Y fuera de ese contexto es considerado un delincuente de la peor calaña. Rohm fue el producto de un sistema que impulsó para beneficiarse como banquero y, al igual que otros como él, encontró en el ex presidente al político más deseoso de facilitarles las cosas.
Aunque parezca traída de los pelos la relación entre Videla, Rohm y Menem, podría decirse que las acciones que emanan de sistemas fundamentalistas, como fueron el proceso y el modelo, que imponen una sola verdad y favorecen a un solo sector, barriendo derechos y necesidades de los demás, se encuadran fuera de la ley, que por definición debería contemplar los derechos de todos.
En realidad, mientras el régimen se sostiene, la ley es funcional a sus decisiones porque hay otras leyes no escritas que se instalan desde la ideología del régimen y justifican cualquier cosa contra los enemigos o a favor de los amigos. Pero por su rigidez, los sistemas fundamentalistas tienen dificultades para asentarse y perdurar. Y cuando caen, aparece la ley con la presión de un reclamo atrasado.
Esta vez, el procesamiento de Rohm y los afectados por la investigación de la fuga de divisas coinciden con la prisión de algunos de los acusados por la represión del 20 de diciembre, desde el ex secretario de Seguridad, Enrique Mathov, hasta el ex jefe de la Policía Federal, Rubén Santos, pasando por un grupo de comisarios, a los que podría sumarse la citación al ex hijo presidencial Antonio de la Rúa. La ley y la Justicia avanzan así sobre lo que conformaba parte del sistema de poder anterior al actual.
Sin embargo, el nuevo esquema de poder se organiza, en parte, con los restos que deja el anterior, y así sucedió en los últimos veinte años. Por lo que éste sería el tercer ciclo de prisiones y liberaciones. Con Alfonsín, la presión de la opinión pública, horrorizada por las violaciones a los derechos humanos, llevó al juicio y condena de los ex comandantes. A poco de andar ese impulso se fue neutralizando y las leyes de Punto Final y Obediencia Debida eximieron a cientos de represores de la dictadura. Y cuando llegó Menem, liberó a los que habían sido condenados. Cuando llegó la Alianza, la presión de la opinión pública, harta de corrupción, llevó a la detención de Menem y parte de su entorno por la causa de tráfico de armas. Pero el mismo gobierno creó las condiciones para que fueran liberados.
Ahora esa opinión pública se expresó con furia en las calles donde dio el golpe de gracia al modelo y a dos presidentes. Y esa presión generó las condiciones para el avance de estas causas que afectan al ex banquero estrella y a parte del esquema de poder político del gobierno anterior. Pero si este nuevo gobierno se organiza, como lo han hecho los anteriores, con partes importantes de lo que se repudia, lo más probable es que este nuevo ciclo de detenciones se complete más adelante con su correspondiente ciclo de liberaciones. La movilización popular espontánea expresó claramente esta percepción al plantear la transformación profunda de la Justicia y del sistema político para romper ese círculo vicioso.

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