PSICOLOGíA › EL PSICOANALISIS Y EL USO DE PSICOFARMACOS

“Las pastillas no se pelean con el diván”

 Por RAQUEL L. GOLDSTEIN DE SCHWARTZ *

En diversas publicaciones se habla de la controversia diván-pastillas o psicofármacos versus psicoanálisis. Me animo a decir que las pastillas no se pelean con el diván. El pasaje de la mirada a la escucha significó un salto en la problemática de la salud mental, y el descubrimiento de los nuevos psicofármacos otro tanto para alivio del dolor psíquico y la disminución de las institucionalizaciones. Sin embargo, en ninguno de los dos campos hay respuestas universales a la emergencia de las patologías mentales severas. Así, quedan por entender las respuestas paradojales y las reacciones imprevisibles que señalan la singularidad del que padece. Cito a Michel Foucault en Las palabras y las cosas: “El psicoanálisis encuentra en esta locura por excelencia –que los psiquiatras llaman esquizofrenia– su tormento íntimo y más invencible: ya que en esta locura se dan, bajo la forma absolutamente manifiesta y absolutamente retirada, las formas de la finitud hacia las cuales avanza de ordinario indefinidamente (y en lo interminable), a partir de aquello que le es ofrecido voluntaria o involuntariamente en el lenguaje del paciente. De manera que el psicoanálisis ‘se reconoce allí’, cuando está colocado ante esas mismas psicosis a las que, sin embargo (o mejor dicho por esta misma razón), no tiene ningún acceso: como si la psicosis expusiera en una iluminación cruel y diera de un modo no demasiado lejano, sino justo cercano, aquello hacia lo cual debería caminar el psicoanálisis lentamente”.

Caminamos lentamente, buscando en lo singular lo que abra caminos a las preguntas. Y las preguntas siguen, en lo que atañe al funcionamiento cerebral, ya que un psicofármaco puede hacer que no nos tumbe la depresión por la pérdida de lo querido, pero no puede dar la alegría. Es que el significado de los hechos no procede de sustancias ni es modificable por ellas. Sí lo es, en cambio, mediante palabras. Sólo mediante palabras podremos dar otro significado a aquello que nos hizo lo que somos. También se sabe que las palabras modifican la neurotransmisión.

Por otra parte, Julia Kristeva, en Las nuevas enfermedades del alma, dice: “La introducción en la cura de los psicotropos, admitida en la depresión y en la psicosis, no me parece que se deba excluir dogmáticamente en caso de ansiedad histérica grave. Rechazar estos recursos medicamentosos manifiesta la deuda romántica o nihilista que el origen del psicoanálisis pagó a su contexto ideológico, y que perenniza el sufrimiento y la frustración como única fuente de elaboración psíquica”.

No obstante, una medicalización invade todos los campos. Es habitual que escuchemos: “El dermatólogo me dio un antidepresivo porque me vio decaído y dijo que los analistas no medican...”; o “El psiquiatra me dio una medicación y me dijo que volviera en 15 días. Le dije cómo me sentía y no me preguntó nada más...”

La indicación de psicofármacos no debe ser desestimada en ningún caso que lo amerite, ya sea el de neuróticos o el de pacientes psicóticos con quienes puede ser imprescindible para que puedan recuperar su pensamiento. Lo que deberá ser evaluado, cuando el analista sea también psiquiatra, será la conveniencia o no de ser medicado por la misma persona. Cuando es psicó[email protected] se encuentra con una descompensación, lo ideal es trabajar en equipo.

La cuestión no está en los psicofármacos, sino en su aplicación. Su uso puede facilitar o encubrir la emergencia de un decir que resignifique y libere. El avance de las neurociencias marca un cambio fundamental en situaciones que requerían largas internaciones. En todo caso, la oposición que sigue vigente entre la psiquiatría y el psicoanálisis se sostiene entre la universalización taxonomista y la singularidad discriminante; entre la supresión de síntomas hacia la obtención de logros inmediatos y la elaboración de una historia singular en la aceptación de las limitaciones y potencialidades.

* Fragmento de un artículo publicado en la revista Otra Mirada, de psicoanálisis y cultura, Nº 5, 2006, de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

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