ESPECTáCULOS

“Mantenerse aparte del negocio es muy difícil si sos un músico popular”

Nito Mestre repasa su trayectoria antes de los shows con que hoy y mañana presenta en sociedad un CD doble que homenajea sus treinta años de trayectoria. “Va a ser un espectáculo sencillo e íntimo.”

 Por Oscar Ranzani

La relación de Nito Mestre con la música empezó antes de 1972. Pero fue en ese año que su nombre ingresó en la historia grande del rock en la Argentina: el disco Vida, de Sui Generis, un grupo clave en la transición del género del guetto a la cultura de masas, lo convirtió en famoso en un abrir y cerrar de ojos. Desde entonces hasta hoy Mestre ha sido una especie de marca patentada: un hombre lánguido de voz aterciopelada, que canta canciones aparentemente sencillas y sigue soñando con ponerle su voz a la construcción de un mundo mejor. Los 30 años que mediaron desde que pasó de ser el compañero de andanzas musicales del genial Charly García hasta ahora son la base del festejo que proponen sus shows de hoy y mañana en el teatro ND Ateneo, en que presentará su álbum recopilatorio Años. Será “un show sin invitados porque es mucho más relajado para mí”, cuenta Mestre. “Va a ser un espectáculo sencillo e íntimo.” Esas palabras, relajado, sencillo, íntimo, tienen mucho que ver con su personalidad, o al menos con el conjunto de sensaciones que transmite a su público.
–¿Cómo analiza desde el hoy aquel momento inicial del ‘72?
–Eramos muy pibes. Las imágenes que me acuerdo de cuando arrancamos era que había un gobierno militar y había un kilombo en el país infernal. Con Charly tocábamos en teatros e íbamos presos una vez por semana seguro. Era rarísimo. Al ambiente del rock de entonces lo veía con ojos de pibe: los grupos fuertes como Almendra, Manal o Los Gatos eran una ebullición muy divertida, de mucha adrenalina. Había muchos compinches. Yo no sé si pasa ahora con los que empiezan. Eramos todos muy compinches. Eso es lo que más recuerdo, la cosa pujante, de ver dónde nos metíamos, de ser insistentes. Eso, a Dios gracias, no lo perdí. Quizá lo que se perdió es que todo se convirtió más en un negocio.
–Eran los tiempos del enfrentamiento entre la música comercial y la música progresiva.
–Que estaban, subrayo, absolutamente enfrentadas. Había que lucharla más, obviamente, si uno estaba en la progresiva. Ahora hay que lucharla de otra manera. Pero lo que más recuerdo es que todas las cosas costaban más. Las tapas de los discos, por ejemplo. Obviamente, no había copias de discos importados, a lo sumo se hacían en casettes. Todo era más underground y, de alguna manera mejor. Después se hicieron cosas más interesantes, pero ya cuando todo se transformó en un negocio. Mantenerse aparte del negocio es muy difícil, si sos un músico popular. Estás involucrado desde el momento en que vas a grabar un disco y querés que se venda. Si no se vende no va nadie a los shows y si no va nadie a los shows, no podés grabar otro disco. Es una negociación grande entre los ideales y la realidad.
–¿Cómo vivió el movimiento rockero el antes y el después de Sui Generis?
–Para decirlo brevemente: antes era underground y después fue popular. Para algunos les jodimos la vida porque decían “uh, vinieron éstos y se hizo popular”. Pero... se hizo popular, no tuvo nada de raro. En realidad, todo el mundo buscaba ser popular. Porque, en el fondo, en el corazoncito de todo underground lo que late es que cuanto más gente lo vea, mejor. Si ese “cuanta más gente, mejor”, se concreta, el artista deja de ser underground automáticamente. Muchas veces decíamos que hay dos formas de ser un bohemio. Una es el bohemio que se queda en su casa, es porque tiene miedo de salir a la calle a mostrar lo que está haciendo. La otra forma es que salgas de tu casa, te vaya bien y empieces a decir: “Y... sí... era underground, pero ahora no”. Con el underground a ultranza podés quedarte en un círculo vicioso y convertirte en un rutinario de aquéllos. ¿O no sos un burgués si tocás siempre para los cincuenta mismos tipos toda su vida? Burgués significa eso: hacer siempre lo mismo. La idea es que te vayan pasando distintas cosas, si no te estatizás. Creo que he sido coherente con la idea revolucionaria de cuando empezamos, que era que nos fueran pasando cosas distintas en la vida. Y, a Dios gracias, me fueron pasando cosas distintas. A veces buenas, y otras malas.
–¿El proyecto “Porsuigieco” fue de las experiencias buenas o de las malas?
–Yo la pasé muy bien, salió así de la nada, espontáneamente. Nos juntamos cuatro tipos a cantar y salió así. Y nosotros mismos empezamos a pegar los carteles en la calle. Fue una etapa breve pero muy divertida. Por otra parte, fue muy hippie.
–Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre es una banda mítica, a su modo. ¿Qué recuerdos tiene de aquella experiencia?
–Los mejores porque tuvo un año de preparativos que fue muy largo, muy lindo. Fue votada como la mejor banda, presentó a la primera mujer que integraba un grupo. Fue una etapa divina y trabajamos muchísimo, incluso más que en Sui Generis, porque hicimos giras donde no habíamos ido a tocar con Sui. Bueno, había cambiado el espectro. Sui Generis le dio la oportunidad esa a muchos grupos que vinieron después. Incluso algunos que se expandieron años después por Latinoamérica, por países donde la gente desde muchos años antes cantaba nuestras canciones.
–En los ‘70 cantó canciones que reflejaron con un lenguaje directo lo que miles de chicos sentían, rodeados de una sociedad represiva. ¿Qué les puede enganchar a las nuevas generaciones de sus temas? ¿Cuál pensás que puede ser el punto de contacto?
–El punto de contacto es el mismo. Porque en las canciones que canto siempre están las mismas preocupaciones, los mismos temas: el amor, la soledad, la comunicación. Creo que ésos son temas de por vida. En mi agenda no figura la queja. No meto la queja en los temas porque me parece de una inutilidad tremenda. Porque la queja hay que accionarla, no decirla. Pero ésos son los tres puntales: el amor, la soledad y la comunicación.
–¿Qué le permitió la etapa solista que no podía desarrollar cuando formaba parte de una banda?
–Muchas cosas. Por ejemplo, armás tu propia banda como tipo familia. Y eso tiene una enorme cantidad de cosas: la forma de vida de ellos y la mía, cosas de cagarte de risa, cosas en común. Lo distinto fue el desafío de arrancar con otra cosa nueva a ver cómo suena. Armar esa cosa química que un grupo debe tener. Porque por ejemplo decís “tal violero toca bien, pero conmigo no lo veo. ¿Y por qué no esa que toca de otra manera, o con este que me llevo bien?”. Después digo: “Este combina ¿con qué clase baterista? Con éste”. Lo vas armando y decís “esto tendría que sonar así”. Es como que armaste algo y después cuando salís y lo mostrás estás orgulloso de lo que hiciste. Cada uno pone lo suyo pero vos es como que lo mezclaste y a mí esa parte me gusta mucho. Yo comparto con los músicos, es decir, esa armazón no la hice sólo. Para mí eso es central en un proyecto artístico.

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Antes de Sui Generis “el rock era underground, después fue popular”, subraya Mestre.
 
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