SOCIEDAD › FUE PARA EL PRIMER CENTENARIO Y UN VERDADERO HITO EN LA LUCHA POR LA IGUALDAD DE DERECHOS

El centenario del primer Congreso Femenino Internacional

Lo organizaron las primeras académicas, sindicalistas, profesionales y políticas del país, y recibió delegaciones de otros y adhesiones de muchos más. Este mes se realiza el segundo, en homenaje a estas pioneras que discutieron temas que, en varios casos, siguen siendo cotidianos.

 Por Mariana Carbajal

Académicas, sindicalistas, políticas y profesionales se reunían cien años atrás en Buenos Aires en el I Congreso Femenino Internacional de la República Argentina para debatir el rol de las mujeres. Un siglo después, se acaban de publicar en un libro las actas y las conclusiones de aquellas jornadas, rescatados sus facsímiles de los archivos de la OEA y la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Es un material riquísimo que reafirma que algunas denuncias de entonces todavía siguen vigentes, como la disparidad salarial entre hombres y mujeres, la “esclavitud doméstica” y la complicidad de estamentos gubernamentales en la explotación de la prostitución. Para conmemorar el centenario y hacer un balance de los avances y los retrocesos a lo largo del siglo, entre el 19 y 22 de mayo se hará el II Congreso Feminista. Ya se inscribieron alrededor de un millar de participantes. Como en 1910, no se permitirá la presencia de varones.

Las primeras médicas y educadoras, pioneras y luchadoras por la igualdad de derechos, como Cecilia Grierson, Julieta Lanteri, Elvira Rawson, Alicia Moreau, Petrona Eyle, Sara Justo, Cecilia Muzzilli y Fenia Cherkoff de Repetto, estuvieron entre las organizadoras de aquel I Congreso Femenino. Llevaban ya una década de militancia social y activismo. Feministas de la “Primera Ola”, peleaban por el derecho al voto, la participación política y sindical y una ley de divorcio, entre otras reivindicaciones. De la lectura de las actas surgen algunas curiosidades de época, como la propuesta durante las sesiones de restringir el hábito del “beso y el mate” en tiempos de tuberculosis.

“El I Congreso fue convocado por la Asociación Universitaria Argentina. Pero distó de tener un tinte exclusivamente académico, por el tono de sus debates y la participación también de mujeres no universitarias, ligadas al mundo gremial y político comprometido con el feminismo”, señala María Cillis, ingeniera de profesión, una de las impulsoras de la nueva convocatoria. “No participaron ni las anarquistas ni las comunistas”, apunta Delia Jaitte, psicóloga social y profesora de inglés, también parte la organización del II Congreso. La charla con Página/12 transcurre en el Museo de la Mujer, un centro cultural que fundó y dirige en el pasaje Rivarola 175 la historiadora feminista Graciela Tejero Coni, otro de los motores de la movida. Tejero Coni hace una pintura de la época:

–La primera década del siglo comenzó teñida por las luchas que las mujeres venían protagonizando junto a la incipiente clase obrera, desde enero de 1888, en que las domésticas de Buenos Aires fueron a la huelga contra la imposición de la libreta de conchabo, y en 1889, cuando las modistas de Rosario tomaron igual medida. Muchas fueron las huelgas y manifestaciones que organizaron las mujeres: las obreras del tabaco, en 1896, las costureras, las lavanderas, las alpargateras de La Argentina en 1901, las tabaqueras de La Generosa, La Favorita y Garello y Agrifoglia, en 1904, las obreras de la Compañía General de Fósforos, en 1906, las telefónicas, en 1907, y muchas más. En 1910 se registraron 298 huelgas, todas con significativa participación de las mujeres. También se extendía el movimiento sufragista, que exigía el reconocimiento de ciudadanía y participación política. A comienzos de siglo miles de mujeres se sumaron a la creación de centros femeninos intelectuales y políticos. En 1904, la Asociación de Universitarias Argentinas, con participación de algunas socialistas como Sara Justo; en 1905, el Centro Feminista dirigido por Elvira Rawson de Dellepiane, cuyos propósitos eran “propender a la emancipación intelectual, moral y material de las mujer, cualesquiera sean sus condiciones sociales”; el mismo año se creó la Liga Feminista Nacional de la República Argentina –afiliada a la Alianza Internacional para el Sufragio de las Mujeres de Berlín– y también el Primer Centro Feminista del Libre Pensamiento, cuya principal figura fue la médica Julieta Lanteri.

