PSICOLOGíA › SOBRE UN RECIENTE FALLO JUDICIAL

Deseo de hijo no es pasión de hijo

 Por Patricia Alkolombre *

El reciente fallo judicial que autoriza a una mujer a implantarse los embriones sobrantes de un tratamiento de fertilidad asistida que hizo con quien es en la actualidad su ex marido –que se opone y apeló esa decisión– pone sobre el tapete un tema que tiene una enorme complejidad y que requiere de un abordaje interdisciplinario.

Están involucrados varios protagonistas, y ninguno puede quedar excluido a la hora de analizar el caso: los integrantes de la pareja, ahora separados, y los embriones. Habría que agregar que tienen un hijo nacido de ese tratamiento de fertilidad asistida, el cual queda así inmerso en este clima de disputa que alcanzó el campo jurídico y que tomó en la actualidad estado público.

La pareja se había separado hace cinco años. No pudieron llegar a ningún acuerdo por la vía del diálogo e intervino la Justicia –por iniciativa de la mujer– para darle una salida al conflicto, donde seguramente se dirimen cuestiones referidas al vínculo que no han sido resueltas. El deseo de hijo es uno de los temas centrales para pensar, y hace a la historia de cada uno de los integrantes del vínculo –a pesar de estar disuelto–. Pero aquí el deseo de hijo habría que diferenciarlo del deseo de tener un hijo a cualquier precio, lo que nos lleva al territorio pasional: una pasión de hijo, que, al igual que las pasiones amorosas –“serás mía o de nadie”–, se juega a todo o nada, desde un eje narcisista.

Los embriones, a pesar de pertenecer genéticamente a los dos, la mujer los considera como propios, sin tomar en cuenta el deseo de su ex marido, desconociendo su alteridad. Este es otro de los puntos centrales que plantea este caso, ya que el hombre, que se niega a iniciar esta nueva paternidad, queda excluido en su deseo y eliminado en su voluntad.

De nacer un niño o una niña será sólo por el deseo de la madre de darle vida, y si bien aquí está en juego su deseo, están también presentes las relaciones de poder dentro de la pareja. Este hijo estará signado desde su misma gestación por un conflicto de intereses entre los progenitores, y sin el deseo de ejercicio de la paternidad del padre biológico. De algún modo, el fallo convierte al padre en un genitor –aportando sólo la carga genética–, ya que se empleará su embrión que perteneció a la pareja.

El fallo también nos lleva a pensar en la pregnancia que tiene en el cuerpo social y en el discurso social todo lo referido a lo materno y al deseo de hijo en la mujer y la poca valoración que tiene el rol paterno y el deseo de hijo en el hombre.

Es evidente que los embriones están investidos de un modo radicalmente diferente en esta pareja: para la mujer constituyen un proyecto de parentalidad, legítimo en su deseo, abordado desde su posición a ir hasta las últimas consecuencias. Pero podríamos pensar que, toda vez que una pareja se separa, disuelto el vínculo, caen también los proyectos que compartían.

Como señalábamos, se trata de un caso muy complejo, ya que, de acuerdo con el fallo, se llevará adelante la transferencia de los embriones sin el consentimiento de una de las partes, y esto dejará una marca en la historia de esta relación y en la del niño por nacer, además de sentar jurisprudencia. De allí que es muy importante hacer una puesta al día y una revisión sobre estos temas, que nos llevan a pensar y a preguntarnos sobre lo que permanece y lo que cambia en este campo.

Con respecto a los embriones, además de lo que puede decir la jurisprudencia podemos preguntarnos acerca de su status psíquico, el modo en que estarán investidos libidinalmente por la mujer y por el hombre que desea tener un hijo, y la significación, que será singular en cada caso. En todas formas, se constituye en un objeto de amor particular, ubicado en un estadio anterior al embarazo; es también atemporal y reimplantable.

En este caso subyace una problemática que lo excede y es el destino de los miles de embriones congelados que no tienen un proyecto de parentalidad, ya sea porque la pareja se separa, como en este caso, o bien porque no desean tener más hijos, o alguno de los dos fallece. Son todos temas que quedan en una zona ambigua, ya que la sociedad aún no tiene una regulación sobre estas problemáticas; los hechos van delante de la legislación. Así, en Estados Unidos se dio el caso del hombre cuyo esperma se utilizó para inseminar en forma indiscriminada y hay más de cien medio hermanos que desconocen su origen común.

Podemos entonces decir que el deseo de hijo es un discurso actual y que en algunos casos se homologa a una voluntad de procrear. Con la implementación de las técnicas reproductivas se inauguraron nuevas posibilidades para muchas parejas con dificultades para lograr un embarazo, pero también se presentan nuevos debates e interrogantes en torno de los orígenes, frente a las modificaciones en las relaciones entre la filiación, el parentesco y los lazos de sangre. Es importante retomar las preguntas alrededor del deseo de hijo y las problemáticas que presenta el deseo de un hijo a cualquier precio. Siguiendo a Piera Aulagnier, podemos volver a preguntarnos: ¿qué deseo? ¿de qué hijo?

* Psicoanalista: Miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Autora del libro: Deseo de hijo. Pasión de hijo. Esterilidad y técnicas reproductivas a la luz del psicoanálisis.

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