SOCIEDAD › UN REMISERO BALEó AL ENCARGADO DE UN EDIFICIO PORQUE SU HIJO DAñó SU VEHíCULO

Lo mató por un bollo en el auto

El sábado por la tarde, el hijo de 11 años del encargado de un monoblock de Villa Centenario abolló el techo del remise de un vecino. El chofer discutió con el padre al día siguiente y lo mató de cinco tiros. Lo detuvieron cuando fugaba.

 Por Horacio Cecchi

La sumatoria de un arma, un automóvil valuado más que la propia vida (o la ajena) y el vértigo irracional que imprime la violencia terminaron en otra muerte. En esta ocasión, las balas (cinco, una en la nuca y cuatro en la espalda) no fueron disparadas bajo la justificación de la inseguridad, pero tranquilamente se podría suponer que lo fueron en su caldo de cultivo. Un remisero mató al encargado de un edificio, en Villa Centenario, el domingo a la tarde, después de que un chico de 11 años, hijo del baleado, le abollara el techo y el capot de su remise, un Peugeot 296, al saltar sobre el vehículo como una travesura, un día antes. El dueño del auto fue detenido el domingo por la noche, cuando escapaba en tren con un bolsito.

Al sinsentido de la reacción violenta se sumó, en esta ocasión, el delicado hilo que se fue tramando. Aníbal Oscar Rocha, de 46, era el encargado de uno de los monoblocks, el 3, ubicados sobre Prensa Argentina al 1900, esto es, a dos cuadras de Martín Rodríguez y Camino Negro, en plena Villa Centenario. El sábado por la tarde, uno de sus hijos, un chico de 11 años, jugaba con un amiguito y como travesura saltaron sobre el techo y el capot del Peugeot. Una vecina de la torre de al lado, la 2, vio lo que pasaba y fue con el cuento a Carlos Alberto Rodríguez, de 59 años, que usaba el auto de su pareja como remise.

El remisero, indignado, fue a la casa del encargado a buscar al hijo. Allí encontró al mayor de Rocha, de 16 años. La composición facilista ya estaba hecha socialmente: los adolescentes son violentos y no se interesan en los bienes ajenos. El hombre creyó que había sido el joven. “¿Vos sos el hijo?”, contó el pibe que le había preguntado el remisero cuando tocó el timbre de la casa de Rocha en el edificio 3. “Le dije que sí –recordó el joven a los medios–. Mis papás no estaban.” “¿Vos me saltaste arriba del auto?”, le preguntó el remisero, subrayado con intensidad el “me” apropiativo y el auto como una extensión de sí mismo. El pibe intentó convencerlo de que no había hecho nada, “pero me agarró del cuello hasta que salió la administradora de la Torre 2”. Entonces, lo soltó.

Por la noche del sábado, el encargado volvió a su casa y en ese momento su hijo mayor le contó lo ocurrido. Más tarde, el mismo Rodríguez volvió a tocar el timbre, pero los padres del joven habían vuelto a salir.

El domingo, finalmente, alrededor de las cinco y media de la tarde, el remisero volvió a la carga y encontró a Rocha. El encargado salió entonces a recriminarle el trato que le había dado a su hijo mayor y por haber acusado a su hijo menor sin que hubiera hecho nada.

La versión de la discusión posterior fue relatada por fuentes policiales, que se aproximaron curiosa y peligrosamente a la justificación. Según la agencia Télam, esas fuentes describieron la situación así: “Para él (Rodríguez) era muy importante (el auto) porque al estar desempleado y en trámite por su jubilación, lo usaba para trabajar ocasionalmente como remisero”. La mentada importancia pareció alcanzar, en el relato policial, a Rodríguez para sacar el arma y apuntar a Rocha. “Tirame, tirame, dale, tirame”, continuó el relato en el que Rocha pasó a ser el “desafiante”. Y Rodríguez le disparó.

“Fue tomando valor y se le saltó la térmica –explicó a la agencia un jefe policial que supuestamente participa en la investigación–. Lo mató de cinco tiros.” Poniendo blanco sobre negro, atendiendo la curiosa imparcialidad del relato policial, “la térmica” no se le saltó sino que se le fue cargando durante un día.

De guiarse por la autopsia que supuestamente indica cuatro tiros en la espalda y uno en la nuca, la carga no fue “de valor” sino de pura e innecesaria violencia.

Después de las diez de la noche del domingo, es decir, al menos cinco horas después de lo de la térmica y un día y medio después del bollo sobre el techo, al remisero lo detuvieron en la estación de tren de Avellaneda, con un bolsito y sin el arma, que supuestamente arrojó a una alcantarilla.

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El encargado del edificio murió de cinco tiros, uno en la nuca y cuatro en la espalda.
 
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