EL PAíS › OPINION

Dos Cámaras que ruedan

 Por Mario Wainfeld

Muchos cargos se levantan (en el Agora, en los medios, en muchos taxis) contra el Congreso, entre ellos el de la pereza de sus integrantes y la falta de trabajo. Tales reproches, todo lo indica, podrán ser refutados durante 2012: habrá muchas sesiones, debates encendidos, se sancionarán numerosas leyes, no todas instadas por el oficialismo. Esta semana, cree este cronista, vale como muestra de lo que vendrá. Ayer, el Senado copó la atención con la aprobación de la ley de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA) y la “media sanción” al traspaso de subtes y líneas de colectivos de la Nación a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A su vez, los diputados derogaron por ley el paleozoico avenimiento que permitía (en verdad fomentaba) el desistimiento de la acción penal contra un abusador sexual si se casaba con su víctima. Y el martes entró nuevamente a la Cámara baja el proyecto de despenalización del aborto, que perdió estado parlamentario en 2011. No es poco y es solo el comienzo.

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Lo central fue el Banco: La reforma del BCRA se seguía tratando al cierre de esta nota (pasada la medianoche del miércoles) con pronóstico firme de aprobación. Fue hasta ese momento el mejor debate y el más relevante. El kirchnerismo cristaliza en norma su tendencia a reformar el esquema de “autonomía” tan caro a la derecha económica y tan remachado en los ’90.

Contra lo que se dijo en estos días (con ecos en el recinto), el ex presidente Néstor Kirchner dio un paso gigante en ese sentido cuando decretó que se podían aplicar reservas de libre disponibilidad al pago de deuda externa. Obró con limitaciones, contemplando la coyuntura, pero echó mano a las reservas para mantener gordita la “caja” en pesos y aplicarla a su política económica. Con ulterioridad, el activismo K fue reversionando –en los hechos o con decretos– el paradigma preestablecido en aras de un mayor control político del BCRA. La llegada de Mercedes Marcó del Pont al Central, ya durante el primer mandato presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, fue otra movida con igual norte. Los Fondos del Bicentenario y de Desendeudamiento, también destinados a saldar deuda externa con divisas, otro tanto.

Se cambia el modelo del Banco Central, se amplían sus funciones. Es una audacia conceptual y un riesgo. La implementación del nuevo sistema insumirá su tiempo, sus resultados no serán tangibles de inmediato. Entre otros desafíos contingentes, está el de la floja situación de la mayoría de los bancos provinciales que deberá ser atendida. La existencia de recursos para honrar vencimientos de deuda en este año y para ampliar las transferencias al Tesoro Nacional sí obrará efecto veloz y pondrá a prueba la pericia de las autoridades económicas y las del Central. El cambio es consistente con los criterios que sostuvo el kirchnerismo en casi nueve años, se consolida institucionalmente. Y claro, genera desafíos de gestión.

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El subte y el bondi de la victoria: El debate sobre el traspaso de los medios de transporte se realizó en un escenario peculiar, ya que el PRO del jefe de Gobierno Mauricio Macri no cuenta con ningún senador. Una mayoría muy amplia con aporte opositor (55 senadores a favor, ocho en contra, una abstención) sugeriría a un espectador inadvertido una discusión apagada, con pocas aristas. No lo fue porque los opositores no se resignaron a acompañar la propuesta del Ejecutivo mansamente. Ni se aplicaron demasiado a fustigar con minucia a Macri. Optaron por envolver su aval general (que se hizo menos masivo en la discusión en particular de una ley muy escueta, con solo tres artículos de fondo) con reproches vastos y tonantes contra el gobierno nacional. Para fundar sus votos, mayormente positivos, aludieron a cuestiones conexas (a veces no tanto): el sistema de transportes allende la General Paz, la política de subsidios, la estructura ferroviaria, la tragedia de Once, denuncias contra el ministro Julio De Vido. El oficialismo recogió todos esos guantes, agregó ítems propios, que llegaron hasta la recuperación de Malvinas o la influencia del CEO de un multimedios.

Por añadidura, todos los senadores de provincias (sin distinción de banderías) quisieron formular cuestionamientos al histórico centralismo porteño. Acudieron, al efecto, a disquisiciones sugestivas interesantes aunque algo excéntricas al tópico a tratar. El cronista no recuerda una sesión con tantas y tamañas digresiones... y lleva vistas unas cuantas. La nómina podría ser muy larga, el cronista elige un puñado. El peronista federal Adolfo Rodríguez Saá arrancó su exposición leyendo y desmenuzando el Pacto de San José de Flores, del siglo XIX. Su interpretación suscitó réplicas interesantes aunque igualmente distantes de la coyuntura. El presidente del bloque del FpV, Miguel Pichetto, evocó con nostalgia elogiosa la frustrada propuesta del ex presidente Raúl Alfonsín de mudar la Capital a Viedma mientras fumigaba la Constitución del ’94. Hubo respuesta de Ernesto Sanz defendiéndola a capa y espada, en nombre del peronismo y del radicalismo. El ex Cívico (ahora monobloquista) porteño Samuel Cabanchik exhumó el recuerdo del intelectual Ezequiel Martínez Estrada y su libro La cabeza de Goliat. Un colega refrendó la cita y la completó con una reverencia a la Radiografía de la Pampa.

Sobre el tema central casi todos convinieron que el acta acuerdo entre Nación y CABA establece un compromiso ya firme que Macri quiere burlar y se votó en consecuencia. El proyecto pasará a Diputados, donde cabe esperar un tratamiento más concentrado en la norma misma y aún más fragoroso, entre otros motivos, por la existencia de un bloque PRO. Federico Pinedo, su primera espada, deberá aguzar su oratoria para explicar que un acuerdo sencillo, con principio de ejecución, no dice lo que dice ni está vigente. El conflicto entre Nación y CABA, tal vez no encuentre allí su final, porque también se sustanciará en otros ámbitos: la Legislatura porteña y los Tribunales. El final queda abierto, aunque la goleada de ayer le da un aventón al oficialismo.

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Números y horizontes: La aritmética parlamentaria favorece al oficialismo que va haciendo leyes su agenda sustancial. Carga entonces con el deber de fomentar la institucionalización y deberá archivar el sambenito de “los palos en la rueda”, al menos puertas adentro del Congreso.

Más allá de su debilidad numérica, la oposición se valdrá de la gimnasia cotidiana para fustigar al oficialismo. Mechar algunos epigramas contra el kirchnerismo que, bien editados para radio y tevé, darán insumos a la prensa opositora. Según se vio especialmente en la discusión sobre subtes y bondis, los principales ejes de las catilinarias versan sobre ítems de agenda enojosos o adversos para el oficialismo surgidos (o rebrotados) en el tercer mandato presidencial del kirchnerismo. El castigo electoral sigue impactando: se percibió en divergencias intestinas en lo discursivo y aún a la hora de votar. Por ejemplo, el interbloque del Frente Amplio Progresista se dividió respecto del traspaso: hubo votos en contra versus una abstención del socialista santafesino Rubén Giustiniani.

Entrarán al Congreso proyectos nacidos de la sociedad civil no promovidos por el oficialismo y sostenidos por legisladores de variadas pertenencias. El de avenimiento ya es ley, el de despenalización del aborto será una de las polémicas relevantes de un año a todo vapor.

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