SOCIEDAD › EL CASO DE LA PAMPA QUE GENERO EL DEBATE

La muerte de Carla

El debate por el avenimiento se disparó fuertemente a fines del año pasado, a causa del femicidio de Carla Figueroa. La joven, luego de que los jueces del Tribunal de Impugnación Penal (TIP) concedieran el avenimiento y extinguieran, así, la acción penal, comenzó a vivir con su violador, Marcelo Tomaselli (foto), con quien se había casado a fines de octubre, cuando él todavía estaba privado de la libertad. El 10 de diciembre, a una semana de iniciada la convivencia de víctima y victimario, Tomaselli la asesinó a cuchilladas delante del hijo de ambos. Desde entonces, se encuentra detenido mientras se investiga el crimen como “homicidio calificado por el vínculo”; en peritajes recientes alegó no recordar el femicidio por haber sufrido “amnesia lacunar”.

En tanto, el lunes próximo podría haber novedades en el jury que se sigue a al menos uno de los jueces del TIP, Carlos Flores, por haber concedido el avenimiento, en contra de las opiniones del tribunal de primera instancia y del fiscal Alejandro Gilardenghi, quien hasta último momento insistió en que era evidente “la presión ejercida sobre la víctima”. El otro juez, Gustavo Jensen, pidió su jubilación al tiempo que se iniciaba su juicio político; sin embargo, sólo el lunes, cuando el proceso se reinicie, se sabrá si logró sustraerse al jury.

En La Pampa, el femicidio de Figueroa fue un crimen anunciado. La joven, a quien Tomaselli había violado en un descampado amenazándola con un arma blanca en mayo, a sólo semanas de que se separaran, había pedido a la Audiencia de Juicio de General Pico que concedieran el avenimiento al padre de su hijo. El 4 de octubre, el tribunal integrado por Alfredo Alonso, Florentino Rubio y Carlos Federico Pellegrino consideró que la joven no estaba en condiciones de dar un consentimiento libre y pleno, dada la situación de violencia que había atravesado recientemente. Los jueces consideraron especialmente pertinente un informe pericial que advertía acerca del “colapso psicológico” que le había provocado la violación, cuyas secuelas “perduran en el tiempo”.

Además, el fallo subrayaba que al momento de ese primer episodio no existía ninguna relación entre ambos, que “la misma ya había cesado con la separación y de forma tan contundente, conforme surge de la naturaleza del hecho”, es decir, de la violación. Ese mismo tribunal señalaba que el instituto del avenimiento violaba las convenciones de derechos de las mujeres, consagradas con rango constitucional en Argentina.

El 18 de octubre, Tomaselli y Figueroa (cuyo caso se había vuelto público, lo mismo que una entrevista televisiva en la que afirmaba temer al hombre que terminaría asesinándola) apelaron. Diez días después, mientras él seguía preso, se casaron. Entre tanto, el fiscal Alejandro Gilardenghi se oponía al avenimiento porque era evidente “la presión ejercida sobre la víctima”, quien en ningún momento del proceso había contado “con ningún tipo de protección”. Figueroa se encontraba, argumentaba Gilardenghi, “prácticamente desamparada a nivel emocional, sin ningún tipo de resguardo por parte de su círculo familiar o social”. El pedido no era sino una estrategia “defensiva” de Tomaselli.

Semanas después, dos de los tres jueces del TIP, Carlos Flores y Gustavo Jensen, votaron en favor del avenimiento. El tercero, Pablo Balaguer, se pronunció en contra, retomando argumentos de la sentencia de la Audiencia de Juicio. Flores evaluó que la propuesta de Figueroa lucía “real y sincera, libre, sin presiones”, y que la joven parecía desear “que la causa se termine para lograr una adecuada convivencia familiar”. El 2 de diciembre el TIP concedió el pedido y delegó en la Audiencia de Juicio de Pico “la imposición de las reglas de conducta pertinentes y por el término que estime corresponder, a fin de verificar la efectiva convivencia” de Figueroa y Tomaselli, así como “la implementación de controles asistenciales y psicológicos tendientes a evitar la producción de nuevos hechos de violencia de género entre los ahora consortes”.

Tomaselli fue liberado; en la madrugada del sábado 10 de diciembre asesinó a Figueroa a cuchilladas en la habitación que compartían, delante de su hijo de tres años. Los vecinos alertaron a la policía, que al llegar encontró a Figueroa muerta y ensangrentada. Minutos antes, Rosana Muchuit, la madre de Tomaselli, había entrado en la habitación para rescatar al niño. “La vi a Carla, paradita, que me estiraba los brazos mientras él la seguía apuñalando.” Al cabo de unos minutos, Tomaselli “decía ‘ya está, ya la maté’, mientras yo lo insultaba. Me dijo: ‘Vieja, vení, dame un beso’ y le chorreaba sangre por todos lados. Cantaba y decía: ‘Mi corazón está liberado’”.

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Imagen: DyN
 
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