LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACIóN

Estación central

Las industrias culturales constituyen un bien social, económico y político. Por ese motivo necesitan de políticas de Estado. Un repaso a la historia reciente en la materia y, además, un debate en torno de la utilización del ciberespacio para hacer política.

 Por Gabriel D. Lerman *

Los medios de comunicación han sido objeto de intensos debates, sobre todo a partir del regreso de la democracia en 1983. La problemática de la información, la comunicación y la cultura adquirió entonces una centralidad inesquivable, tanto para quienes reclamaban su especificidad desde los paradigmas de la democratización, el cooperativismo y la cultura comunitaria como para quienes lo veían como fuente de una apetitosa rentabilidad económica, política y social. No es casual la referencia de Oscar Landi a la caída del régimen militar en relación con la frustración de la Guerra de Malvinas y la explosión sobreinformativa posterior en la coyuntura 1982-1983, y de cómo ese interregno, ese momento bisagra entre el final de la dictadura y el advenimiento de la promesa democrática, estableció una serie de temas, acciones y reflejos en la sociedad respecto de los medios masivos.

Una de las primeras medidas de “política cultural” que toma el gobierno de Alfonsín en 1984 es que ATC-Canal 7 pasara a manos de la Secretaría de Cultura, un espacio institucional más acotado aún que el actual, en la órbita del Ministerio de Educación y Cultura. El anhelo de imprimirle a Canal 7 un perfil “cultural” (muy pronto ironizado como “culturoso”) tuvo algunos logros específicos en cuanto a contenidos, pero la desconexión forzada de las áreas del Estado en que venía funcionando pronto mostró sus límites, por falta de consistencia política y burocrática. ATC fue devuelto a la SIP (Secretaría de Información Pública, antecesora de la Secretaría de Medios) en 1986, anticipando una primera derrota del área estrictamente cultural en relación con la gestión de medios públicos. Por años, ATC-Canal 7 abandonó el perfil “cultural”, mientras que el conjunto del sistema de medios ingresó en una política lisa y llana de privatización, transferencia a la esfera comercial, cesión de negocios por parte del Estado y aumento de la concentración vertical y horizontal.

Con el tiempo, se tomaron algunas medidas que podían ser auspiciosas para una política estatal. En el año 2000, la creación del SNMP (Sistema Nacional de Medios Públicos) buscó el reagrupamiento de los medios aún en manos del Estado. Tres procesos simultáneos comenzaron a reunir una masa crítica conceptual y política que permite hoy alentar cierta expectativa en relación con la necesidad de una política global sobre los medios masivos y, en el caso de las áreas de cultura nacional y provinciales, a la importancia de que éstas se involucren en dicho campo. Primero, la expansión del cine argentino y de otras actividades de alto valor agregado cultural como los formatos de TV y sus perspectivas de exportación. Segundo, la multiplicación de experiencias comunitarias y alternativas en la gestión de medios y formatos electrónicos. Y, concomitante con éstos, la proliferación de carreras universitarias, tecnicaturas, carreras terciarias relacionadas con el audiovisual, la comunicación y nuevas formas que la innovación tecnológica no cesa de aportar.

Por último, se destaca la instalación de novedosas maneras de gestión pública de medios, como Ciudad Abierta y Encuentro y, recientemente, la conformación del Consejo Federal de la Televisión Pública. Desde 2004, la Secretaría de Cultura de la Nación impulsa una ampliación del concepto de cultura, en particular sobre la relación entre Estado y gestión cultural, habituada al campo tradicional de las bellas artes y la gestión del patrimonio. El primer Congreso Argentino de Cultura en 2006 y su continuación en 2008 mostraron cómo esa ampliación conceptual involucra tanto al filón de la cultura comunitaria como las industrias culturales, espacio sumamente potencial y estratégico. La relación entre industrias culturales y medios es crucial y una muestra de ello fue la producción pública de la serie Fronteras argentinas donde trece directores reflexionaron audiovisualmente sobre los límites y las tensiones de las culturas y los territorios.

Pensar la cultura y a los organismos estatales en relación con los medios implica una revisión de la concepción que estos ámbitos tienen sobre los medios y sobre la cultura. Hay que adoptar una concepción actualizada sobre las industrias culturales, el turismo cultural, las nuevas tecnologías y una gimnasia y un horizonte de actuación acordes. No se trata de olvidar ni distraer energía de sus funciones tradicionales, sino de poner esos saberes y esas prácticas en relación con la difusión a escala masiva de bienes y servicios culturales, de imaginar espacios y formatos que apuesten a la diversidad de producción, de contenidos y de públicos que lleven la impronta que sólo pueden cobijar las comunidades y el Estado. Para ello la gestión cultural debe intensificar el trabajo con el audiovisual, los medios y el diseño web y hacer alianzas con universidades nacionales, institutos terciarios, organizaciones sociales y escuelas ligadas a los nuevos oficios y perfiles laborales de las industrias culturales.

* Licenciado en Comunicación UBA. Investigador del Sinca (Sistema de Información Cultural de la Argentina), Secretaría de Cultura de la Nación.

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