El rastreo de las actas del I Congreso fue arduo, cuenta Tejero Coni. A poco de terminar, la comisión organizadora publicó en 1910 en la imprenta de Fallica y Escoffier un folleto que tituló “Votos del Congreso”, y que incluía las conclusiones aprobadas. Un año después encargó a la Imprenta A. Ceppi la edición de todos los trabajos y las discusiones de cada jornada. Pero los originales de esos valiosos documentos están guardados, amarillentos, sin microfilmar, en el Tesoro de la Biblioteca Nacional, y no están disponibles para todo el público. Durante un tiempo Tejero Coni fue periódicamente a copiarlos de puño y letra, ya que tampoco se pueden fotocopiar. Hasta que la historiadora feminista española Marysa Navarro le dio la maravillosa noticia de que los había encontrado en Estados Unidos, en las bibliotecas de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Universidad de Harvard. Rescatadas del olvido, aquellas actas pueden leerse ahora en el libro Centenario del Primer Congreso Femenino Internacional, que la organización del II Congreso acaba de publicar, en una edición conmemorativa de casi seiscientas páginas, que se presentó el lunes en la Feria del Libro. La foto que ilustra la tapa del libro también tiene su historia: es del acto inaugural, casi no se distinguen las caras, pero sí se observan sobre sus cabezas grandes sombreros, típicos de la moda de principio de siglo en la metrópoli. Entre las presentes, se distingue Ernestina López, educadora y escritora, rectora fundadora del Liceo Nacional de Señoritas, a cargo del discurso de apertura del evento. “Es el único registro fotográfico del I Congreso. Estaba en un ejemplar de la revista PBT, del 28 de mayo de 1910. Estuvimos dos años y medio buscándolo. Ni la Biblioteca Nacional ni la del Congreso tiene colecciones de PBT. Finalmente lo encontramos en el archivo de la Universidad F.A.S.T.A. de Mar del Plata”, señala Tejero Coni. La Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino pertenece al Opus Dei. “Por supuesto no les dijimos para qué la queríamos”, se ríe la historiadora.

Cecilia Grierson, primera médica del país, fue la presidenta del Congreso. Hubo participantes argentinas y también delegaciones de chilenas, uruguayas, paraguayas y de peruanas. Marie Curie, María Montessori, la condesa de Pardo Bazán y Hellen Kay, fueron miembros honorarios.

Establecer lazos de unión entre todas las mujeres del mundo, y modificar prejuicios, tratando de mejorar la situación social de muchas mujeres, fueron algunos de los objetivos de aquella reunión feminista. Pero para neutralizarla se promovió desde el poder un encuentro paralelo. “El gobierno oligárquico de Figueroa Alcorta ordenó al Consejo Nacional de Mujeres la realización de uno paralelo que denominó ‘Congreso Patriótico y Exposición del Centenario’ y, entre otras cosas, votó no aspirar al derecho de sufragio ‘por reconocer que los derechos cívicos deben ser patrimonio exclusivo del hombre culto y moral’”, rememora Tejero Coni. La disputa política se desplegó en dos planos, el nacional y el democrático, particularmente referido a las mujeres; el primero en relación al verdadero sentido de lo “patriótico” frente a la coerción de un Estado oligárquico dependiente del Imperio Británico y el segundo, en lucha por un “feminismo” liberador frente a un modelo patriarcal de familia, apunta a Página/12. “Medios como el diario La Prensa, vocero de los sectores dominantes del poder, hicieron suya la polémica. Decía que el Congreso paralelo ‘consulta con más acierto las inclinaciones morales y positivas de la civilización moderna’, por ejemplo”, señala la directora del Museo de la Mujer.

–¿Por qué se llamó femenino y no feminista?

–Evidentemente fue algo que se discutió y acordó. Pero durante las sesiones, incluso en la inauguración, se habla de feminismo. De qué feminismo estamos hablando es la pregunta que atraviesa el I Congreso.

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La educadora y escritora Raquel Camaña con un grupo de activistas.
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