EL PAíS › OPINION

Una causa con muchos puntos oscuros

 Por Luis Bruschtein

La denuncia presentada por el fiscal sobre la base de una investigación del FBI, por lo que se conoce hasta ahora, además de tener muchos puntos oscuros, era demasiado previsible.

El primer punto oscuro es que el propio Guido Antonini Wilson quedó fuera de la imputación. Es acusador y testigo, no acusado. La duda casi elemental es que si Antonini era o actuaba como agente del gobierno de Venezuela, nunca hubieran dejado que buscara refugio en los Estados Unidos. Justamente hubieran tratado de evitarlo por todos los medios porque de esa manera el hombre pasaba a convertirse en una pieza de la política exterior norteamericana interesada en aislar a Chávez. Y efectivamente fue lo que pasó, lo cual sitúa a Antonini más cerca de ser agente de Washington que de Venezuela.

Aun así, desde fines de agosto se sabe que Antonini había sido interrogado por el FBI durante dos días. Y que después quedó en una especie de libertad vigilada en su domicilio de Miami. Sin embargo, la denuncia presentada ayer, sobre la base de una investigación del FBI, asegura que entre agosto y el 11 de diciembre pasado, Antonini se reunió varias veces con dos de los acusados, Antonio José Canchica Gómez y Franklin Durán, quienes lo habrían presionado para que ocultara el origen y el destino de los famosos 800 mil dólares de la valija. O sea, los dos acusados de “agentes no declarados” del gobierno venezolano se reunían sin problemas con un hombre que estaba bajo vigilancia del FBI. Y en esas reuniones, que aparentemente fueron grabadas, se hablaba del gobierno venezolano y del gobierno argentino.

Que Antonini haya quedado fuera de la acusación da la impresión, por lo menos, de que ya era agente, pero de los Estados Unidos, o que hizo algún tipo de negociación con el FBI. En agosto, el FBI había dicho que el contrabando de divisas no era un delito extraditable en los Estados Unidos. A pesar de que, según ellos, no había delito, es evidente que la investigación continuó, pero no por la comisión de algún delito, sino para sacarle rédito político. El único cargo que se presentó ante la Justicia es de “actuar como agentes no declarados de otro país”, pero no queda claro en qué situación actuaron que pudiera comprometer la seguridad o cualquier cosa de los Estados Unidos. La acusación se sostiene en que, según el FBI, amenazaron a un ciudadano norteamericano, que resulta ser el mismísimo Antonini y que lo amenazaron en nombre del gobierno venezolano.

Lo que se conoce hasta ahora de la acusación tiene un tufillo muy fuerte a operación de política internacional. Porque además incluye una precisión muy directa sobre el destino de los 800 mil dólares, que para el caso norteamericano sólo tendría una importancia superficial. Sin embargo es la bomba mediática más fuerte. En Estados Unidos el caso no tiene ninguna importancia. Y tampoco lo tiene si dentro de algún tiempo, los acusados quedan en libertad. Un objetivo es Venezuela, donde tendrá un impacto diplomático fuerte porque busca golpear al gobierno de Chávez.

Y en Argentina, el trascendido de que los 800 mil dólares eran para el supuesto financiamiento de la campaña de la actual presidenta Cristina Fernández tiene un potente efecto mediático y político. Probablemente eso es lo que se buscó. Para la Justicia o la seguridad interna norteamericana, el caso no tiene importancia. El único efecto importante es en Venezuela y aquí en Argentina. Ni siquiera les interesa sostener si es verdadero o no el destino de los dólares. Solamente interesa que se diga.

Entre todas las especulaciones que se hicieron aquí sobre los dólares de la valija, la idea de que eran para financiar la campaña fue la más descartada. Básicamente porque no la necesitaba, era la candidata oficialista y en realidad las críticas apuntaron a que se financiaba desde el gobierno directa o indirectamente; 800 mil dólares de Chávez no eran necesarios, por lo menos en esa hipótesis.

Todo resulta sospechoso, hasta la forma en que Antonini trató de introducir la valija y fue sorprendido. Pero también el tiempo en que se presentó la acusación: unos días después de la asunción de Cristina Fernández, de la reafirmación de la relación entre los gobiernos de Argentina y Venezuela y de la creación del Banco del Sur, algo que irrita a Washington. El valijero Antonini es un personaje más que turbio; una causa que no tiene relevancia para Estados Unidos pero que tiene fuertes efectos políticos sobre el nuevo gobierno argentino y el de Venezuela y la relación entre ambos, resulta difícil de explicar sólo desde el punto de vista de la Justicia. Y el hecho que se haga pública dos días después de la asunción presidencial resulta todavía más sospechoso. El problema es que parece tan clara la intención política, que pone en duda lo demás.

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