ESPECTáCULOS › “DE LA TIERRA”, UNA EXPOSICION FOTOGRAFICA ITINERANTE CONMOVEDORA

Las caras de la Argentina profunda

El fotógrafo Sebastián Szyd expone en el San Martín los resultados de cuatro años de viaje hacia los rostros de los niños del interior.

 Por Karina Micheletto

Hay una cámara que capta chicos. En las fotos, los chicos juegan, duermen, saltan, permanecen pensativos, en silencio. La mayoría trabaja. Son chicos pobres. Viven en lugares que parecen muy lejanos, extraños: La Estrella en el Chaco salteño, Ingenio La Esperanza en Jujuy, Vinará en Santiago del Estero, Andalgalá en Catamarca, Comunidad Mapuche Linares en Neuquén. Lo extraño de la cámara es que parece no estar. No sólo porque es evidente que su presencia es familiar entre los fotografiados. También porque su función es captar esos instantes sin juicios morales de por medio. La cámara y la mirada son las del fotógrafo Sebastián Szyd, y las fotografías integran la muestra De la tierra, que se expone hasta mañana en la Fotogalería del Teatro San Martín.
Para completar este trabajo, Szyd se tomó cuatro años viajando por todo el país. Primero fue un impulso, sin un eje demasiado definido. Había renunciado a su trabajo como fotógrafo en La Nación “para poder hacer fotos”, según explica. El método de trabajo era poco sistemático: al principio, Szyd tomaba un colectivo “hacia algún lugar”, con un destino elegido al azar. Los destinos iban marcando la evolución del trabajo. Hubo una primera imagen que definió los ejes que guiarían a la muestra: la niñez y el trabajo infantil. La foto, que forma parte de la exposición, muestra a un chico con un pico en las Salinas Grandes, la única presencia que rompe las formas del desierto ubicado entre Salta y Jujuy.
Szyd trabaja de modo independiente para medios nacionales e internacionales. Es representado por la agencia Vu y es miembro fundador de Sudaca Photos (www.sudacaphotos.com), una agencia que vehiculiza los trabajos independientes. Para el fotógrafo, lo más difícil de lograr en su trabajo De la tierra fue descubrir qué era lo que los lugares y las situaciones tenían para mostrar. “Me daba cuenta que al principio trataba de guiar el trabajo hacia donde me imaginaba que tenía que ir”, explica. “Tuve que cambiar muchas cosas mías para aprender a no forzarlo.”
En las fotografías de Szyd hay chicos que trabajan y son pobres, pero no hay conmiseración. Sí hay una profunda belleza en la mirada seria de ese chico mofletudo bajo un cordel de carnes puestas a secar, en una pared de adobe. O en la siesta de ese otro nene rubión abrazado a una chancha. “Quise mostrar las realidades de los chicos argentinos, cómo viven y cómo trabajan. Pero el esfuerzo estuvo centrado más en entender que en juzgar esas realidades”, define. Szyd aclara que la suya no es una postura romántica, que está de más decir que el trabajo en una salina es brutal para un chico, y para un grande también. Pero rescata cierto orgullo que descubrió en los hijos que aprenden un oficio transmitido por sus padres, y por los padres de sus padres. “Son pibes sabios”, resume.
En la muestra no hay referencias a los lugares en los que se sacaron las fotos. “¿Qué importa? Cada chico es como muchos otros, y eso es lo que quiero mostrar”, explica Szyd. Sí están los nombres de los protagonistas de las imágenes: el Chapu, Enzo, Gilda, Kevin, Brando, el Yayo, el Gringo, Tomasito, entre muchos otros. Con ellos y con sus familias convivió durante semanas, en la mayoría de los casos en más de un viaje, y creó relaciones que exceden el trabajo. La muestra más importante, advierte Szyd, no es la que aparece prolijamente instalada en el San Martín. Es la que está llevando a los lugares en los que viven los protagonistas de las fotos, una forma de completar el ciclo que se inició en cada click. Plazas, comedores, escuelas y bibliotecas son las galerías elegidas para las muestras, transformadas en verdaderas fiestas, con murgas, títeres, payasos, partidos de fútbol y charlas debate, según la ocasión.
En cada foto y en cada muestra Szyd tiene una historia aparte. Para hacer la de Santuario Tres Pozos, en Jujuy, tuvo que avisar mandando un papelito en un micro desde Tilcara, porque se había roto el único teléfono del pueblo. Después de muchas complicaciones, la muestrallegó en un camión prestado por la Municipalidad. Durante su trabajo, Szyd llevó un cuaderno para que los chicos escribieran o dibujaran qué quieren de grandes y qué es lo que más les gusta del lugar en el que viven. También un grabador, con el que registró diálogos que luego editó en un disco. Al igual que las fotos, todo eso está volviendo a sus protagonistas en la muestra itinerante. Que es, para Szyd, la verdadera muestra.

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El reportero se pasó años viajando en ómnibus para fotos como ésta.
 
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